Ritual de las mañanas, ceremonia de las meriendas y, si se puede, de las tardes hasta que se hace noche, el mate es el compañero por excelencia. Aunque muchos puedan estirar sus días con la infusión de yerba, siempre será necesario un maridaje, en especial cuando el hambre ya se vuelve ineludible. Las opciones son muchas pero, ¿cuál es el mejor complemento de esta bebida?

Cómo convertir el mate en una bebida energizante natural con un solo agregado

Las mateadas no estarán faltas de los famosos bizcochitos, seguidos de otros productos de panadería artesanal. Las medialunas, pastafrola, pan casero o galletitas de manteca son el principal menú que acompaña al rito del porongo. En el apogeo de este momento, surgen las bandejas de factura tradicional que son la preferencia de los consumidores.

La panadería artesanal coo prefencia

El estudio global de tendencias Taste Tomorrow dejó en claro que los participantes de la reunión prefieren los sabores clásicos. El análisis reveló que el 85% de los usuarios opta por gustos de siempre porque evocan nostalgia, continuidad y autenticidad. Es así que la bollería pocas veces se ausenta en la mesa.

Pero los sommeliers y especialistas advierten que la infusión no solo se acompaña de comidas sustanciosas, sino que asimismo se marida. El arte de combinar un alimento con una bebida, una sabiduría que se aplica principalmente al vino, igualmente tiene su teoría en la molienda. Complementar el mate con determinados comestibles puede intensificar o suavizar sus características.

Los acompañantes inesperados del mate

La firma distribuidora Cachamai reflejó el maridaje en dos componentes esenciales y algo inesperados: el queso y el chocolate. El lácteo genera equilibrio mientras que el derivado del cacao, en especial el semiamargo o con frutos secos, aporta profundidad y resalta notas de la hoja.

La sommelier Valeria Trápaga coincidió en este punto: “Los taninos, que suelen dar sequedad en boca, se equilibran con la cremosidad de la variedad quesera, creando una experiencia única. La combinación potencia los aromas y transforma cada sorbo en algo distinto”.

En este sentido, para quienes prefieren sabores suaves o intermedias, los tipos Gruyere, Pategrás o los de cabra más delicados resultan excelentes acompañantes, al igual que un membrillo casero. En cambio, para productos más intensos, entran en juego sabores fuertes como Roquefort o Provolone combinados con pasas o dátiles, generando contraste y complejidad.