Murga tucumana para reír, pensar… y sanar

Fue uno de los hallazgos artísticos del último año, pero más que las entradas agotadas a los artistas les maravilla lo que el público les devuelve. Cómo surge, por qué funciona y con qué sueñan.

HUMOR CON CONTENIDO. La murga Pa’Ladrar Fino recrea el estilo uruguayo de imprimir una mirada social crítica a las cosas que viven los tucumanos. HUMOR CON CONTENIDO. La murga Pa’Ladrar Fino recrea el estilo uruguayo de imprimir una mirada social crítica a las cosas que viven los tucumanos.
22 Enero 2023

Por Silvina Cena - Especial para LA GACETA.

Es, tal vez, la noche más calurosa de diciembre. No hay nadie afuera porque no hay nadie que tolere la existencia sin algún sistema de refrigeración. Salvo aquí, en este fondo de casa, al 400 de la avenida Avellaneda; una parcela cuadrada con más tierra que pasto, con vasos y botellas de agua ya tibia como único alivio.

Ajenos al calor, a la transpiración, a la polvareda que ellos mismos levantan y los cubre, un grupo de adultos juega. Son juegos clásicos -la pilladita, la mancha, el piedra, papel o tijera- pero en versiones que adaptaron para sí. La escondida, por caso: el que busca cierra los ojos y los buscados se las ingenian como pueden en una superficie llanísima, con nulas posibilidades de recovecos. Uno se abraza las piernas en una esquina, otro mete la cabeza bajo una mochila. La regla es que no pueden moverse del lugar que eligieron y que, una vez atrapados, deberán también cerrar los ojos y tomarse de la mano con el grupo “buscador”.

Tienen los dientes con tierra, la ropa enchastrada, algunas rodillas marcadas, los pulmones sin aire. Y, sin embargo, ríen. Y, sin embargo, dirán después, no hay ningún otro lado en el que preferirían estar.

Cuando se les pregunta cómo empezó esto, todos los dedos índice señalan a Carlitos Seleme. “el socio fundador”, dice alguien; “el culpable”, secunda otro. Carlitos se remonta entonces a esa reunión que convocó en el living de su casa hace cinco años; quería formar una murga, pero quería hacerlo mirando a Oriente: una murga inspirada en las uruguayas, es decir, que combinara coro, percusión, teatro, humor y mirada crítica. De los ocho o nueve que lo escucharon fantasear aquella vez sólo subsisten dos -él y Martín Arnoldi-; pero, sobre todo, ha subsistido el proyecto: así nació Pa’ Ladrar Fino, uno de los grandes batacazos artísticos de 2022.

¿Y en el medio? En el medio, “millones de cosas y personas”, responden, pero primero lo primero: si la murga se inspiraría en el estilo uruguayo, había que exportar formadores de ese país. No estuvieron tímidos con las aspiraciones: se contactaron con Jesús Fernández, una divinidad dentro del género, que les transmitió las primeras y fundamentales herramientas, y hoy figura en la ficha técnica como el responsable de los arreglos corales.

Esa costumbre de traer a expertos rioplatenses para especializarse se mantiene hasta hoy; o, como dice Ramiro Díaz, quienes llegan “por lo menos toman mate”. Maquillaje, batería, letras: cada fracción ha ido buscando su evolución. A su vez, tienen permanentes entrenadores artísticos: en canto, Vivi Vargas; en teatro, Matías Vega Guerrero, el “inventor” de aquellos juegos remasterizados. Y, mientras tanto, el grupo todo fue encontrando su impronta. Un sello propio, mezcla de la combinación de sus singularidades y de la tucumanidad, que los trasciende a todos.

Fue -sigue siendo- un camino con escollos: los chicos se ríen cuando admiten que todavía les llegan mensajes de advenedizos que los confunden con batucadas o comparsas, y que los convocan, por ejemplo, para animar un cumpleañitos infantil. “Nos preguntan si hacemos circo, telas o malabares”, señala Lucía Dzienczarski. “Hacemos malabares -aporta Luz Usandivaras-, pero no en ese sentido…”.

Los malabares que sí han hecho: buscar el modo de financiarse, sobre todo al principio; robar tiempo a sus familias y trabajos para reunirse (presumen una dinámica de dos ensayos semanales); mantener el equilibrio y la organización en una comunidad que hoy excede los 20 integrantes. No es fácil lidiar consigo mismos cuando son tantos. Pero lo logran porque vale la pena: todos los que entran a la Pa’Ladrar Fino, dicen, experimentan revelaciones que los transforman.

