El que paga el asado elige la música. El dicho popular sirve de puntapié para analizar una de las estrategias de La Libertad Avanza a nivel nacional. Es la que esboza el sector pragmático del círculo que toma las decisiones desde la Casa Rosada. Ese pensamiento “caputista” se inclina por la teoría de que el mejor gobernador aliado es aquel al que se le pisa la manguera de los fondos y, encima, se le deja la cuenta de los platos rotos. De ahí la pregunta que se esboza en el título de esta columna.

La historia de la política argentina, esa que se escribió con tinta de caudillos y prepotencia territorial, siempre repitió el mismo dogma: sin territorio no hay poder. Para subsistir, un presidente necesitaba intendentes que junten los votos, gobernadores que planten bandera y una estructura federal que discipline el Congreso. Javier Milei llegó para demostrar que ese manual no solo está viejo, sino que -para sus objetivos- es un gasto innecesario.

Milei reunirá a los legisladores de La Libertad Avanza en la Casa Rosada para definir la estrategia parlamentaria

Hoy, La Libertad Avanza gobierna el país con un mapa federal que registra una marca inusual: cero gobernadores propios. En el esquema clásico, esto sería debilidad extrema. En el diseño libertario, es un activo contable y un escudo político perfecto. La sintonía fina con los gobernadores dialoguistas -desde los peronistas como Osvaldo Jaldo hasta los radicales y los hombres del PRO- es real, pero funciona bajo la lógica del rehén en casi todos los casos. Al no tener mandatarios de su propio riñón a los cuales sostener por disciplina partidaria, Milei se sacó de encima el peso de la solidaridad política.

Cuando el ministro de Economía -el “otro” Caputo- decide meter la tijera a las transferencias discrecionales, congelar la obra pública o recortar fondos clave, no tiene que sufrir el costo de la “tropa propia” que va a llorar al despacho presidencial. Si las rutas se rompen, si los hospitales se quedan sin insumos o si las paritarias docentes estallan en el interior, la factura social no llega a Balcarce 50. Se queda en las mesas de entradas de las gobernaciones locales. El gobernador pone la cara y paga el costo en su territorio; el Presidente capitaliza el superávit en las encuestas nacionales. Es la tercerización perfecta del ajuste. ¿Para qué comprar el caballo si te lo prestan gratis?

La estrategia de un sector del poder central de cara al armado electoral, entonces, no busca coronar sucesores en las provincias, sino engrosar las bancas en el Congreso. Milei no necesita delegados en los sillones provinciales; necesita que los que ya están ahí voten lo que él manda. Y para lograr eso, descubrió que la escasez es mucho más efectiva que la billetera gorda. En lugar del viejo “toma y daca” del kirchnerismo o el macrismo (dar fondos para recibir apoyo), el oficialismo aplica el federalismo de la soga: quita para forzar la rendición.

Milei suspende su viaje a la cumbre del Mercosur para enfocarse en la reorganización de su gobierno

¿Para qué querría la Casa Rosada ganar una gobernación si eso la obligaría a romper el dogma sagrado del “no hay plata” para financiar la gestión de su propio dirigente? Un gobernador de LLA sería un cliente demandando recursos; un gobernador ajeno, asfixiado y necesitado de un goteo mínimo para pagar aguinaldos, es un aliado legislativo garantizado por pura supervivencia.

La teoría cierra aún más en algunos casos puntuales, como el de Tucumán, que desdoblarán los comicios provinciales de los nacionales. Aquí es muy probable que se vote el segundo domingo de mayo próximo. Jaldo está provincializando la elección lo más posible y su objetivo es retener la gobernación. Con ese plan entre ceja y ceja, ya cerró y “comprometió” a sus dos principales aliados para que repitan candidaturas: anunció que Miguel Acevedo será su compañero de fórmula otra vez y que Rossana Chahla luchará por la intendencia de San Miguel de Tucumán nuevamente. Ambos, de su lado de la grieta peronista comarcana. De hecho los dos dirigentes ratificaron los dichos del mandatario y ayer, consultada por la posibilidad de que Juan Manzur resucite y decida pugnar por el máximo cargo del Poder Ejecutivo, la intendenta repitió que ella trabajará a la par de Jaldo.

