La histórica fábrica de neumáticos FATE cerró sus puertas y dejó a más de 900 trabajadores a la espera de telegramas de despido. La decisión, según explicaron desde la empresa, responde a problemas de rentabilidad y a una creciente “capacidad ociosa”.

Miguel Olea, empleado con 22 años de antigüedad en la planta, fue uno de los trabajadores que esta mañana se encontró con el cartel en la puerta. “Hoy cuando teníamos que entrar al turno nos topamos con un cartel que decía que FATE dejaba de producir y que cada cual iba a recibir su correspondiente arreglo indemnizatorio mediante telegrama”, contó en diálogo con LA GACETA.

Mientras se desarrollaba una asamblea encabezada por el gremio, la incertidumbre dominaba el ambiente. “La empresa no quebró. Cerró la puerta porque no quiere producir más, porque no le es rentable. Se trabajaba con cuatro turnos; después fueron dos y tendía a quedar uno solo”, explicó.

Según relató, la reducción de actividad se venía profundizando desde hacía tiempo. “Se alega la desmesurada importación de productos. Dicen que no se puede competir. Muchas empresas que cierran se transforman en depósitos: compran y venden, y eso es más rentable que producir”, sostuvo.

Olea recordó que atravesó distintas crisis económicas en sus más de dos décadas de trabajo. “Viví lo de 2001, cuando pagaban con Lecop. Pero algo así, nunca. Crisis pasamos muchas, pero esta decisión impacta fuerte”, afirmó.

Durante la pandemia, la planta fue considerada esencial. “Éramos esenciales. Veníamos a trabajar con todo el riesgo. Muchos compañeros se contagiaron y algunos fallecieron por covid. Y ahora, de un día para otro, pasamos a ser descartables”, expresó con dolor.

El trabajador también señaló que el proceso de retiros voluntarios y despidos encubiertos llevaba más de un año y medio. “Ya nos decían que esto no cerraba. Pero uno siempre tiene la esperanza de que la fábrica siga”, dijo.

IMAGEN ILUSTRATIVA

Con 56 años, Olea enfrenta un escenario incierto. “Nací en el 69. Tengo 56 años. Si salgo a buscar trabajo, ya soy grande. No veo carteles que busquen gente de mi edad. Y no es que tenga problemas de salud, tengo buen legajo, vengo todos los días a trabajar. Pero la edad pesa”, lamentó.

En medio del debate por el modelo económico y la competencia con productos importados, el operario evitó encuadrar la situación en términos partidarios, aunque reconoció que el contexto influye. “Esto no nació de un repollo. Hay una serie de cosas que van en detrimento de la clase trabajadora. Las conquistas que se lograron durante décadas hoy se borran de un plumazo”, señaló.

Sobre los pasos a seguir, admitió que el panorama es incierto. “Esto es muy prematuro. Pasó hoy. Muchos compañeros van a agarrar la plata y se van a ir, porque cuando una fábrica está parada es difícil que haya vuelta atrás”, reflexionó.