Entrena a emprendedores de “estaño” tras el drama que lo sacó de la arquitectura

El tucumano Merlini se inspiró en su experiencia en las carreras de triatlón Ironman para generar entrenamientos destinados a hacer crecer los negocios. A los 37 años dice que se “jubiló” y que con su empresa Stannum quiere motivar a emprender. “Dejé de trabajar hace dos años. Ahora estoy jugando. Me desprendí definitivamente de la dureza que me expulsó del mundo anterior”, asegura

A EMPEZAR A HACER OTRA COSA. “En julio de 2019 entendí que eso, el ejercicio de la arquitectura, no era para mí y comencé a salir de ahí”, explica el tucumano Merlini. A EMPEZAR A HACER OTRA COSA. “En julio de 2019 entendí que eso, el ejercicio de la arquitectura, no era para mí y comencé a salir de ahí”, explica el tucumano Merlini. LA GACETA / FOTOS DE ANALÍA JARAMILLO

La vida dejó a Martín Merlini, fundador de Stannum, sin margen para lidiar con los conflictos clásicos del ejercicio de la arquitectura: después de transitar por una crisis muy brava, descubrió que la solución pasaba por transformar en un trabajo lo que le gustaba hacer, en particular el deporte de alto rendimiento.

La paradoja es que, según cuenta, cuando se reinventó a sí mismo y se convirtió en lo que es, un entrenador de emprendedores, dejó de trabajar y volvió a divertirse como un niño. Era justamente lo que el cuerpo le exigía después de enfrentar el dolor más temido.

“Descubrí que el poder del entrenamiento deportivo puede aplicarse a los emprendimientos para que estos crezcan. Como triatleta completé dos Ironman y tengo otros cinco por la mitad. A finales de 2017 pegué un volantazo”, se presenta Merlini.

Hasta ese momento y pese a las asperezas, él era un arquitecto totalmente compenetrado con el estudio de su padre Osvaldo. Un diagnóstico médico cambió por completo esa “normalidad”. Al primer hijo de Merlini, Lucas, le habían detectado un tumor en el cerebro. Era un bebé de seis meses.

En Buenos Aires, extrajeron el tumor y comenzaron la quimioterapia. “Con mi esposa, que es odontóloga, dejamos de trabajar en nuestras profesiones. No podíamos hacer otra cosa que ser padres y estábamos sujetos a la buena de Dios. Vivíamos en la terapia intensiva del Hospital Italiano. Él falleció el 20 de julio de 2017. En ese momento tocamos fondo”, relata.

Tiempo de depresión

Empezó un tiempo de depresión. Merlini aclara que él ahora puede hablar de esto con libertad, pero que tuvo que dar muchas vueltas para lograrlo. Al medio año que siguió al fallecimiento de su hijo los denomina “seis meses de oscuridad”. Después de pensar y pensar, concluyó que él debía dedicarse a honrar la historia de Lucas. “Yo había perdido el sentido y tuve que buscarlo. Intenté con la arquitectura consciente para evitar que, en el tren de mejorar la calidad de vida de los destinatarios de una obra, se perjudicara a las generaciones siguientes. Pero debía lidiar con los conflictos y las toxicidades superficiales propios de la profesión, y no aguantaba nada después de lo que me había pasado. En julio de 2019 entendí que eso, el ejercicio de la arquitectura, no era para mí y comencé a salir de ahí”, explica.

¿Qué hizo? Tomó los conocimientos de posgrado que había adquirido y los utilizó para indagar qué lo motivaba. Fue el conejillo de su primer entrenamiento: un procedimiento para hacer la transición entre lo que uno quiere dejar y lo que uno quiere abrazar.

Gracias a esa búsqueda encontró qué era lo que elevaba sus energías a la máxima potencia. “Me gustaba entrenar, enseñar, los negocios… ¿qué pasa si creo un emprendimiento que fusione todas mis pasiones?”, relata que se preguntó. A finales de 2019 se prende la primera lucecita y Merlini, que ya tenía otros dos hijos, decide que era hora de volver a su mejor momento deportivo.

Entonces escribe un objetivo que, según su criterio, era muy superior a un Ironman. “Eso, que parecía imposible, me activó”, recuerda. Inició la pesquisa de un entrenador, la elaboración de un plan de entrenamiento y las sesiones de entrenamiento, y se dio cuenta de que podía trasladar esa metodología a la dimensión de los negocios y del emprendedurismo.

Practicar y dominar

“Me propuse crear una rutina para entrenar en el desarrollo estratégico de los negocios para que crezcan porque advertí que el problema del emprendedor radica en que está sumergido en la operación del día a día: mira solamente un árbol, no el bosque ni la montaña”, afirma el “coach”.

