Bueno, en realidad el menor riesgo país es útil aunque poco. Porque es más un buen síntoma que una causa de resultados positivos. Recuérdese que este indicador muestra la percepción de la calidad pagadora de un gobierno comparada con la de EEUU a través de la sobretasa que rinde un papel del primero con respecto a lo que paga el segundo. También, que en general al “riesgo empresa” debe sumarse el riesgo país.
Cuando se operan títulos públicos la tasa de interés surge de comparar cuánto rendirá un papel con cuánto se pagó por él. Si se confía poco en el emisor se estará dispuesto a pagar poco, si se confía más se pagará más. De allí las diferencias de tasas según la confianza. Además, una empresa presenta una probabilidad de impago originada en las características de su sector, su balance y su gerenciamiento, pero está inserta en un país con una determinada política económica. Entonces, a los avatares propios debe agregarles los del país. Por eso, aunque haya excepciones, en general a una firma pedir prestado le costará más caro que a un gobierno.
Enero de calma financiera: el dólar "blue" se derrumbó $60 y el Riesgo País se mantiene debajo de los 500 puntosLa baja del riesgo país argentino observada durante enero indicaría mayor confianza en que no habrá sorpresas negativas y a su vez hace pensar que una nueva emisión de deuda pública resultará más barata que en años anteriores. Por ejemplo, endeudarse en diciembre de 2023 implicaba la tasa de los T-bonds de EEUU más 19 puntos porcentuales; hoy, dicha tasa más cinco puntos porcentuales. Si la toma presente fuera para cubrir deuda antigua se cambiaría deuda cara por otra más barata, por lo tanto sería desendeudamiento. En cuanto a las empresas, el menor riesgo país se traduce como mayor confianza en el rumbo económico y en consecuencia endeudarse les resultará más barato. O sea, mayor acceso al crédito.
Como primera aproximación a su interpretación, aquel nuevo valor permite esperar tranquilidad en el mercado cambiario. Por ejemplo, si la cuenta corriente de la balanza de pagos (comercio exterior más movimientos de dividendos e intereses) fuera deficitaria significaría más demanda que oferta de dólares, por lo tanto la cotización de la divisa subiría. Eso alentaría exportaciones y lo contrario con las importaciones equilibrándose la cuenta pero también podría traer temor, baja de reservas, subas de costos o aumentos “preventivos” de precios domésticos. Los inconvenientes no se presentarían si hubiera oferta de dólares por operaciones como las registradas en la cuenta capital de la balanza de pagos, esencialmente préstamos e inversiones. El menor riesgo país señala mejores oportunidades de tomar crédito externo o atraer inversión extranjera y en tal sentido la probabilidad de menos problemas como los mencionados.
¿Y para qué endeudarse? Para capitalizarse. Puede imaginarse la necesidad de comprar un torno para un taller. Una persona común y corriente tiene dos posibilidades. Primera, ahorrar durante muchos años, es decir, hacer sacrificios, ajustes de gastos, para reunir el dinero y comprar de contado. Segunda, abonar con un préstamo y luego hacer sacrificios, ajustes de gastos, para pagar las cuotas. La diferencia está en el flujo del rendimiento. Con el primer camino el sacrificio es anterior al resultado. Con el segundo, sacrificio y aprovechamiento son paralelos, incluso generando ingresos que ayuden a repagar, con lo que el ajuste sería menor. Hasta puede pensarse en quienes ni con sacrificio previo podrían adquirir el torno. El crédito (SGR mediante, por caso) le daría acceso y aunque todo el ingreso adicional fuera a devolución el taller quedaría capitalizado una vez cancelada la obligación. Trasládese a semilla, estudio de los hijos u obras de infraestructura y sus respectivos resultados. Bien aplicada, la deuda permite el ascenso social y el desarrollo económico.
Pero Argentina tuvo décadas de endeudamiento irresponsable hasta violando la Constitución, que prohíbe al Estado tomar préstamos para gasto corriente. Todo debido a un malgasto estatal que llevó a subas de impuestos y ahogo a la actividad privada, préstamos tomados en el mercado interno restando fondeo al sector privado, créditos externos que culminaron en defaults y crisis cambiarias y abuso de préstamos del BCRA y consecuente debacle inflacionaria. Para usar un viejo símil, una persona sin excesos puede tomar una copa diaria de vino. Quien está saliendo del alcoholismo mejor que ni la huela. Argentina es el alcohólico. Eso significa no acercarse al déficit. No sólo buscar equilibrio fiscal sino superávit. De lo contrario, el ahorro caerá y las inversiones desaparecerán porque se esperará el regreso a los viejos errores.
Entonces, ¿cómo hacer obra pública? Pues no se puede. O no tanta como se reclama (muchas veces con razón) porque la menos peligrosa para la macroeconomía sería la que pudiera rendir ganancias y en consecuencia cederse al sector privado, que no es toda.
Un método habitual, además permitido constitucionalmente, para financiar la infraestructura es pedir prestado. Ayuda a mantener gastos permanentes como salarios para determinadas funciones estatales o jubilaciones y al mismo tiempo contar con recursos para acciones que en particular son eventuales (construcción de diques, caminos, escuelas o puertos) aunque casi siempre haya una por desarrollarse y algunas tal vez requieran erogaciones desusadas por lo elevadas. Para realizarlas sin crédito hay que privatizar o congelar gastos o recortarlos. Y en la Argentina adicta al déficit y al malgasto sólo quedan los caminos distintos al incremento de impuestos y (por ahora) la toma de deuda. En esas condiciones, las necesarias privatizaciones y sacrificios rendirán más en un marco de desregulaciones y apertura al mundo.
Compran más dólares, pero el Riesgo País dejó de descenderEn resumen, no hay que entusiasmarse demasiado con el dato de riesgo país pues aunque exprese algo importante su origen inmediato son las transacciones en el mercado de capitales, con toda la variabilidad por diferentes motivos característica de esas operaciones. Sin embargo, alivia en tanto permite pensar en mejores perspectivas para la actividad económica. Y, mensaje de yapa, es incoherente pedir obra pública y al mismo tiempo rechazar el endeudamiento, los ajustes y la reforma estatal.