Elegir el momento del día para entrenar puede ser tan importante como el tipo de actividad física que se realiza. De acuerdo con investigaciones recientes en el campo de la salud, adaptar el ejercicio al reloj biológico de cada persona (conocido como cronotipo) podría potenciar los beneficios y mejorar indicadores clave como la presión arterial, el sueño y el metabolismo.

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En términos simples, no todas las personas rinden igual a la misma hora. Quienes suelen estar más activos por la mañana (“alondras”) tendrían mejores resultados si entrenan temprano, mientras que quienes se sienten con más energía por la tarde o noche deberían ajustar su rutina a esos horarios.

Ejercicio y cronotipo: por qué el horario influye en la salud

Un estudio publicado en la revista Open Heart analizó a 134 adultos de entre 40 y 50 años con factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión o sobrepeso. Durante tres meses, los participantes realizaron caminatas rápidas supervisadas en cinta, cinco veces por semana.

Los resultados mostraron que todos mejoraron su condición física, pero quienes sincronizaron su entrenamiento con su cronotipo obtuvieron beneficios adicionales. Entre ellos, una mejor calidad del sueño, niveles más saludables de azúcar en sangre y una reducción más significativa de la presión arterial.

El cronotipo está determinado por el reloj biológico interno, que regula los ciclos de sueño y vigilia, así como los niveles hormonales y de energía a lo largo del día. Este sistema influye directamente en el rendimiento físico y en la capacidad de sostener una rutina de ejercicio.

Los investigadores también advirtieron sobre el llamado “jet lag social”, que ocurre cuando hay un desajuste entre los horarios biológicos y las exigencias diarias. Este fenómeno se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, especialmente en personas con hábitos nocturnos que se ven obligadas a entrenar muy temprano.

En este contexto, especialistas en fitness destacan que no existe una única hora ideal para hacer ejercicio. La clave está en la constancia y en encontrar un momento del día que se adapte a la rutina personal. Sostener el hábito en el tiempo, incluso con objetivos pequeños y progresivos, resulta más efectivo que entrenamientos intensos pero esporádicos.

Además, en los últimos años se observa un crecimiento del interés por el entrenamiento de fuerza en todas las edades, lo que refleja un cambio en la forma de entender la actividad física como parte del bienestar general.

En definitiva, escuchar al propio cuerpo y respetar el ritmo natural puede ser una estrategia clave para mejorar la salud y mantener una rutina de ejercicio a largo plazo.