Hace poco más de un mes, el sueño corporativo de una inteligencia artificial todopoderosa se topó con una realidad incómoda: el costo. El consumo descontrolado de herramientas basadas en esta tecnología disparó alarmas financieras en empresas de primer nivel. Los culpables eran los tokens, fragmentos de texto que procesan los modelos y que se facturan por uso. Son la moneda de cambio de la IA.
Lo que comenzó como ostentatoria "tokenmaxxing", una carrera por consumir más tokens como símbolo de prestigio tecnológico, terminó en sobrecostos insostenibles. El caso paradigmático fue Uber, que agotó su presupuesto anual de IA en apenas cuatro meses, viéndose obligada a imponer un límite estricto de $1.500 dólares mensuales por empleado.
Pero toda crisis abre oportunidades, dicen los gurúes. En menos de dos semanas, China lanzó una ofensiva con modelos de IA que prometían exactamente lo que el mercado demandaba. Ofrecían poder de procesamiento a bajo costo.
Inteligencia artificial y Fórmula 1: por qué los pilotos sienten que pierden el controlEl lanzamiento de Kimi 3, un modelo de código abierto desarrollado por Moonshot AI con respaldo de gigantes como Alibaba y Tencent, sacudió a la industria. Con aproximadamente 2,7 a 2,8 mil millones de parámetros, igualó el desempeño de modelos occidentales de vanguardia como los de OpenAI o Anthropic. Su fortaleza residía en las capacidades superiores en programación, ingeniería de interfaces y razonamiento complejo, con mínima supervisión humana.
El impacto fue inmediato. Las acciones estadounidenses cayeron tras el anuncio, y gigantes como Nvidia y Micron Technology sufrieron pérdidas del 10% en una semana. Todo sucedía bajo el recuerdo amargo de DeepSeek, el modelo chino lanzado a principios de 2025 que se jactó de haber alcanzado resultados comparables a ChatGPT con una inversión de apenas $6 millones, frente a los $100 millones de OpenAI.
El diferencial chino radica en apostar por modelos de código abierto. Estos sistemas ponen su arquitectura y código disponibles para que cualquiera los modifique, distribuya y reutilice libremente. El resultado además es reducción de costos, rendimiento competitivo y accesibilidad sin precedentes. Gigantes como Alibaba (Qwen), Baidu (Ernie), ByteDance (Doubao), Tencent y Huawei lanzaron modelos abiertos respaldados estratégicamente por el gobierno de Xi Jinping. Como señaló el líder chino recientemente: “El desarrollo de la IA no debe ser actuación individual de un solo país sino una sinfonía de colaboración global", un posicionamiento directo contra la presión occidental sobre el código abierto. Para China, la IA es un eje estratégico de competencia e influencia global.
Cómo impactó la tecnología en el primer Mundial de la inteligencia artificialPero las acusaciones van y vienen en una especie de Guerra Fría de algoritmos. Anthropic y otros líderes estadounidenses denunciaron extracción ilegal de datos y el Secretario del Tesoro Scott Bessent tomó cartas en el asunto con amenazas de sanciones a China. Sin embargo, Estados Unidos ya había escalado restricciones comerciales para impedir que el país asiático accediera a microprocesadores de vanguardia esenciales para entrenar sus modelos de IA.
Kimi 3 ya se puede probar en Argentina, aunque su versión gratuita está mostrando limitaciones por estos días por el excesivo consumo que están teniendo sus servidores. Su plan más económico cuesta 15 dólares (cinco menos que los planes de Google, OpenAI o Anthropic), pero la diferencia reside en la utilización de su API, es decir, de su infraestructura para aplicarla al desarrollo de aplicaciones o plataformas. Allí está su poder de seducción porque podría bajar considerablemente los gastos de tokens.
IBM se desploma en Wall Street: sufrió su peor caída bursátil en casi 40 años por el avance de la inteligencia artificialEn la era de la IA, cambiar de proveedor no es un trauma como lo era en otros tiempos. Las empresas o los programadores solo deben elegir con qué modelo quieren trabajar y en un par de clics ya están aprovechando las ventajas de un nuevo servicio, sea nortemericano o chino. Así funciona el nuevo capitalismo de algoritmos, sin claros vencedores ni vencidos, y a un ritmo vertiginoso en el que ni las fronteras, ni las ideologías parecieran ser escollos para ganar una batalla que recién comienza.