Leo García llega a Tucumán para continuar con su papel de "trovador", tal como él se autodefine y para disfrutar también de un lugar al que llamó su "refugio de paz". Este sábado 28 de febrero con entradas agotadas en "Oskar, bar de música", se presentará en el contexto de "La gran fiesta pop" con Catarina Spinetta, como DJ Invitada.
Herederos del arte: los nietos del Flaco Spinetta consolidan su camino en la música, el cine y la modaDiscípulo de Gustavo Cerati, además es el creador de los hits “Morrissey”, en honor al cantante de The Smiths y “Reírme más”. No tuvo reparos en "samplear" a Beethoven con su "Symphony No. 9: Ode to Joy".
Cuenta la historia que se llama Leonardo en honor a Leonardo Favio (otra influencia en su música que combina pop, rock, tango, folklore) y es oriundo de Moreno, localidad de la provincia de Buenos Aires. Nació en 1970 y, en diálogo con LA GACETA, logró explicitar los aprendizajes laborales, personales y filosóficos que todas sus experiencias atípicas le otorgaron.
El escenario como territorio de libertad: “No es para todos”
Su historia con el público comenzó temprano. A los 13 años, en Jujuy, cantando folklore vestido con un poncho, Leo inauguró su "expresividad escénica", algo que considera un requisito excluyente para quien decida dedicarse al arte.
“Yo había roto mi miedo escénico cuando tenía 13 años en Jujuy. El miedo escénico es algo que, si no lo rompés, no vas a ser tan bueno en el escenario como lo soy yo. El escenario no es para cualquiera, sino todo el mundo estaría cantando... es un factor elemental en un artista sentirse libre, entero y en confianza arriba de un escenario. Somos muy pocos los que vamos a lograr eso. No solamente abarca la música, tiene mucho que ver con el actor; utilizar el escenario como un modo de expresión en donde esa persona encuentra libertad”.
“Yo tengo 55 años, hace más de 30 años que vengo cantando en escenarios muy diferentes. Toqué en River Plate, estuve en estadios de Estados Unidos con Soda Stereo, con Cerati. Como solista también canté en festivales muy grandes; el Lollapalooza lo toqué como cinco veces. El año pasado hice 22 shows en Europa y Oceanía”.
Tucumán: Un refugio contra el estrés
Para Leo García, viajar no siempre es sinónimo de descanso, dada su agenda constante de giras. Sin embargo, encontró en el norte argentino un bálsamo particular que prefiere por sobre los destinos tradicionales.
“Yo no soy una persona que salga mucho de vacaciones, porque estoy tan acostumbrado a viajar por la música que no tomo la costumbre de decir: ‘Bueno, me voy a tal lado y me tomo vacaciones para desconectar de todo’. La vez que lo hice fue cuando fui a Tucumán, para ir a Tafí del Valle, hacer todo ese recorrido. Es un lugar que adoro, es un lugar que siempre me dio paz, me ayudó muchísimo a sacarme el estrés. O sea, me funcionó más Tucumán que Mar del Plata o Cariló; me ha funcionado más el paisaje y la gente de Tucumán que la playa”.
Adiós a los excesos: “Lo que más quiero es reírme más”
Lejos de las polémicas y la imagen de "sexo, drogas y rock & roll" que la opinión pública alimentó durante años, hoy García prioriza la salud y el profesionalismo extremo. “10 años atrás o 15 años atrás, seguía en un mood de vida de noche, con alcohol, con alguna droga, con una cosa como cualquier rockero lo vivió. Y yo en un momento tuve un click y dije: 'No, listo, esto ya quedó en el pasado'. Busqué el orden necesario. Soy un tipo virginiano, entonces esto hace que, en el progreso del tiempo, cada vez me sea mejor”, dijo.
“Uno tiene que ser responsable de lo que decidió hacer y lo que hay que darle al público es lo mejor. Entonces, mi estado físico tiene que ser óptimo, mi voz tiene que estar óptima, mi conciencia superconsciente. Soy consciente de que uno tiene que brindarle el placer de vivir a la gente, si no ¿cuál es el mensaje?”.
Los consejos a las nuevas generaciones: Redes, disciplina y control del ego
Al ser consultado sobre el camino para los músicos que recién comienzan, Leo es tajante: la insistencia es la única clave, aunque las herramientas hayan cambiado. Lo primero a tener en cuenta, dice, es “mucha constancia, mucha dedicación, profesionalismo. Cargar con esa obsesión que pide la carrera artística que es la de practicar todo el tiempo, tener una buena imagen, buscar profesores para mejorar. No creer que ya con que sos bueno y alguien te dice 'che, qué bien está tu canción', eso es todo. Hay que seguir”.
