Durante décadas, Gustavo Scrocchi recorrió montes, quebradas, selvas y esteros detrás de serpientes, lagartos y anfibios. Pero quienes lo conocieron sostienen que su mayor legado no quedó únicamente en las especies que estudió o describió, sino en las generaciones de científicos que ayudó a formar. El investigador del Conicet y de la Fundación Miguel Lillo falleció el sábado 26 de julio y dejó una huella profunda en la herpetología argentina y latinoamericana.

Las muestras de pesar se multiplicaron en las últimas horas, y todas coincidieron en describirlo como un investigador excepcional, un docente generoso y un referente cuya influencia trascendió la producción científica para convertirse en una escuela de formación de nuevos especialistas.

Toda su carrera estuvo ligada al Conicet NOA y a la Fundación Miguel Lillo, institución a la que ingresó en 1976. Allí desarrolló una trayectoria de cinco décadas como investigador, docente y director de Zoología, además de integrar el histórico grupo de herpetología impulsado por Raymond Laurent junto con Esteban Lavilla. Ese equipo consolidó una de las colecciones herpetológicas más importantes del continente, hoy referencia para investigadores de toda la región.

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Scrocchi dedicó gran parte de su vida al estudio de los anfibios y reptiles neotropicales, especialmente las serpientes. Sus investigaciones abarcaron la taxonomía, la sistemática, la morfología, la ecología y la distribución de numerosas especies sudamericanas. Describió nuevas especies de reptiles, publicó decenas de trabajos científicos y participó en obras de referencia para la disciplina, entre ellas “Serpientes del noroeste argentino” y “Las lagartijas de la familia Liolaemidae”.

Trascendente

Su trabajo también contribuyó a fortalecer la investigación científica en América Latina. Mantuvo colaboraciones con especialistas de distintos países, impulsó proyectos regionales y participó activamente en la formación de recursos humanos, dirigiendo tesis de licenciatura, doctorado y posdoctorado, además de acompañar a becarios e investigadores del Conicet. Para muchos de ellos fue el maestro que despertó una vocación científica.

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La Asociación Herpetológica Argentina recordó que fue uno de sus principales impulsores desde los inicios de la entidad. Presidió la institución entre 1993 y 2001, integró distintas comisiones directivas, colaboró con la consolidación de la revista “Cuadernos de Herpetología” y en 2020 fue distinguido como socio vitalicio.

A través de un comunicado, la Unidad Ejecutora Lillo destacó además su permanente compromiso con las colecciones científicas y su disposición para compartir conocimientos con estudiantes, becarios y colegas. “Sus investigaciones, las experiencias compartidas y el impacto de su trabajo en diversas generaciones dejan una huella imborrable”, señalaron al despedirlo.

Quienes trabajaron junto a él lo recuerdan como un científico brillante, pero también como una persona de trato sencillo, generosa con su tiempo, de buen humor y profundamente comprometida con la ciencia y la educación pública. Alejandro Giraudo, uno de sus discípulos y colegas, resumió ese legado al afirmar que su obra perdura “en cada ejemplar identificado, en cada estudiante formado y en cada página escrita de su prolífica vida”.

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Con la muerte de Gustavo Scrocchi desaparece uno de los nombres fundamentales de la zoología argentina. No obstante, el conocimiento que construyó durante medio siglo y las generaciones de investigadores que ayudó a formar aseguran que su legado seguirá vivo en la ciencia latinoamericana.