El gobernador quiere borrar del mapa de cargos a sus partidarios que le están armando un motín. Algunos interpretan que Manzur y “los Yedlin”, entre otros, aprietan para negociar mejores lugares en las listas -principalmente- con la vista puesta en los cargos legislativos nacionales que se disputarán el año próximo (cinco diputados y tres senadores nacionales). Sin embargo, desde los sectores díscolos niegan que sea así e insisten que irán con una lista claramente “antiMilei”.

Jaldo los invita a competir “por fuera” y quienes están cerca suyo aseveran que se niega arribar a un arreglo. Quiere destrozarlos en las urnas. Habrá que ver qué sucede.

"Ya era hora que (Manzur) vuelva a Tucumán a hacer algo", afirmó Jaldo

Volviendo a la hipótesis del título de esta columna, la conveniencia mutua para Milei y Jaldo -replicable en otras provincias- sería que se impongan los oficialismos locales en las provinciales, que el Presidente lo haga en las nacionales y que “repartan” bancas en el Congreso. ¿Un juego del distraído para uno y para el otro? Hasta aquí, al menos, Jaldo no aparece cerca de ningún peronista con intenciones de disputarle el poder al Presidente.

Por supuesto, la estrategia no es lineal y matemática. A los libertarios, por ejemplo, les interesa derrotar a Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. ¿O no? El factor “miedo Kuka” es importante para el mileísmo que vinculó el triunfo en las provinciales del año pasado del ex ministro en su terruño con la victoria libertaria en las nacionales dos meses después. Eligieron creer que el terror de un sector social al regreso del kirchnerismo fue más fuerte que el desagrado por la situación económica de esa misma franja de votantes.

Catalán va en serio

En Tucumán se da la particularidad de que el presidente de LLA, Lisandro Catalán, va en serio. Lo suyo no es una puesta en “escena”. El ex ministro del Interior trabaja para quedarse con el sillón de Lucas Córdoba y afirma que tiene el aval nacional necesario para avanzar en ese sentido. Lanza dardos de manera regular y continua contra el Gobierno local y el año pasado se sentó en la mesa de los ganadores al ofrendarle dos diputados más (ya había acercado a Gerardo Huesen) al proyecto nacional. Por ello Jaldo no se relaja y puso toda la estructura institucional del PJ (desde dirigentes territoriales, pasando por los sindicatos hasta los que poseen cargos electivos) a trabajar. Ni uno ni otro parece creer en presuntos “pactos de no agresión” por los máximos cargos a cambio de una que otra intendencia y de votos en el Congreso. Puros rumores...

En definitiva, al menos por ahora, en el esquema actual de construcción de poder libertario y ante la coyuntura con la que Milei arribó a la Casa Rosada, la prioridad no parece haber sido la de empoderar las estructuras libertarias del interior, como proyecto para hacerse con el gobierno de algunas provincias. Es probable que el eje, en estos momentos, esté en mantener gobernabilidad y en conseguir la reelección. De lograr ese objetivo, las huestes libertarias que “atienden en Buenos Aires” podrían comenzar a dedicarse -de 2027 en adelante- a fortalecer las estructuras del interior, pensando en que LLA no sea “algo pasajero” (como le sucedió al PRO de Mauricio Macri presidente) y ofrezca más músculo político a un posible sucesor libertario que no sea Javier, pero quizás sí Milei. Pero eso ya es otra historia que depende de demasiadas probabilidades e hipótesis abiertas.

Mientras tanto, en Olivos sonríen con una certeza que rompe la historia: el enemigo perfecto sigue siendo la “casta” del interior, y los mejores administradores del ajuste son, justamente, los que no son de su partido.