“Yo salí del clóset estando en la murga -cuenta Ramiro Díaz-. El arte siempre estuvo presente en mi adolescencia, pero como algo que no estaba bien, que negué por mucho tiempo. Y en este espacio afloraron muchas cosas”.

“Yo no cantaba delante de nadie, ni mi familia ni mis parejas me conocían la voz -agrega Vicky Demelchiorre-. Me encantaba, pero lo hacía cuando estaba sola. Decidí que quería dedicarme a esto e hice la audición sin imaginar que sería aceptada. Me encontré con un mundo que desconocía”.

“Yo rompí miedos que no tenían que ver con lo artístico, sino con lo personal -dice Lucas Ramírez-. No me salía cantar solo, al punto de bloquearme tanto que no me escuchaba, y el grupo me acompañó para romper esa barrera. No tengo que hacerlo en los shows, pero esa contención me sirvió para superar otros miedos”.

“Yo era bastante cuadrada e insegura en algunas cuestiones -acepta Lucila Sánchez Lizarraga, más conocida como Miau-. Entré sin expectativas y aquí me sentí tan cómoda… Hay amor y respeto entre nosotros, y hay aprendizaje constante: aquí te das cuenta de que los límites están en la cabeza”.

Como es adentro, es afuera. Así como la murga ha impactado en sus miembros, también moviliza a quienes la ven, que no han sido pocos en el último año: tres Rosita Ávila y un San Martín con entradas agotadas para su show “Dudar no está mal”, además de varias presentaciones callejeras y con el broche dorado de ser uno de los ganadores de la Fiesta Provincial del Teatro.

No todas las reacciones son elogiosas: con humor y sarcasmo, la murga trata temas candentes, y eso les ha valido -por ejemplo- que haya quienes se retiraran del espectáculo o expresaran su desacuerdo con ciertos fragmentos de la obra. Pero eso es un efecto calculado de un grupo que nació con esa intención: aportar una mirada crítica aunque sin sentar posturas. “La idea no es bajar línea sino dejar preguntas porque nosotros también nos las hacemos -explica Seleme-. Creo que eso indica un cambio en una sociedad agrietada en la que todos parecemos tener la verdad en vez de cuestionarnos”.

Están también las otras reacciones: el aplauso cálido que baja de las gradas, alguien que se emociona hasta las lágrimas en el centro de la platea, un niño en una escuela rural que se maravilla con la refulgencia de sus trajes. Muchos que les dicen “¡queremos ser parte de la murga!”, muchos que van a verlos dos o tres veces porque entienden que hay varias capas en el show y que nunca es el mismo. Algunos que entran en genuina complicidad (o disputa) con ciertos personajes y algunos que mencionan esas palabras mágicas, que siempre los conmueven: “qué bueno lo que dicen, porque es necesario”.

Con suerte, dicen, el efecto será contagioso y les ilusiona pensar que pueden servir de inspiración para otros grupos que tengan algo para decir. “No hay que caer en que la murga es el único camino, cada uno adoptará su formato -razona Christian Cruz-. El tema es encontrarse con el otro, respetarse… y lo que surja”.

“Creo que la semilla está, yo pongo las fichas en los niños y las niñas”, dice Seleme, y el grupo corea un “siiii” unánime.

“¡Se viene la Pa’Ladrar Finito!”, sobresale alguien. Y antes de que las risas estallen, otra voz aporta: “en cinco o 10 años… ¡esto va a ser como Julián Álvarez con Lionel Messi!”.

¿Quiénes son?

- Coros: Lucas Ramírez, Carlitos Seleme, Ramiro Díaz, Gonzalo Bravo, Lucila Sánchez Lizarraga, Vicky Demelchiorre, Luz Usandivaras, Micaela Gramajo López, Martín Arnoldi, Joan De La Silva, Agustín Cuezzo, Martín Cena, José Ponssa y Germán Sánchez.

- Batería: Kiyoshi Fortuna, Christian Cruz y Federico Villagra.

- Maquillaje: Melisa Ruth Abregú.

- Sonido: Ñandú Records.

- Arreglos corales: Jesús Fernández.

- Entrenamiento actoral: Matías Vega Guerrero.

- Entrenamiento vocal: Vivi Vargas.

- Director musical en escena: Paul Gramajo López.

- Dirección escénica: Lucía Dz González.

- Su primer espectáculo original fue “Dudar no está mal”.

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