Hugo Ferrer
Director de Grupo Crónica
Hay historias que atrapan. Los casos policiales tienen su atracción en cualquier lugar de la Argentina y en el mundo. Y detrás de cada caso hay ribetes, conexiones, desarrollos inesperados que atraen a las audiencias.
Hace unos días leí en LA GACETA dos notas en relación a Roberto Canessa, rugbista y sobreviviente de “La tragedia de los Andes”, y Alejandro Puccio, rugbista e integrante del tremendo Clan Puccio. El número 14 de la camiseta de cada uno, un partido de rugby, Tucumán como hilo conductor. Y el relato de Pablo Deluca, quien fuera un destacado y respetado árbitro de rugby y hoy sigue siendo un referente de la actividad.
Su autor, Daniel Dessein, presidente del directorio de LA GACETA, logró con sus textos que un dato, la curiosidad, el alma de un periodista y su equipo que siempre buscan historias, sea la punta de un ovillo que hoy no tiene fin.
Y con un protagonista clave, cada día más enaltecido: el archivo, la verdadera memoria y reserva cultural de un medio y su audiencia.
Con Daniel nos conocemos desde hace tiempo y compartimos las reuniones de Adepa en las que se analiza y expone la realidad de nuestros medios y cómo se pone en valor el periodismo de calidad y los formatos tradicionales que viven en constante evolución: la gráfica, la radio y la tevé. Y el gran trabajo que cada editorial realiza para sostener, mantener vigente el archivo: restauración, recuperación, mantenimiento y la aplicación de la tecnología para optimizar su uso.
Mientras se convive en un ecosistema rodeado de shorts, scrolls infinitos, fakes news, streams, streamers e influencers, y toda clase de posteos, sigue vigente y se destacan en esta apasionante profesión los periodistas que refuerzan el rigor periodístico, la información veraz, la contundencia que tienen los textos bien escritos, el lenguaje preciso, la comunicación directa y la mejor realización.
Los medios son el nexo entre lo que pasa y es noticia con la sociedad.
Y acá estamos.
Tucumán aplaudió sin saber a un miembro del Clan PuccioCon Daniel tuve el ida y vuelta, felicitación mediante, por lo que publicó y de esa charla surgió que escribiera sobre lo que me tocó vivir desde el corazón de la noticia cuando trabajaba en Gente.
¿Se imaginan lo que hubiera sido hoy el Caso Puccio?
Dirección, apellido y tapa
Aquel viernes 23 de agosto de 1985 Mónica Sörvick había terminado su jornada como maestra y fue al encuentro de su novio. Después de haber cenado en Pepino’s planificaron el fin de semana porque al otro día, el sábado 24, el CASI estaba muy cerca de salir campeón. Ese novio no era cualquiera. Su nombre famoso era marca registrada en el club y sus amigos.
Canessa-Puccio: la paradoja más oscura del rugbyGanó CASI 31 a 21 a Alumni. La anécdota: en la última jugada un hincha de CASI pateó la pelota que fue a disputar un jugador de Alumni. Caos y todos en la cancha.
Y hubo una ausencia: Alejandro Puccio había caído preso. Conmoción. Su padre, Arquímedes, también.
Las tapas de los diarios del sábado 24 de agosto hablaban de las detenciones en San Isidro. Las del domingo, más ampliadas. El tema fue una explosión informativa. Cada dato alimentaba a diarios, revistas, radios y a la tevé.
Todos querían saber. Todos queríamos saber.
Canessa-Puccio: el rugby, la moral y una historia atravesada por los AndesY desde el lugar que me tocó, en una época histórica del periodismo en la Argentina, desde la revista Gente, de Editorial Atlántida, se realizó una cobertura tremenda. No era para menos, porque el caso tenía todas las aristas que interesaban al público.
El traslado de la familia Puccio detenida, cada uno por separado, fue de una atracción única.
Mónica, la novia de Alejandro, se acercó al camión celular que lo llevaba al penal. Estoica, siempre estuvo. “Díganle a Alex que lo quiero”, gritó para que todos escucharan que su amor era real. Foto y frase, publicadas en Gente.
