El chikungunya no es solo un problema sanitario. Tampoco puede explicarse únicamente por la presencia del mosquito Aedes aegypti. Detrás de cada brote aparecen otras variables menos visibles, pero decisivas: la basura acumulada, los canales contaminados, la falta de agua potable constante, los barrios sin planificación y las desigualdades sociales. En otras palabras, el chikungunya encuentra terreno fértil allí donde existe desorden socioambiental.
"Gritaban de dolor": cómo se vive en los barrios tucumanos en los que la epidemia de chikungunya no da treguaEsto implica que, cuanto más crezcan las ciudades sin un orden, más fuerte se volverá el Aedes aegypti. “A medida que el humano vaya avanzando, el mosquito va a ir avanzando también”, sentenció Giselle Rodríguez, investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT. El Aedes aegypti tiene la característica de ser “doméstico”: vive en los alrededores o en el interior mismo de las casas. En segundo lugar, porque donde hay un ápice de desorden –que puede incluir desde una tapita de gaseosa tirada en el suelo hasta una piscina sin mantenimiento–, se genera un nuevo lugar en el que el mosquito puede desarrollarse y reproducirse a gusto.
Estos son factores que, ante la falta de control de la urbanización, dificultan detectar criaderos y otros factores epidemiológicos que favorecen la proliferación del mosquito, apunta Rodríguez.
Zonas vulnerables
Los factores socioeconómicos influyen en la incidencia de la enfermedad, pero el desarrollo de las condiciones ideales para ello tiene un ordenamiento lógico. En 2020, en un estudio en medio de un brote de dengue del que formó parte Rodríguez, se reconoció que, aunque todo el territorio provincial presentaba casos, había “un patrón hacia la periferia, especialmente hacia el sur de la capital”, según la investigadora. En este brote de chikungunya, las mismas zonas que habían resultado afectadas entonces son las que concentran la mayor cantidad de población contagiada. Así lo indica el último informe del Ministerio de Salud Pública de Tucumán, en el que se detalla la situación de la provincia hasta la semana epidemiológica 16 del año –del 19 al 25 de abril–.
Los barrios del sur de la capital vuelven a ser los más perjudicados, pese a que la enfermedad llegó ya a traspasar las barreras del municipio. “Coinciden con las poblaciones que tienen menores condiciones socioeconómicas y que están vinculadas a la presencia de microbasurales en la zona”, señaló Rodríguez al respecto.
Una consideración para las zonas cercanas o atravesadas por canales es la forma en que pueden relacionarse con el ser humano y convertirse en focos de criaderos. El canal, per se, no es un sitio en el que puede desarrollarse el mosquito, según Rodríguez. Pero la actividad de las poblaciones que se circunscriben a estos espacios hace que el canal pase a formar parte del patio del hogar o que los restos y basura del hogar terminen dentro del canal, lo que sí da lugar a nuevos criaderos.
Las enfermedades no discriminan
En el mismo estudio del que formó parte la investigadora años atrás, se reconoció un foco en un country de la provincia. “Aedes aegypti no discrimina”, dijo de forma contundente la especialista. Aunque las más afectadas pueden ser las personas con estructuras edilicias vulnerables, dengue y chikungunya no son enfermedades exclusivas de estas poblaciones.
Zonas como countries o barrios de un estatus socioeconómico más elevado pueden padecer las mismas epidemias, pero centradas en diferentes estructuras edilicias, como pueden ser fuentes, canaletas, cisternas y elementos ornamentales.
Derecho a la ciudad
La arquitecta y docente de Urbanística II en la Facultad de Arquitectura de la UNT, Agustina Ramón, eligió hablar en términos de planificación urbana, en lugar de “desorden”. “Hay sectores más vulnerables socioambientalmente por sus condiciones de planificación”, sostuvo y agregó que, además, la zona sudeste de la ciudad es el área más baja del área metropolitana, por lo que funciona como desagüe de San Miguel de Tucumán y alrededores.
Ramón también destacó la importancia de pensar en una inversión integral, “con proyección”, que ataque el problema de raíz. “Ante la falta de infraestructura, es un lugar que está más expuesto a todo tipo de riesgos, incluidos estos que tienen que ver con la salud y que son consecuencia de la falta de planificación. La ciudad crece: ahí sí se puede hablar de un crecimiento desordenado”, apuntó.
Muchas dimensiones
“Las enfermedades transmitidas por mosquitos no tienen una sola explicación. Entran en juego muchas dimensiones: el desorden urbano, social y ambiental”, remarca Andrea María Lascano, médica generalista y epidemióloga.
La falta de planificación en las ciudades, la cantidad de personas que habitan un conglomerado y las condiciones de vida desfavorables influyen directamente en las epidemias de estas patologías, sostuvo. En un estudio que realizó, quedó evidenciada la íntima relación entre los factores sociales (nivel socioeconómico) y los ambientales (baldíos y basurales) con los casos de dengue. Por eso, según la experta, es indispensable armar equipos intersectoriales para afrontar una epidemia, y no solo desde el ámbito de la salud.
Además de que es necesario hacer un ordenamiento territorial, hay otra cuestión que preocupa según la especialista: ¿Por qué cuesta tanto que la comunidad se involucre en la prevención de la enfermedad y que disminuyan los criaderos de mosquitos? “Hay muchas necesidades insatisfechas, personas viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad. No se puede pretender participación si no tienen agua, comida, trabajo. Hay muchas preocupaciones; no es una prioridad para la gente eliminar un recipiente con agua”, analizó.
En palabras del destacado sanitarista argentino Ramón Carrillo: “frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causa de enfermedad, son unas pobres causas”.
Producción Audiovisual: Agustina Garrocho, Nazarena Ortiz y Álvaro Medina