La muerte de Nemesio Oseguera, alias "El Mencho", marca un punto de inflexión en la historia del narcotráfico moderno. Fundado en 2009 bajo su liderazgo, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) escaló rápidamente hasta convertirse en la organización criminal más poderosa y letal de México, aprovechando en los últimos años el debilitamiento del Cártel de Sinaloa por sus disputas internas.
Para Estados Unidos, que ofrecía una recompensa de U$S15 millone por Oseguera, la organización es la principal responsable del tráfico a gran escala de heroína, cocaína, metanfetamina y, fundamentalmente, fentanilo. Sin embargo, su financiamiento no se limita a las drogas. Según la agencia antidrogas estadounidense (DEA), el cártel diversificó sus ingresos mediante la extorsión, el tráfico de personas y el robo de combustible a gran escala, dotándolo de una capacidad económica incalculable.
David Mora, experto del centro de análisis Crisis Group, subraya a AFP que el CJNG destaca por su nivel de militarización y armamento. Se trata de un cártel que nunca ha ocultado su arsenal ni ha dudado en desafiar abiertamente al Estado mexicano.
Episodios como el atentado en 2020 contra Omar García Harfuch, entonces jefe de la policía de la capital y actual secretario de Seguridad Pública, o el reciente asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, evidencian una estrategia del terror con claros tintes políticos.
La brutal respuesta que desató el cártel tras el operativo militar en Tapalpa no fue improvisada; fue una exhibición de músculo táctico. La ola de violencia, caracterizada por narcobloqueos y la quema de vehículos y comercios, no se limitó a Jalisco, su bastión principal. El terror se replicó de manera coordinada en Puerto Vallarta y en los estados de Michoacán, Puebla, Sinaloa, Guanajuato y Guerrero.
Si bien las autoridades anticipaban represalias, la escala de los ataques sorprendió a los esquemas de inteligencia. El analista en seguridad nacional Gerardo Rodríguez explica que el gobierno tenía "medida su reacción", pero no estaba en el radar que el alcance fuera nacional mediante la activación simultánea de células afines en distintas regiones.
A pesar del caos generalizado, Rodríguez destaca que la organización no logró cumplir su objetivo primordial: evitar que Oseguera fuera abatido y su cuerpo trasladado a la Ciudad de México, lo que en términos tácticos representa "una operación muy exitosa" para las fuerzas federales.
El futuro
La muerte del capo de 59 años plantea un escenario de profunda incertidumbre. Oseguera ejercía un control omnipresente, similar al de capos históricos como Joaquín "El Chapo" Guzmán o Ismael "El Mayo" Zambada. Su caída es particularmente crítica porque no deja herederos indiscutidos en la línea de mando; de hecho, su hijo mayor, conocido como "El Menchito", fue condenado a cadena perpetua en Estados Unidos el año pasado.
Los especialistas trazan dos posibles caminos para la organización: la continuidad de los negocios criminales mediante un acuerdo entre las distintas facciones, o el inicio de una cruenta batalla por la sucesión.
El pronóstico más temido es este último. "Al no haber una sucesión directa, se crea un vacío de poder que abre la posibilidad de generar reacomodos violentos dentro de la organización", advierten desde Crisis Group. En la misma línea, el experto en seguridad David Saucedo es categórico al proyectar las consecuencias para México: una guerra interna inevitablemente se traducirá en un drástico "incremento de la violencia homicida" en las calles del país.