La victoria de Atlético Tucumán sobre Central Córdoba en Santiago del Estero no se explica únicamente por la contundencia de su goleador, sino por la lectura que el equipo realizó de los tiempos y la capacidad de cambiar la postura en pleno trámite de partido. En el estreno de un entrenador “lírico” como Sebastián Domínguez en el “Ferroviario”, el “Decano” de Julio César Falcioni le dio una lección de pragmatismo: supo estar firme cuando el partido pedía orden y apretó el acelerador cuando detectó las grietas del contrincante.

Posesión inofensiva de Central Córdoba

El arranque del encuentro contrapuso dos dibujos bien marcados: el 4-1-4-1 del “Emperador” frente al 4-2-3-1 propuesto por Domínguez. Durante los primeros 45 minutos, Atlético priorizó la protección de su propio arco. Decidió pararse en un bloque medio-bajo, achicar espacios hacia adentro y cederle la iniciativa al local.

Atlético Tucumán le ganó a Central Córdoba porque Falcioni nunca se conformó con el empate

Las estadísticas del primer tiempo reflejaron esa tenencia inclinada para Central Córdoba, pero se trató de una tenencia decididamente inocua.

Frente a un Atlético ordenado y compacto en sus líneas, el dueño de casa no supo qué hacer con la pelota. Sin pases entre líneas ni profundidad por las bandas, el trámite se volvió espeso, previsible y desprovisto por completo de situaciones claras de gol. En esa etapa inicial, Ignacio Galván y Maximiliano Villa actuaron casi como tapones defensivos, con escasa proyección hacia el terreno enemigo para no desproteger las espaldas de la línea media.

La metamorfosis "decana" en el complemento

El verdadero quiebre táctico se produjo durante el descanso. Al constatar que el planteo de Central Córdoba carecía de punch y no generaba riesgo real sobre el arco de Luis Ingolotti, Falcioni adelantó la estructura unos 15 metros.

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De esa manera, Atlético salió al segundo tiempo con una actitud marcadamente más agresiva, decidido a disputar la pelota en campo contrario.

Con esa variación, el equipo encontró la fluidez que le había faltado en el debut. Lautaro Godoy y Franco Nicola asumieron el protagonismo en la circulación, conectando pases cortos y dándole dinamismo a la transición ofensiva. Al mismo tiempo, la liberación de los laterales fue determinante: tanto Galván por izquierda como Villa por derecha abandonaron la actitud rígida del período inicial y se sumaron con criterio al circuito de ataque.

El factor “Triple R”

El reajuste de funciones de Ramiro Ruiz Rodríguez terminó de desequilibrar la balanza. Titular desde el arranque pero abocado mayoritariamente a tareas de marca en la zona central durante la primera mitad, el atacante cambió radicalmente su peso en el complemento. Al soltarse del compromiso puramente defensivo y adelantarse varios metros para acoplarse a Leandro Díaz (armando por momentos un doble nueve muy dinámico), le aportó al “Decano” una agresividad que desarmó el fondo de Central Córdoba. Esa dupla fijó a los centrales locales y abrió pasillos para la llegada de la segunda línea.

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En una de sus apariciones profundas, “Triple R” atacó el espacio y le sirvió el primer gol a Díaz. Con la ventaja, Atlético manejó los tiempos sin sufrir sofocones y liquidó la historia con otro golazo del “Loco”.

Atlético demostró en Santiago del Estero que comienza a sentirse cómodo con el libreto de Falcioni. Supo ser un equipo de respuesta y contención en la primera mitad, y un conjunto de propuesta y pegada en la segunda; así logró tres puntos valiosísimos, que le permitieron tomar aire en en la tabla anual y en la de promedios y superar al elenco santiagueño. Además, el equipo quedó tercero y está en zona de clasificación. Las victorias atraen victorias.