La educación sigue fuera de agenda

08 Diciembre 2022

Juan María Segura

Especialista en Educación

Días pasados se conoció una nueva edición de “La visión de los líderes 2023”, publicación realizada anualmente en esta época del año por un reconocido periódico local. Prolija, relevante, informativa, como cada año, la publicación consolida la mirada de los 400 directivos de las organizaciones más importantes del país. Muchas caras conocidas y casi todas las industrias representadas, con el fin de anticipar lo que ocurrirá en un 2023 que se plantea tan desafiante como incierto. Como siempre. Un documento “coleccionable”, como lo indica la propia publicación, y un insumo estratégico para la toma de decisiones de los directivos de cualquier institución.

No puedo dejar de analizar este documento desde la perspectiva de mi campo de actuación, que es la educación. Visión, liderazgo, toma de decisiones, agenda nacional, son conceptos y palabras que atraviesan a la educación en todos sus ciclos, en todas sus dimensiones. Si aceptamos que la educación es la sumatoria de acciones y prácticas que crean la arquitectura y el andamiaje moral y valorativo de una Nación, entonces es imprescindible analizar esta entrega desde la mirada educativa.

En primer lugar, me resulta sorprendente no ver ni una sola cara del mundo educativo en la tapa del suplemento. Ni una. Casi 100 altos directivos de diferentes organizaciones, líderes que conducen la marcha de organizaciones relevantes, sin que la voz de la educación esté presente. En la contratapa pasa algo similar, con 128 rostros y organizaciones diferentes, y solo uno representando a la educación, en la última fila y el último rincón. O sea, una única presencia en 224 miradas, que además se trata de la responsable de una unidad académica dentro de una institución. ¿Puede un “coleccionable” incurrir en semejante descuido?

Lamentablemente, aquello que insinúan las fotos de la tapa y la contratapa es consistente con el contenido que se ofrece dentro del propio documento. El análisis de las casi 400 voces de organizaciones, apenas está enriquecido con la mirada de escasas siete instituciones educativas, todas universidades privadas que en conjunto representan a unos 30.000 alumnos de grado. No hay voces ni de directivos escolares, ni de universidades de gestión pública, ni de institutos de enseñanza de ningún otro tipo. Cabe aclarar que en el país hay unos 10 millones de alumnos escolares, y más de 2 millones de alumnos en el segmento de la educación superior. ¿Quién habla por ellos en esta entrega?

Lo que podría parecer una desatención involuntaria, o un mera restricción de espacio editorial, también vuelve a materializarse en un segmento del “coleccionable”. Presentado como “La mirada de 10 referentes sobre los principales desafíos y oportunidades que esperan a la Argentina de cara al año que se inicia”, se suceden las opiniones de economistas, politólogos, banqueros, empresarios y de un referente del ecosistema emprendedor. No llega esta última a ser una voz propiamente dicha del mundo educativo, aunque orilla el debate del desafío educativo del año próximo y de los años venideros. Nuevamente, 10 voces que hablan de los principales desafíos, y la educación nuevamente ausente.

La explicación, a mi pesar confirmatoria, de tanta desatención del sistema educativo argentino se presenta en un pequeño cuadro que resumen el resultado de una investigación y encuesta de opinión pública realizada por CIO Investigación durante 2022. Frente a la pregunta de “¿Cuáles deberían ser las prioridades del gobierno?” (supongo que para el año siguiente), las respuestas aparecen en el siguiente orden: 1. Corregir la inflación (693), 2. Normalizar el tipo de cambio (488), 3. Reducir el gasto público (482), 4. Reducir la carga impositiva (339), 5. Presentar un plan de reactivación productiva (333), 6. Dar mayor previsibilidad para las inversiones (331), 7. Generar empleo (330), 8. Reducir la pobreza (324), 9. Reducir el costo laboral (316), 10. Abrir la Argentina al comercio internacional (200), 11. Reducir el nivel de conflictividad sindical (154), 12. Acompañar a las empresas en su transformación digital (101), 13. Acortar la brecha de género (77) …. Fin. Sí, de educación, nada. Normalizar, corregir, generar, reducir, abrir, todo en otras áreas o actividades, pero nada sobre la educación, nada.

No debemos naturalizar que la educación, en todos sus niveles, esté tan fuera de agenda, tan fuera de radar. ¿Acaso existe una visión posible del país sin educación? ¿Acaso existe una agenda nacional, lo que sea que ella signifique, que no incluya a la educación? ¿Acaso existe la posibilidad de tener una mirada prospectiva integral para una Nación, sin factorizar e integrar adecuadamente la dimensión educativa dentro de las prioridades del gobierno?

No es mi intención caerle encima a nadie en particular por este asunto. En algún punto, todos somos responsables del poco interés y la escasa atención que ponemos sobre la educación. Esa desatención, en parte, es la que ubica al tema fuera de agenda y de casi todos los rankings de opinión. Ese poco interés, en parte, es el que plantea como posible a la realización de un suplemento “coleccionable” consolidando la mirada de los directivos de las organizaciones más importantes del país sin que haya un vertical educativo claro e incuestionable.

La educación baña en todos sus matices a nuestro proyecto de país. Somos como Nación aquello que aspiramos como educadores. Construir una sociedad justa, equitativa y próspera es un proyecto inviable sin una educación de calidad en todos sus niveles. Si, leyó bien, inviable. Somos como colectivo aquello que logramos como educadores.

Si anhelamos abandonar esta senda de retroceso en la que nos hemos empecinado, debemos actuar, debemos reclamar, debemos recalibrar. Solo la buena educación nos puede proveer un basamento firme sobre el cual edificar. Solo una alianza inquebrantable entre educación y progreso nos devolverá a la senda del crecimiento y del progreso. ¿Tan difícil es aceptarlo? ¿Acaso otros países no lo han logrado?

2023 nos desafía en muchos aspectos, es cierto. Pero mucho más nos desafía la necesidad de ubicar a la educación, nuevamente, en un lugar central de nuestro hacer y ser. Seremos una Nación educada, o seremos recurrentemente esto que tanto todos rechazamos.

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