El reciente anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre un brote de ébola en la República Democrática del Congo mantiene en vilo a la salud mundial. Cientos de muertes se produjeron ya en el país a raíz de la aparición de la cepa Bundibugyo, altamente contagiosa. El tratamiento y la prevención se vuelven tareas de riesgo debido a múltiples factores, entre ellos la desconfianza de la población congoleña y una inestable situación política.
Alerta mundial por el ébola: la OMS advirtió que el brote avanza más rápido de lo esperadoLa cepa Bundibugyo no tiene tratamiento específico ni vacuna aprobada. Pero la crisis de salud es solo una de las partes que someten al centro de África. La violencia a raíz del descreimiento y el desconocimiento de la población sobre la enfermedad aportan su peso. Pese al anuncio de la OMS, grupos armados atacaron e incendiaron tiendas de campaña del Congo donde se atendían pacientes potencialmente contagiados que permanecían en aislamiento.
Ébola y violencia creciente en el Congo
La región este de la República Democrática del Congo se encuentra en disputa. Aunque el gobierno local mantiene el control sobre la región, su estabilidad política está amenazada por grupos civiles armados, algunos de ellos dependientes de gestiones internacionales.
La organización Médicos Sin Fronteras ya había hecho una advertencia sobre la región. Ituri, donde se registra la mayor cantidad de casos sospechosos de ébola, fue declarada un sitio inseguro. La ola de ataques creció en los últimos años, provocando la emigración de médicos y la consecuente despoblación de hospitales.
Una de las principales amenazas del Congo es la intervención del grupo extremista Estado Islámico con su brazo armado de rebeldes, el M23. La agrupación domina algunas regiones del este congoleño junto a las Fuerzas Democráticas Aliadas, un grupo vinculado al Estado Islámico.
Falta de ayuda internacional en el Congo
Gabriela Arenas, una de las coordinadoras regionales de la Cruz Roja, declaró que las comunidades en el Congo enfrentan inseguridad y desplazamiento, a los que se suma la atención frágil del sistema de salud.
Además, las grandes potencias decidieron retirar parte de la ayuda humanitaria que ofrecían al Congo. Las acciones internacionales resultaron devastadoras para la atención y el resguardo de pacientes.
El director de salud pública de Physicians for Human Rights, Thomas McHale, declaró que estas reducciones de recursos “redujeron la capacidad de detectar y responder a brotes de enfermedades infecciosas”.
Fuente: Los Ángeles Times