El asesinato de Paulina Lebbos estuvo plagado de irregularidades, controversias y sobre todo interrogantes desde el primer momento. La incógnita más fuerte giraba en torno al autor del crimen. ¿Quién mató a Paulina y sorteó a la Justicia durante todos estos años? Esa era la pregunta que muchos pensaban que por fin iba a responderse en esta oportunidad. Luego de dos décadas, el Ministerio Público Fiscal le había puesto nombre al presunto responsable al imputar a César Soto por homicidio agravado por alevosía. Pero esta posibilidad quedó completamente descartada cuando el Tribunal que dirigió el nuevo juicio resolvió absolver a Soto ante la falta de pruebas condenatorias.

Soto había sido pareja de Paulina, con quien tuvieron una hija. La noche en la que la que se habría cometido el asesinato, la víctima había salido a bailar junto a su amiga, Virginia Mercado. La joven jamás regresó a su casa y su cuerpo fue hallado 13 días después a la vera de la ruta 341, en Tapia. Una de las principales sospechas sostenía que Paulina habría ido en un remise hacia la casa de Soto cuando salió de la fiesta. Según la teoría del fiscal Carlos Sale, ella llegó a su departamento, ubicado en la calle Estados Unidos al 1.200 y allí, tras una discusión, Soto la estranguló y acabó con su vida.

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Los padres de Paulina, Alberto Lebbos y Rosa del Carmen Racedo, señalaron desde el comienzo de la causa a Soto como el presunto homicida, acusándolo de haber sido violento con su hija en más de una ocasión. Durante 20 años, el legajo pasó por múltiples funcionarios judiciales, pero recién en 2019, se ordenó al MPF que lo investigue.

Un “sinvergüenza”

Fue así que el pasado 9 de marzo de 2026, Soto se sentó por primera vez en el banquillo de los acusados. En los alegatos de clausura Sale pidió que fuera condenado a prisión perpetua y, en base al testimonio de los testigos, lo definió como un “sinvergüenza”; dijo que era una persona violenta y celosa que habría maltratado a Paulina. Siguiendo su acusación, Soto habría asesinado a la víctima valiéndose de una supuesta superioridad física y un historial de agresividad.

El defensor oficial, Roque Araujo, rechazó todas las acusaciones contra su pupilo, calificó la investigación fiscal como vaga y afirmó que la imputación se realizó únicamente para evitar que la causa prescriba.

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Ayer, Soto tuvo la oportunidad de manifestar sus últimas palabras ante las partes. Todos esperaban expectantes a que dijera algo, pero al consultarle si deseaba expresar algo, prefirió el silencio. Esa fue la postura que adoptó a lo largo de la jornada. Sabiendo que estaba bajo la lupa y que era observado por decenas de personas, el imputado se mantuvo cabizbajo y prácticamente escondido detrás de su abogado defensor mientras escuchaba la resolución de los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica. Su máxima expresión fue un profundo respiro al escuchar que quedaba absuelto por el beneficio de la duda.

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Una vez que se dio por terminado el juicio, se levantó tranquilamente de su silla, se colocó su saco y abandonó el Fuero Penal de la misma manera en la que llegó: acompañado por Araujo, ambos en silencio e ignorando a los periodistas presentes que buscaban una declaración tras la resolución.