Las paredes con diarios
Un portón gris sobre la calle Martín y Omar, una esquina destacada de San Isidro con la venta de insumos náuticos. Un patio amplio, una soga para colgar la ropa, plantas, macetas, galería, silencio.
Un sótano, olor a humedad y encierro. Fardos humedecidos y un ventilador, simulaban que estaban en el campo.
Las paredes forradas con papeles de diarios, un camastro y la frazada cuadrillé “maloliente” (SIC) donde estuvo secuestrada Nélida Bollini de Prado fue la imagen más conmovedora para entender la magnitud de lo que fue posible hacer Puccio y su familia.
El rol del rugby en el dilema Canessa-PuccioAhí, encadenada, hambrienta y vulnerable, protagonista involuntaria del horror, estaba la mujer que mostró su entereza como pudo. Estaba viva.
El destino tiene esas cosas que sólo la realidad entiende: cuando supe de la dirección de la casa del horror, Martín y Omar 544, en San Isidro, fue un impacto.
Durante mucho tiempo, todos los miércoles por la tarde, enviaba una moto (Rapimoto) a esa misma calle, a escasas dos cuadras, a la casa de un periodista que también era amigo de Alejandro: un sobre marrón con la edición recién impresa de la revista Gente. ¡Las veces que escribí Martín y Omar con una lapicera azul!
Era el ejemplar de “primera hora”. Así, se les mandaba a muchos profesionales antes de que llegara al kiosco para que al otro día en las radios y tevé fueran comentadas la tapa y notas.
Marketing directo, en mano. Delivery con olor a tinta.
La edición N°1.049 de Gente, del jueves 29 de agosto de 1985, tuvo a Arquímedes en tapa y con el título indeleble: El Clan Puccio. De aquella portada a la película. Y la síntesis para definir a la familia y de qué se los acusaba.
Las edades que tenían en 1985 parecen congeladas: Arquímedes (56), Epifanía Calvo (53), Alejandro (26), Daniel “Maguila” (23), Silvia Inés (25), Adriana (15).
Y las de las víctimas y las fechas de los secuestros, también: el 22 de julio de 1982 Ricardo Manoukian (23), el 5 de mayo de 1983 Eduardo Aulet, y en junio de 1984, el empresario Emilio Naum.
El álbum de la vida
Por aquellos días, la cobertura periodística de la revista fue espectacular. Única. Todo, lo que es todo: desde las fotos, a las historias y reportajes, hasta a Nélida Bollini de Prado. Guardias durante horas, despliegue de fotógrafos y cronistas. El equipo liderado por Gabriela Cociffi tuvo logros tremendos y “la primera foto” de todo. Entre tantos destacados periodistas, Alberto Amato, Alejandro Sangenis, Marcela Tauro, Martha Wierzbicki Pose y Camilo Aldao le dieron vida y pasión a una de las historias más tremendas. Y los fotógrafos. Y los choferes de los remises.
Pocas veces se advirtió en carne propia el sentido de una primicia como cuando Gabriela Cociffi llegó a la redacción de Gente, en Azopardo 579, con todo el álbum de fotos de la familia (las que luego dieron vuelta al mundo y sirvieron para recrear la película de Sebastián Ortega). En la revista tuvo su despliegue. Esas imágenes reflejaban la vida de una familia que destilaba amor, alegría, felicidad, abrazos, poses en diversos lugares. Todo eso fue una pantalla. Horror. Aún hoy sigue latente la bronca e indignación.
El 31 de agosto de 1985 superó a CUBA. Alejandro Puccio hacía una semana que estaba detenido. En aquel partido CASI logró su título Nº32. El equipo tenía entre sus figuras a Travaglini, Cobelo, Bavio, Posleman, Ochoa, Larrubia, O’Connor, Branca, Jorge y Gabriel Allen, Sanés, “Perica” Courreges, Morel, Varone, López Imizcoz, Devoto, Fijalkauskas y Nicholson (capitán).
