Un gesto, una palabra o una costumbre cotidiana y de uso habitual en la Argentina pueden convertirse en un problema serio cuando se cruza una frontera para visitar otros países.
Viajar no implica solo atravesar límites geográficos, sino también culturales: gestos automáticos, palabras coloquiales o prácticas naturalizadas pueden adquirir significados muy distintos en otros contextos. Por desconocer formas de relacionarse o normas legales, algunos turistas y extranjeros pueden enfrentar sanciones, conflictos o situaciones que pueden arruinar un descanso -o algo más-, por lo que informarse antes de partir deja de ser una cortesía para convertirse en una necesidad.
El tema volvió a ocupar el centro de la atención pública tras un episodio ocurrido en Brasil que involucra a una ciudadana argentina y derivó en una causa penal. La joven abogada santiagueña Agostina Páez, de 29 años, fue detenida en el barrio de Ipanema, Río de Janeiro, luego de una discusión en un bar. Según la versión de las autoridades de ese país, la mujer utilizó la palabra “mono” y realizó gestos considerados racistas hacia empleados del local. Como medida cautelar, la Justicia brasileña le retuvo el pasaporte y le impuso el uso de una tobillera electrónica mientras avanza la investigación (ver “Un nuevo...”).
El duro testimonio del padre de la joven acusada de racismo en Brasil: “Pregunta todo el tiempo por ella"En Brasil, los delitos de racismo son imprescriptibles y contemplan penas de prisión efectiva. El caso tiene una amplia repercusión mediática y reabre el debate sobre los límites sociales y sus consecuencias jurídicas en el exterior.
Por desconocimiento o irresponsabilidad, se pueden violar algunas leyes que no admiten excepciones. La alcoholemia es uno de los casos más comunes: en países como Brasil, Uruguay y Paraguay rige la tolerancia cero al consumo de bebidas con alcohol para manejar, y negarse a un control implica sanciones severas. En Chile, además, superar ciertos límites no solo genera multas, sino que puede constituir un delito con pena de cárcel.
Malentendidos
Algunos malentendidos pueden generar malestar o incomodidad. Un ejemplo es el gesto de “OK”, formado al unir el dedo índice y el pulgar en un círculo. En Francia normalmente significa “cero” o “no vale nada”, mientras que en Brasil, Venezuela, Alemania o Grecia puede interpretarse como un insulto obsceno. Lo que en muchos lugares expresa aprobación, como en la Argentina, en otros puede provocar una reacción hostil.
Otro caso notorio es la diferencia entre afirmar y negar con la cabeza. En la mayor parte del mundo, asentir es gestualizar “sí” moviendo la cabeza arriba y abajo, mientras que si se lo hace de lado a lado significa “no”. En países como Grecia y Bulgaria ocurre lo contrario, lo que puede generar confusión en conversaciones cotidianas.
Le colocaron una tobillera electrónica a la abogada e influencer santiagueña acusada de gestos racistas en BrasilTambién ocurren situaciones que, si bien no son gestos de rechazo ni discriminación, responden a códigos sociales. En los bares de Alemania colocar el posavasos de cartón sobre la jarra de cerveza (u otra bebida) indica que la persona ha terminado de ingerir o que el lugar queda reservado mientras se ausenta. No hacerlo puede implicar que el mozo traiga otra cerveza sin necesidad de preguntar.
Hay gestos o acciones que en la Argentina pueden pasar inadvertidos, pero que en otros lugares se consideran insultos graves o actos de discriminación. Por ejemplo, hacer el signo de la “V” con los dedos en el Reino Unido e Irlanda es un insulto grave, equivalente a levantar el dedo medio en otros países.
Otros comportamientos habituales también pueden resultar ofensivos. Por ejemplo, sonarse la nariz en público en Japón y Corea del Sur se considera extremadamente vulgar. En Vietnam, cruzar los dedos se asocia a los genitales femeninos y resulta especialmente insultante. En Filipinas, no se debe llamar a nadie con el dedo índice (se utiliza solo para los perros), por lo que hacerlo con una persona es degradante y puede derivar en una intervención policial.
Un acto de discriminación extrema en Estados Unidos y en gran parte de Europa occidental es el “blackface”, es decir, pintarse la cara de negro. Aunque en algunos contextos de América Latina puede aparecer en actos escolares o carnavales, en numerosos países se considera un acto de racismo grave, y suele derivar en cancelación social, pérdida de empleo o sanciones institucionales.
A la cárcel
Lo más grave es que ciertas acciones pueden incluso constituir delitos penales. En Qatar y en Emiratos Árabes Unidos, hacer gestos obscenos o insultar en público puede llevar a la detención, la cárcel y la deportación. En ciudades como Dubái o Abu Dabi, demostraciones públicas de afecto, como besarse o mantener contacto físico (aunque sea inocente en la Argentina), pueden derivar en sanciones severas, especialmente si las personas no están casadas. En los casos más extremos, como en Irán o Arabia Saudita, tomarse de la mano puede ser motivo de arresto por parte de la Policía de la Moral.
Cómo sigue la situación de la joven argentina retenida en Brasil por hacer gestos racistasTambién hay actos que pueden resultar absurdos o una expresión de censura de opinión para los extranjeros, pero que en el exterior configuran faltas muy graves. En Tailandia, criticar, insultar o incluso pisar una moneda que lleve la imagen del Rey es un delito que puede implicar una condena de hasta 15 años de prisión; mientras que en Singapur, cantar canciones obscenas en público, conectarse a una red wi-fi ajena sin permiso o hasta comercializar chicle, cuya importación está severamente restringida, puede derivar en multas elevadas e incluso en la cárcel.