Durante dos semanas, Néstor Assaf fue un tucumano más. Uno de los docentes de danza más reconocidos del país se sumergió en el mundo de la Escuela Superior de Enseñanza Artística (ESEA) para capacitar a su ballet juvenil en el próximo estreno: el “Cascanueces”, con música de Piotr Ilich Tchaikovski y coreografía original de Lev Ivánov.
El vínculo con la institución no es nuevo, ya que el año pasado asesoró en el montaje de un fragmento de “Giselle”, en el paso de lo que se enseña en un aula a lo que se ve en función, que es una de las premisas que mueve su propuesta educativa.
Septiembre Musical: Tucumán se prepara para un mes de música, danza y grandes espectáculos“Lo que me caracteriza y con lo que puedo tener logros, es tener una buena conexión entre lo que sucede en el salón de clase y lo que pasa en el escenario. Conozco a muchos maestros que dan clases son muy buenas, pero entre cuatro paredes, sin vincularse con las obras en representación. Yo me dedico especialmente a estudiar qué está haciendo el bailarín, qué obra está bailando, qué repertorio tiene para tratar que la clase sea un trampolín y no sea lineal, donde en mi universo propio tiene una lógica y una perfección encapsuladas y sin puente con lo que está sucediendo en la realidad”, le dice a LA GACETA.
- ¿Qué implica dar clases a las nuevas generaciones?
- Siempre es un desafío, porque todo el tiempo estamos viendo que hay cambios culturales en la sociedad, donde la forma de comportarse en la vida diaria y en el salón de clases van mutando. Uno se debe adaptar, ya que se viene de la vieja escuela. Mantener los valores íntegros del arte clásico, que es a lo que me dedico, necesita ser reinventado de la mejor y más auténtica manera posible.
- ¿Con qué nivel se encontró en esta nueva visita?
- Ya estuve varias veces en la ciudad trabajando con el ballet juvenil de la ESEA y otros estudios de danza. Me encontré con un ballet que ya tiene cierta experiencia y con una evolución comparado con la última visita. Los alumnos de la ESEA están teniendo una práctica escénica frecuente y clases orientadas en un método que comparto su efectividad; lograron un mayor nivel y están muy entrenadas psicológicamente para resistir las presiones que significan bailar en escenario; han tenido muchas funciones durante el año y eso hace una diferencia ante estudiantes de escuela. Tienen una aplicación de su arte, de su enseñanza en un teatro. En particular, quiero agradecer a la directora del Ballet de la escuela, Jessica Sir, que fue quien me convocó para esta tarea tan gratificante, así como al director de nivel superior Carlos Bulacio, y al director de la ESEA, Gabriel Argaña, como también al Ministerio de Educación.
- De hecho, ahora están preparando el “Cascanueces”.
- Es la próxima obra que la ESEA va a representar, es una obra clásica y mi trabajo fue montar las coreografías de dos números conjuntos muy importantes. Hay solistas también, pero interviene la mayor cantidad de gente posible y demanda un gran nivel técnico y musical. Son los principales del cuerpo de baile: el Vals de las Flores y Los Copos de Nieve. Son emblemáticos del “Cascanueces” y de los más difíciles.
Una fiesta de la danza infanto juvenil en el teatro Alberdi- Tucumán tiene una larga historia con las danzas, ¿cómo está vista a nivel nacional?
- A Tucumán la conozco de cuando era bailarín. Cuando ingresé a la compañía del teatro Colón, el primer año de trabajo, hubo una gira y llegamos acá. La provincia es conocida aparte por sus distintas personalidades como Mercedes Sosa, por el pasado con la Casa Histórica, por su música y su comercio. La imagen estando muy lejos, es que es el lugar donde se produce azúcar, cítricos y donde marcó el inicio de nuestra patria. En cuanto a su danza, es muy interesante e importante porque es una de las pocas provincias que tiene un Ballet Estable oficial con una trayectoria que perduró décadas. Junto con el teatro Colón, el teatro Argentino de La Plata y el teatro de Bahía Blanca, Tucumán tiene su compañía con el apoyo del Gobierno. Esto es importantísimo para mantener un legado, una tradición, una continuidad, una representatividad. Es un baluarte muy importante, al menos en el arte lírico y en la danza contemporánea, aunque lo popular y lo folclórico también tiene muchas raíces. Es importante la existencia de planes de estudio universitarios ligados a la danza.
- ¿Qué le falta a los bailarines locales para dar un salto determinante?