Número dos: “Hoy hay que aggiornarse y creo que el buen uso de redes sociales es clave. Si tenés un teléfono y una cuenta de Instagram o de TikTok, ponerse a hacer todos los videos que sean necesarios, porque en definitiva la fama es necesaria para que te sepan encontrar. El carisma se desarrolla con una insistencia absoluta en redes sociales. En mi época yo me tenía que ir desde mi barrio de Moreno hasta Capital todos los días. Esa insistencia hacía que hasta mi mamá se impresionara: '¿Cómo está todos los días con la guitarrita?'”.
Con la honestidad que lo caracteriza, el tercer consejo analiza los riesgos psicológicos de la exposición y la lucha constante contra el ego en un mundo de comparaciones. “Luchamos por el ego. Imaginate si una persona normal lidia con esos problemas, cuánto más una persona que es reconocida, que siempre va a estar comparada con otro que le va mejor. Eso es terrible, porque te nombran siempre al que le va mejor y vos estás ahí remándola. Tenés que encontrar el modo de justificar lo que hacés desde la felicidad, porque si uno no es agradecido, se desmorona todo”.
“La salud mental siempre está en juego para un artista, por eso es normal ver que hay muchos artistas con adicciones. La exposición te da el peligro y el riesgo del narcisismo, de verse tanto en el espejo para crear un avatar, un personaje público. Vas a jugar con ese riesgo, pero lo que hay que hacer es buscar el modo de exponerse constantemente, ser insistente”.
Para sobrevivir, como moraleja de 55 años de vida intensa y extremadamente vívida, aplica filosofías de vida muy específicas. No apela a la expectativa, porque esta lleva a la frustración; según explicó, nada será igual a cómo lo imaginás en tu mente, entonces, al no cumplirse, aparece la decepción. Eso lleva a otra práctica, “el presentismo absoluto”, que explica cómo “poner más énfasis en el trabajo, en la atención del momento y confiar en el desarrollo de las cosas, que en definitiva siempre es la voluntad de Dios”.
Proyectos a futuro
Actualmente, el músico se encuentra trabajando con un nuevo equipo y mantiene una agenda de shows que lo lleva por todo el país. “Tengo un manager que quiero mucho, que cree en mí, que cree que Leo García sigue vigente, y eso es importantísimo para un artista. Me organiza todos los shows, estoy tocando todos los fines de semana. Tengo proyectos para hacer un relanzamiento de mis canciones, pero le doy tiempo, queremos hacer las cosas prolijas. Toco y soy feliz. Todas las semanas estoy en acción haciendo algún video con algún colega y entrenando”.
Además, adelantó que se viene un álbum tributo a Daniel Melero y una reedición de éxitos.
El legado de Gustavo Cerati, vinculado con el presentismo
“¿Cómo se vincula el recuerdo con Cerati con el presentismo?”, fue la pregunta. Lo que desembocó en traer el recuerdo en forma de legado. “Gustavo entra en mi presente, yo soy también el resultado de un artista que él decidió producir. Entonces, lógicamente, estamos hablando de alguien que es más que un maestro para mí, es un padrino artístico. Forma parte de mi ser, es parte de mi ser; será que yo en los shows lo invoco, canto sus canciones que cantamos juntos, entonces sí, siempre está presente. La verdad es que me siento plenamente agradecido”.
Confesó que su vínculo se formó desde la amistad, y él se percibe como uno de los discípulos que buscan continuar con su legado. “Él me elegía para tocar la guitarra, para que lo acompañara, para que pusiera algunos arreglos del teclado y cosas así”, dijo.
Según relata García, los músicos se conocieron en el 94 (o 95) después del lanzamiento de Amor entre rosas, disco producido por Daniel Melero y firmado por Avant Press, su banda previa al momento solista. “Era sabido que Gustavo iba a querer escuchar algo que producía Melero”, explicó. Entonces, fueron presentados en la Discoteca del Cielo. Sin embargo, García ilustró que frecuentaban los mismos espacios, las mismas fiestas, todos parte del jet set de Buenos Aires en los noventa. “Fiesta que había, fiesta que estábamos juntos ahí; íbamos a su casa, a su estudio. En aquel momento también estaba Charly García activo, era un plantel bíblico del rock nacional”.