¿Sentís que tus hijos están ausentes aunque se encuentren físicamente en la misma casa que vos? ¿Ocupan cada minuto libre en la pantalla del teléfono? ¿Se ponen de mal humor cuando les pedís que se sienten a la mesa sin el celular o que lo apaguen por un rato? ¿Te cuesta entablar con ellos diálogos profundos? ¿Están tristes, muy irritables o retraídos en exceso? ¿Te diste cuenta que a veces a vos te ocurre lo mismo? Cuidado: todo indica que estamos frente a una crisis de dimensiones inéditas.

Hay un video interesantísimo al respecto. Es el último que subió Santiago Bilinkis a su canal de YouTube. Para quienes no lo conozcan, Bilinkis es un emprendedor y divulgador científico argentino que actualmente está muy enfocado en el futuro del trabajo, en la educación y en el impacto que generan en nosotros la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. En este capítulo, titulado con crudeza “Salvá a tus hijos (estás a tiempo)” analiza la crisis de salud mental y la pérdida de capacidades cognitivas causadas por el uso excesivo de pantallas y de redes sociales en jóvenes y adultos. Estos 10 puntos resumen los conceptos principales.

1- Crisis global de salud mental en los jóvenes: existe un récord de depresión, ansiedad, ciberbullying y autolesiones en adolescentes, un fenómeno mundial que comenzó a intensificarse a principios de la década de 2010 con la adopción masiva de los teléfonos inteligentes.

2- Reemplazo del juego físico: las pantallas están apagando la herramienta evolutiva más importante de los niños, el juego. Trepar un árbol o experimentar físicamente es fundamental para calibrar riesgos, resolver problemas y moldear el cerebro, algo que el uso del celular impide.

3- La trampa del contenido infinito (conocido como el "plato sin fondo"): a diferencia del diario o de la televisión, las redes sociales nunca se terminan, y de ese modo ofrecen dosis constantes de dopamina (un tema sobre el que vamos a volver más adelante). Esto lleva a que los chicos duerman menos, se acostumbren a la interrupción constante y a la recompensa instantánea. Un círculo muy complejo del que es difícil escapar.

4- Los creadores de la tecnología no la usan con sus hijos: Bill Gates y Tim Cook, entre otros, limitaron o prohíbieron el uso de redes sociales y de dispositivos a sus propios hijos. Esto debería servir como una fuerte señal de alarma sobre los peligros del producto que ellos mismos fabrican.

PANTALLAS. Un niño mira el teléfono y usa auriculares. Preocupa la dependencia a los estímulos que generan las redes en los chicos. ARCHIVO

5- Los adultos también hemos perdido la capacidad de tolerar el aburrimiento o la falta de estímulos. Rellenamos cualquier pausa (un semáforo, la fila del súper) mirando el teléfono, e incluso experimentamos el "síndrome de vibración fantasma" por la dependencia constante.

6- El celular drena nuestra capacidad de pensar: la sola presencia física del teléfono (incluso boca abajo o apagado) consume recursos del cerebro y empeora la concentración. Por eso, las mejores ideas suelen ocurrir en la ducha o cuando uno sale a correr (sin el dispositivo y sin relojes inteligentes, claro), porque se trata de los últimos lugares libres de pantallas en los que el cerebro puede pensar en paz.

7- Por primera vez en más de un siglo, el coeficiente intelectual promedio (conocido como efecto Flynn) ha dejado de subir y está bajando. Se registran caídas en el razonamiento abstracto y en la resolución de problemas. El inicio del declive coincide con la adopción de esta tecnología. Dramático.

8- Es un diseño deliberado, no un accidente: documentos internos de empresas como Meta revelaron que sabían que sus plataformas causaban daños en la salud mental, pero decidieron priorizar el crecimiento económico y retener la atención del usuario de forma adictiva.

9- El éxito de prohibir celulares en las escuelas: cada vez más países y estados están sacando los teléfonos de las aulas. Los estudios demuestran que esta medida mejora las notas, reduce el bullying casi a la mitad y logra que los chicos vuelvan a reír y hablar entre ellos en los pasillos.

10- En un mundo de sobreabundancia de estímulos, el recurso más valioso es la atención. Bilinkis nos convoca a estar verdaderamente presentes -a “escuchar con los ojos”- para no llegar a los 85 años y arrepentirnos de haber perdido nuestra vida frente a una pantalla.

Desafiante ¿no es cierto?

Síndrome de abstinencia

Ahora bien: ¿cuál es el mecanismo que genera semejante dependencia? Como ya contamos otras veces en este mismo espacio, la repetición hipnótica y vertiginosa de luces, imágenes y sonidos de los videos de TikTok, de los shorts de YouTube, y de los reels y de las historias de Instagram estimulan la corteza prefrontal del cerebro, la que se encarga de la concentración. Esto genera la liberación de dopamina, que es el neurotransmisor que se relaciona con el placer. Así, nuestro cerebro se acostumbra rápidamente a una ecuación muy sencilla: sin ningún esfuerzo más que el de escrolerar en la pantalla obtengo un estímulo placentero. Y quiero más. Cuando ese estímulo falta, me pongo de mal humor, me enojo con mucha facilidad, inclusive, me entristezco. Eso ocurre porque la cabeza atraviesa una especie de síndrome de abstinencia de dopamina. Lo trágico es que si esto nos sucede a los adultos, el efecto en los chicos y en los adolescentes -cuyos cerebros están en plena formación- es aún más grave.

SUEÑO ALTERADO. La exposición a las pantallas afecta el sueño de los chicos. ARCHIVO

Los padres vivimos atribulados. No sabemos muy bien qué hacer al respecto. Y, como si fuera poco, la misma confusión (o una aún más densa) envuelve a las autoridades educativas. Vamos pendularmente de un extremo al otro: en algunos colegios y escuelas de Tucumán obligan a los chicos a dejar los teléfonos en una caja al mismo tiempo que en otras instituciones promueven su uso e inclusive presionan a los padres para que les compren dispositivos a sus hijos si aún no lo hicieron. Así, en las aulas nos encontramos con un crisol de situaciones inverosímiles: mientras que algunos chicos piden tortillas por Pedidos Ya en plena clase, otros, atrapados por la pantalla, son incapaces de prestarle atención al docente y no faltan los que aprovechan los recreos para apostar en casinos digitales y alimentar una adicción irrefrenable.

La gran pregunta es: ¿podemos hacer algo al respecto? Una opción es empezar por poner reglas claras (una rareza hoy, por cierto). Pero hay más:

- Demorar lo máximo posible el acceso a dispositivos y redes. Es cierto: es más fácil comprarles un teléfono en cuanto lo piden y evitar enojos y caras largas. Pero deberíamos ser más firmes. Tal vez como fueron nuestros padres con nosotros.

- Sacar los celulares de las escuelas de una vez por todas.

- Establecer momentos y espacios libres de pantallas en casa, como los almuerzos y las cenas (nos puede deparar las rabietas circunstanciales de nuestros hijos, pero sin dudas vale la pena a largo plazo).

- Proteger la capacidad de atención como nuestro recurso más valioso. Y este es un ejercicio diario, porque, parafraseando a Bilinkis, hoy el varadero lujo no es el acceso irrestricto, sino los filtros que nos protegen.