- El empuje que necesita la danza aquí es el mismo que necesita en todo el país: mayor reconocimiento, políticas aplicadas a la cultura y a la educación, más inversión en cultura y en el arte. El país está pasando por situaciones económicas difíciles, pero la inversión en cultura está faltando. Todo viene de ahí, de un mayor apoyo a las políticas de enseñanza y sobre todo de representación de espectáculos. Ahora no se están haciendo grandes producciones que necesitan de un elenco numeroso, con participación de muchos bailarines. Lass obras son de elencos reducidos por cuestiones presupuestarias. Tengo entendido que el Ballet Estable de la Provincia tenía una plantilla más grande, pero que hoy hay menos bailarines. Eso repercute porque no hay demasiados puestos de trabajo para los bailarines a nivel provincial, nacional y mundial, no es una situación sólo de acá. Eso afecta la profesionalización, que es lo que hace falta. Más dinero permite producir más grande, y que pueda participar no solamente el ballet sino mucha más gente que se quiera acercar a ser profesional. A nivel académico, hay una brecha de lo que es el estudio de la escuela y la profesionalización. Un ideal sería que todos los bailarines puedan llegar a ser profesionales, siempre que esté la vocación.
Danza-teatro: una celebración ritual para un mundo mejor- Trabajó en lo clásico en el teatro Colón y en lo contemporáneo en el San Martín. Por ello, ¿qué aporta cada género y cómo lo aplica en el Ballet Argentino de La Plata?
- Mi misión principal es la enseñanza del ballet clásico y tanto este como el contemporáneo se sirven de esas herramientas. Una clase de ballet se prepara no solamente para el clásico, sino para otras disciplinas de la danza. El contemporáneo necesita sí o sí de lo clásico, porque es una rama de esa danza madre y se nutre de ella. Al trabajar con compañías contemporáneas, necesito y debo implementar la corrección de los movimientos; es un entrenamiento artístico que cubra las necesidades del contemporáneo. El bailarín clásico ya está más establecido, es como que no tiene que diverger su aprendizaje. Con la globalización y la mezcla de estilos, las compañías clásicas están haciendo mucho trabajo contemporáneo, por lo que todo está bastante ligado y muy conectado, parece que no hay tanta diferencia, porque los bailarines clásicos necesitan un trabajo contemporáneo y los contemporáneos necesitan lo clásico, la base técnica que les va a permitir tener más libertad, más recursos físicos, estilísticos y artísticos. No están tan separados y uno como maestro debe percibir las necesidades del bailarín, contemplando el momento del año, la hora del día, la programación anual, la obra que se esté representando en ese momento, su estado, si están más cansados, si hay alguno lesionado, si están descansados, si vuelven de vacaciones... Son tantos factores que la enseñanza o el entrenamiento que se debe ofrecer tiene que ser totalmente flexible, versátil, adaptable y consciente. Yo puedo llegar a la clase con una idea, pero tengo que observar muy bien lo que necesita el bailarín, no solamente entrenarlo y que esté preparado físicamente, sino que siga evolucionando. Cuando esté en una compañía necesita su instrumento, que es el cuerpo, afinado: no puede quedarse estancado y no seguir progresando o evolucionando.
La danza: ¿medicina para la depresión?- Un docente debe cuidar a sus alumnos, no sólo exigirles...
- Hay que cuidar mucho a los bailarines, fui bailarín y sé que terminás muy cansado porque son horas y horas de trabajo: el maestro pide un ideal y es muy bueno que lo pida, pero quizás no sea el momento adecuado. Entonces tiene que ser flexible a las necesidades. Si ve que el bailarín está exhausto, no hay que cansarlo más porque el resultado final es representar la obra. Habrá que bajar un poco la intensidad, pero siempre manteniendo un estándar básico, nunca menos.
- Por estos días hay un reclamo por la sanción de una Ley Nacional de la Danza y la creación de un instituto propio, ¿comparte esa lucha? ¿Cuál es el estado de la danza clásica argentina actual?