El “gimnasio” que inventó consiste en un búnker donde quienes acuden a él no pueden dispersarse ni distraerse: sólo concentrarse en el objetivo. “Esto es así porque todos tenemos ya destruida la atención. ¿Quién se concentra durante tres horas continuas? Sólo los que adquirieron el hábito. Por eso es importante que haya un entrenador que funcione como ancla y te ayude a superar tus niveles de rendimiento”, dice.

Así fue que Merlini pasó de arquitecto que no le encontraba la vuelta a su carrera a machacar con la profesionalización de los emprendedores desde su propia compañía.

“Todos tienen grandes aspiraciones y sueños, pero nadie sabe escribir objetivos concretos y nadie sabe manejar metodologías de gestión de proyecto para alcanzarlos. Ahí aparece para mí la palabra ‘stannum’, que significa ‘estaño’ en latín”, expresa.

Merlini tomó el nombre de ese elemento químico metálico cercano de alguna manera al hierro (“iron” en inglés) porque promueve la necesidad de que los emprendedores se identifiquen con sus cualidades: resistencia a la corrosión, capacidad de proteger la fragilidad del vidrio, maleabilidad, adaptación… “Y así nació Stannum. Entrenamiento para emprendedores”, resume.

La nueva fase del arquitecto empezó de manera práctica con un prototipo de formación que entregó gratuitamente a un grupo de colegas que querían profesionalizar sus despachos con el compromiso de que, si funcionaba, estos iban a conseguir alumnos dispuestos a pagar para capacitarse en Stannum.

El primer entrenamiento dio frutos y pronto Merlini empezó a recibir requerimientos de otros profesionales, como veterinarios y contadores.

Así concibió las versiones de pago de dos programas de formación. En eso estaba cuando la pandemia lo obligó a pasarse al modo 100% digital. Hoy trabaja con diferentes niveles de intensidad y demandas, siempre con apego al espíritu deportivo, y en el portal de su negocio ya asoma una auténtica Academia Stannum.

Satisfacción

El fundador no oculta cuán satisfecho está. “Imaginate, dejé de trabajar dos años atrás: ahora estoy jugando. Me desprendí definitivamente de la dureza que me expulsó del mundo anterior”, admite. Por el lado de sus entrenados, la diferencia radica en el énfasis en la práctica.

“A mí me gusta hacer una comparación con la natación, donde aprendemos los estilos nadándolos y las correcciones, desde las más gruesas a las más finas, ocurren en el agua. Nadie nada a partir de una teoría que recibe de parado”, describe Merlini.

Él hace hincapié en la ejecución, en aprender a partir de cometer el error y en la vivencia de las cosas: “el problema de un emprendedor avanzado es la dificultad para aplicar las nuevas ideas porque choca contra la barrera de la falta de voluntad, de concentración y de foco. Si uno se mete en una sesión de entrenamiento deportivo, no se puede escapar, y hace cosas que no imaginaba que lograría. Ese es el juego: empujar los límites físicos y psicológicos. El trabajo consiste en entrenar la mente para desarrollar fortalezas y técnicas, entre otras habilidades”.

En Stannum buscan que los emprendedores dominen ciertas armas, como el manejo de objetivos; de las estrategias; de las tácticas o planes de acción, y de las técnicas de trabajo para liderar, comunicar, etcétera. “‘Dominar’ significa llegar hasta el punto de que sale naturalmente, sin pensarlo”, precisa Merlini.

Y como si repitiera una especie de decálogo, enumera: “el dominio número uno es la organización. La escritura es el dominio número dos. El tiempo es el dominio número tres: nadie sabe gestionar el largo, medio, corto e inmediato plazo. El dominio número cuatro son los datos o números sobre los ingresos y egresos”.

Según el fundador de Stannum, un emprendedor profesional es aquel que vive lo que quiere vivir y que se aleja de la lógica de la reacción para enfocarse en los temas estratégicos. “Esta es la gran diferencia entre operar un negocio, y desenvolverlo y hacerlo crecer”, refiere.

En el 2020 pandémico, Merlini logró que su emprendimiento se transformara en su medio de vida. Al respecto, acota: “me ‘jubilé’. Ahora soy feliz el 100% de mi jornada laboral. A la tristeza no te la sacás, pero al menos tenés la energía que te da vivir cosas lindas. Mi misión es ser fiel a la historia de mi hijo Lucas y colaborar para que otros encuentren su propio sentido. Es algo que entendí a partir de escuchar a mi cuerpo. Lo hice y ahora sé que sí se puede”.

La receta de Stannum

Encontrar una misión personal y ser fiel a ella.

Aprovechar para los negocios la metodología del deporte profesional.

Salir de la operación cotidiana del proyecto para hacerlo crecer.

Aprender en la práctica, como si se estuviese nadando en una pileta.

Reemplazar la lógica reactiva por otra fundada en la proactividad.

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