El cartel de colores vibrantes que declara “Yo amo La Madrid” sigue en pie en la plaza, rodeado de verde. A su alrededor, el agua persiste en pequeños charcos, pero el espacio conserva su forma, su orden y su identidad. Es una imagen que resume el momento del pueblo que está golpeado, pero en pie. “Es un lugar hermoso y tranquilo”, dice Vanesa Villarroel. Y aunque reconoce que el ánimo está bajo, afirma: “vamos a salir, porque somos un pueblo que resiste”.
Es que alrededor del paseo público donde vecinos toman mates, descansan en sus bancos impolutos, o caminan en busca de un atajo para llegar a la escuela o el trabajo, la gente aún reconstruye su vida.
Uno de ellos es Fernando Díaz. “Si te parás en el patio, se hunde la tierra”, afirma. La frase no es una metáfora. Es literal.
A poco más de un mes de la inundación que los marcó el agua ya no corre con la misma violencia, pero sigue presente. Fernando lo explica mientras cava una zanja al costado de su casa, pala en mano, en un intento por desviar el agua que aún se acumula en su terreno. No hay máquinas ni asistencia. Sólo trabajo manual.
“Esa noche me entró casi medio metro de agua. Se me rompió el piso y no tengo ayuda de nadie”, dice.
Había levantado su vivienda para evitar justamente esto. “Después de la inundación de 2017 la hice más alta, pensando que no iba a volver a pasar, pero igual se inundó”.
Hoy el suelo de su vivienda quedó saturado. “Es todo agua”, comenta y añade que le prometieron enviar una máquina para rellenar el patio. “Se fueron y no hicieron nada”.
La precariedad no es sólo estructural. También es económica. “No tengo trabajo. Mi señora hace manicura y corta el pelo, y yo corto el pasto, pero se me rompió la máquina. También vendía cosas dulces pero perdí todos los insumos y las máquinas que tenía para hacerlos”, resume. E inmediatamente deja una frase que condensa la incertidumbre: “Quiero pedir ayuda, pero no sé cómo hacer”.
En bote
A pocas cuadras, la casa de Lorena Armas todavía parece detenida en el momento de la inundación. El pasillo de ingreso es un lodazal irregular. Las paredes funcionan como un registro físico del desastre: manchas oscuras y humedad ascendente marcan hasta dónde llegó el agua.
“Me sacaron en bote a las cinco de la mañana”, recuerda.
Desde entonces, todo cambió: “Perdí todos los muebles, no me quedó nada”.
Vivir entre grietas, humedad y pérdidas en La Madrid: “Tengo miedo de que la casa se caiga”Dentro de la casa, las grietas recorren las paredes como cicatrices. En algunos sectores, el revoque ya se desprende. “Esta pared está en peligro de derrumbe”, advierte.
Había invertido en ese lugar porco tiempo antes. “Yo había arreglado todo con mi jubilación. Ahora se está cayendo”, menciona.
Lorena convive además con enfermedades inmunológicas que requieren medicación periódica. Hoy, eso también está en riesgo. “Tengo que aplicarme cada 15 días, pero no tengo plata para viajar ni para conseguirla”, menciona.
Y agrega que el miedo es constante: “Cada vez que llueve estamos nerviosos. Acá cerca hay un canal sin contención y todavía hay agua”.
En la construcción de al lado, su madre Irma resume la situación en una imagen: “Estamos siete en una sola pieza”.
La cocina filtra agua. Los electrodomésticos dejaron de funcionar. “El lavarropas no anda, el freezer tampoco. Con eso trabajaba mi hijo” enumera.
Dormir tampoco es fácil. “Cada vez que llueve estamos en alerta”, dice.
El clima no ayuda
A metros de la plaza, la escena es distinta pero el impacto es el mismo. Adentro de la casa de Héctor Aguilar, de 13 años, la luz es tenue y el ambiente está cargado de humedad. El hombre permanece sentado en el centro de la habitación.
“Nos refugiamos en la casa de una vecina de dos pisos. De lo contrario, no sé qué hubiera pasado”, recuerda sobre el 11 de marzo.