El hijo del viento
Como lo fue Claudio Caniggia muchos años después, Puccio era un wing, veloz, “livianito”. Además, seductor, amigo de los amigos y se hacía querer. Su casa, la casa del horror, fue el centro de festejos y muchos “tercer tiempo” se hicieron ahí.
El 10 de noviembre de 1981 el CASI salió campeón invicto (ganó 21 y empató sólo uno) y tuvo como entrenador al célebre Luis María “Caña” Varela: “Era un equipo muy agresivo, redondo, con los backs que llegaban al try, especialmente los wines”. Era la época en que el try valía 4 y CASI hizo un promedio de 26 tantos por partido. Arrasó. Y Alejandro Puccio fue uno de los protagonistas.
Según reveló La Nación, “junto a Fernando Morel y Gabriel Travaglini, que venían de ganarle a los Wallabies en 1979, a Andrés Courreges, Pablo Devoto, Eliseo Branca, Jorge Allen y Guillermo Varone, que en 1982, con Sudamérica XV, vencieron a los Springboks. La gran mayoría del equipo del 81 repitió el campeonato en 1982 y 1985.”
El gráfico
En la edición de El Gráfico 3.949, del martes 3 de septiembre de 1985, en la tapa se destacó el gol de Boca contra Temperley y la foto del número 9 Ramón Centurión, mientras el arquero Cassé y el defensor Bordón, nada pudieron hacer. Y en el ángulo superior derecho, una banda blanca en diagonal: CASI espera a Puccio para festejar. Para el mundo del rugby fue sorprendente. El equipo se había coronado el fin de semana ante SIC y no dio la vuelta olímpica esperando que su estrella, el wing que deleitaba en cada partido, saliera en libertad.
Fue tremendo cuando con el paso de los días y cómo todo el mundo del rugby, ¡ni qué decir de CASI!, fueron conociéndose las historias más terribles sobre él, la relación con sus compañeros y lo que había pasado con Manoukian, Aulet… Hasta en los partidos posteriores, los jugadores tuvieron que escuchar gritos y ofensas: les gritaban “¡Secuestradores!”.
La amistad y la confianza, traicionadas.
Canessa y Puccio: dos destinos frente al mismo espejoEliseo Branca, compañero de equipo, supo después que él también estaba en la mira para ser secuestrado.
En aquella edición de El Gráfico se destacó el partido y sus compañeros estaban esperanzados con verlo pronto en la cancha. No pudo ser. Muchos recuerdan la forma que tenía para que lo quisieran y confiaran en él. Les corre frío por el cuerpo.
“Mi amor, perdoname”
El 8 de noviembre de 1985 el juez Héctor Grieben había citado a declarar a Alejandro Puccio al Palacio de Tribunales en la calle Talcahuano.
Esposado, caminó sin resistencia. Tenía planificado todo: hasta le había dejado escrita una carta de despedida a su novia, le pidió perdón y trató de justificar todo lo que hizo. Ya era tarde.
Pasadas las 10.30 de la mañana logró zafarse de la custodia policial y emprendió un viaje de caída libre desde el quinto piso: quería suicidarse. Su cabeza golpeó contra el techo de lo que era un kiosco de la DGI en el hall central.
Un fotógrafo de Gente también estaba ahí. Gritos, desesperación. Shock por el estruendoso ruido. Traslado urgente al hospital Fernández. Peleaba entre la vida y la muerte. Sobrevivió. Tuvo otros intentos. Fracasó. Volvió a la cárcel. En futuros traslados, lo llevaron en silla de ruedas hasta que se recuperó.
Canessa y Puccio, el duelo del héroe y el canallaEl 11 de diciembre de 2025, fuimos con Adepa a la Corte Suprema por la entrega de los premios que anualmente la entidad destaca a los mejores trabajos en periodismo judicial.
Después de la ceremonia, junto a otros invitados, salimos del ascensor de puertas de tijera y pasamos por la planta baja donde se había tirado Alejandro Puccio. Recordé aquel día. Silencio. Increíble: todo queda en la memoria.
Alejandro Puccio murió en 2008, a los 49 años. Ya estaba en libertad.