El presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró que la paz en Medio Oriente es un hecho y que mañana se firmará el acuerdo inicial para reabrir el estrecho de Ormuz. Sin embargo, desde Teherán, el vocero de Exteriores, Esmaeil Baghaei, pidió cautela y advirtió que la rúbrica no será inmediata, al evidenciar que los flecos técnicos y la desconfianza mutua aún marcan el pulso de la negociación.

Los ejes del pacto: Ormuz y el uranio

El borrador contempla un intercambio de concesiones críticas. Irán reabriría el estratégico estrecho de Ormuz -vital para el petróleo mundial- y, en simultáneo, EE. UU. levantaría el bloqueo naval a los puertos iraníes y liberaría miles de millones de dólares en activos congelados.

Respecto al programa nuclear, el punto más sensible, se abriría una ventana de 60 días para negociar la eliminación del uranio enriquecido. Trump fue tajante sobre este punto. “Entraremos y desintegraremos el polvo nuclear”, afirmó.

Un Irán en transición tras la muerte de Jameneí

La urgencia diplomática coincide con un cambio de era en la República Islámica. Medios estatales confirmaron que el líder supremo, Ali Jameneí, murió en un ataque aéreo al inicio del conflicto (28 de febrero) y fue sucedido por su hijo, Mojtaba Jameneí

Este vacío de poder explicaría el giro hacia la negociación, pese a que esta misma semana las fuerzas estadounidenses derribaron drones iraníes que amenazaban el tráfico comercial en la zona.

El rechazo de Israel

Por su parte, el primer ministro Benjamín Netanyahu ya adelantó que Israel no formará parte del acuerdo. La postura de Tel Aviv marca una grieta con la administración Trump, ya que el gobierno israelí se niega a limitar sus operaciones en el Líbano o a ceder su “libertad de acción” frente a la amenaza de Teherán.