- Comparto totalmente la implementación de una Ley Nacional de Danza, hace años que se la está trabajando e impulsando y es una de las cosas que políticamente deberían impulsarse. Organizaría mucho y cuidaría los derechos de los bailarines, que son trabajadores. Si uno trabaja en el Ballet de una provincia, de una municipalidad o de la Nación, se está sujetos a leyes laborales que muchas veces no tienen en cuenta los derechos de los bailarines, lo que podría solucionarse con una ley federal. Muchas compañías no están reguladas por una ley; entonces los directores o los funcionarios no tienen normas claras como para aplicar a los bailarines y estos se perjudican. Hay carencias, no cobran lo que necesitan, no tienen vacaciones, no tienen fines de semana libres. Y la organización también a nivel académico cambiaría y funcionaría mejor. Regularía los nexos entre las estudiantes y las profesiones, acompañaría legalmente el camino desde la formación hasta la profesionalidad. Entonces es crucial, sería totalmente beneficioso para todos.
Danza: una “Fe” sin esperanzas, que vive en la fuerza del presenteEl método Vaganova: una propuesta vigente
Assaf es uno de los expertos del método de enseñanza Vaganova, creado por Agripina Vaganova en Rusia en la época previa a la revolución de 1917. Su expansión mundial se dio a partir de ese momento, cuando muchos maestros emigraron y se desperdigaron por las principales compañías de danza (como George Balanchine en el American Ballet Theatre, seguido por Mijaíl Barýshnikov y Serge Lifar). El argentino se formó con Irina Kolpakova, la única discípula directa de Vaganova que aún vive. “Este método está muy vigente porque fue pensado teniendo en cuenta las posibilidades globales que tiene un bailarín y está ligado totalmente al repertorio clásico universal. Se diseña para ser implementado en el escenario. Tiene una buena base y facilita que todas las danzas se puedan nutrir del estilo básico y aplicarlo, lo que permite su adaptabilidad a cualquier estilo. Está más vigente que nunca, aunque siempre hay cuestiones de fronteras y de políticas, pero es una fuente directa que nos une al repertorio legendario y universal. Las mayores compañías del mundo tienen maestros que se formaron en el método Vaganova, está todo interconectado pero es indudable la originalidad del estilo clásico que viene desde esta escuela”, explica.
Perfil: formación internacional
Néstor Assaf inició su carrera de bailarín en el teatro Argentino de La Plata. En 1992 accede por concurso abierto e internacional al Ballet Estable del teatro Colón de Buenos Aires y comienza su formación en la enseñanza con estudios de metodología certificados por la Academia Bolshoi de Ballet de Moscú. Se perfeccionó en repertorio clásico y técnica con los maestros de la Academia Vaganova de San Petersburgo Ludmila Safronova, Elena Sherstneva, Irina Kolpakova, Vladilen Semenov y Cyril Atanasoff de la Ópera de París. Fue maestro en el Instituto Superior de Arte del teatro Colón de Buenos Aires y en el Ballet Contemporáneo del teatro San Martín.y actualmente enseña en el Ballet Argentino de La Plata. Es invitado frecuentemente como docente, ensayista y repositor por las compañías Ballet Municipal de Río de Janeiro; Ballet Nacional Sodre de Montevideo, Uruguay; Ballet Clásico y Moderno de Asunción, Paraguay; teatro Argentino de la ciudad de La Plata; teatro del Libertador San Martín de Córdoba y Ballet Contemporáneo del teatro San Martín de Buenos Aires, entre otras.
PUNTO DE VISTA
Cuando una corrección se convierte en arte
Jéssica Sir
Directora del ballet juvenil de la ESEA
Si hablamos de tener un privilegio, hablamos de recibir clases de Néstor Assaf. Su preparación en el método Vaganova le otorgó un conocimiento tan profundo que cada indicación suya tiene el poder de transformar el ejercicio y hacerlo aparecer con naturalidad. Sus correcciones no son simples ajustes: cada una es una auténtica lección de método, musicalidad y estilo.
Formado por diversos maestros rusos, Néstor convierte cada indicación en una lección de técnica, musicalidad y estilo, por lo que lo recibimos con mucha alegría en el marco del Proyecto Cascanueces del Ballet Juvenil de la ESEA y con el apoyo de toda la comunidad educativa de la escuela -familias, estudiantes y docentes- comprometidos con este arte, que en cada función logra crecer y consolidarse cada vez más.
Esto es posible porque se encuentra con bailarinas a la altura: preparados para estar en escena, con conocimiento consciente de la técnica, con cuerpos dúctiles que responden rápidamente a las indicaciones de quien los dirige.
Nuestra formación es reconocida y nuestros estudiantes están siendo permanentemente seleccionados para participar en diferentes instituciones dancísticas. Como institución, nos reconforta enormemente y nos confirma que estamos haciendo bien las cosas y que vamos por buen camino.