Rememora además cómo el agua lo cubrió todo: “Veíamos las cosas flotando, hasta una heladera sin puerta”.
Hoy, el problema es otro: reconstruir. Pero el clima no ayuda. “Llueve y no deja secar nada. Queremos arreglar, pero no se puede. Todo está caro”, admite.
El dolor que persiste en La Madrid, a un mes de la inundación: “Perdimos todo y seguimos solos; se lavaron las manos”Vanesa que trabaja en su casa, vive una situación similar en la suya. “Perdí todo”, lamenta.
Ahora intenta empezar de nuevo con lo mínimo pero aún así, eligió quedarse. “Mi familia quiere que me mude a la Capital, pero yo me quiero quedar en mi casa”.
También pone en palabras el reclamo colectivo: “No pedimos nada que no corresponda, queremos las obras”.
En el exterior, los rastros del temporal siguen visibles. Sillones húmedos, sillas deterioradas, objetos colgados de los árboles para que se sequen.
La Madrid transita una etapa silenciosa y exigente, que es la que empieza cuando el agua baja. No hay sirenas ni evacuaciones, pero sí una tarea constante de limpieza y reconstrucción.
Mientras tanto, los vecinos hacen lo que pueden con lo que tienen. Como Fernando, que vuelve a hundir la pala en la tierra húmeda, una y otra vez, intentando que el agua no vuelva a entrar.
Personal de infantería recorre el pueblo: una presencia que causó curiosidad
La presencia de efectivos de infantería en La Madrid, luego de la protesta de vecinos el lunes por el reclamo de obras urgentes para evitar nuevas inundaciones, generó inquietud en distintos sectores del pueblo. No obstante, autoridades policiales afirmaron a LA GACETA que se trata de un despliegue preventivo y que la situación está bajo control.
El comisario Marcos Barros, jefe de la Unidad Regional Sur, explicó que el operativo se implementó para llevar seguridad y tranquilidad a la población, sin ninguna otra intención más que cumplir con sus tareas.
Protesta y represión tras las inundaciones: vecinos de La Madrid prevén más acciones“La infantería está en el lugar desde el lunes”, precisó.
Según indicó el uniformado, la medida también responde a funciones habituales de la fuerza. “Se trata de un operativo preventivo”, sostuvo, y detalló que los efectivos fueron apostados en distintos puntos con el objetivo de “cuidar los edificios públicos” y garantizar la libre circulación en las rutas.
En ese sentido, Barros remarcó la necesidad de equilibrar derechos: “La gente tiene derecho a manifestarse, pero también hay personas que necesitan circular. Nosotros estamos para cuidar a todos y asegurar la libre circulación”.
Consultado sobre el clima actual en la localidad, aseguró que no se registran nuevos incidentes. “Después del episodio de tensión, está todo calmado, todo tranquilo. No hay ningún inconveniente en este momento”, afirmó.
El jefe policial también insistió en el rol de la fuerza en este contexto. “La policía está para cuidar, para garantizar la seguridad y el orden, y para que se respeten los derechos de todas las personas”, agregó.
En paralelo, vecinos que se autoconvocaron a la vera de la ruta indicaron que aún aguardan por respuestas que finalmente podrían llegar esta tarde. Es que ayer la Comuna de La Madrid difundió un comunicado en el que invita a la comunidad a participar de una charla informativa.
Según detallaron, el encuentro abordará los trabajos previstos en el río Marapa y contará con la presencia del ministro de Obras Públicas, Marcelo Nazur, junto con personal técnico del área.
La reunión está prevista para las 18, en la plaza Congreso.
Por el momento, los habitantes de la comuna indicaron que no hubo comunicación con el grupo de vecinos que se reunió el lunes con el ministro del Interior, Darío Monteros.
Luego de ese encuentro, el funcionario del Poder Ejecutivo anunció trabajos “inmediatos” y la llegada de maquinaria pesada al pueblo.
Ese plan, detalló, estará coordinado por la Dirección Provincial del Agua (DPA), bajo la conducción del ingeniero Marcelo Cancillieri, con el acompañamiento de distintas áreas del Gobierno.