EN WASHINGTON. Massa, junto con su equipo, habla con la subdirectora gerente del FMI, Gita Gopinath, y con parte del staff del organismo.
Las recetas siempre están disponibles, pero en la Argentina lo que falta es decisión política para encarrilar una economía que, pese a las correcciones de los últimos meses, no ha encontrado un sendero claro que la conduzca, por un lado, a la estabilidad y, por el otro, al crecimiento. En un mundo en crisis, donde lo peor está por venir (inflación global en aumento y un dólar fortalecido), según la advertencia del FMI, la Argentina se enfrenta a una suerte de “trilogía imposible” de cara a 2023, advierte el economista de la Fundación Mediterránea, Jorge Vasconcelos. El marcado descenso de la inflación, al 60% anual, es una proyección que, de cumplirse, sería una fuerte contribución a la competitividad del país, ayudando a impulsar las exportaciones pero, al mismo tiempo, afectaría negativamente el cumplimiento de las metas fiscales, ya que el gasto público se expande con una fuerte inercia determinada por la inflación pasada, mientras que la recaudación depende crucialmente de la inflación presente, explica Vasconcelos.
En ese escenario de inflación descendente, la contracara sería una dificultad creciente para cumplir las metas fiscales y un cada vez más abultado peso de la deuda y del costo financiero que enfrenta el Banco Central. Estos dos “efectos colaterales”, puntualiza el economista, resultan contraindicados para un objetivo crucial para el gobierno nacional: conseguir financiamiento en el mercado de capitales local. En principio, en 2023 el Tesoro necesita colocar títulos públicos por $ 15,5 billones (10,5% del PBI), destinados a pagar vencimientos y generar “dinero fresco” por casi $ 4 billones, equivalentes a nada menos que 2,6% del PBI, siendo ésta la principal fuente de financiamiento del déficit fiscal del próximo año. Un verdadero “festival de bonos” para que cierren los números de 2023, con la particularidad que serán títulos que habrán de vencer durante la siguiente gestión presidencial, remarca.
Inflación y dólares son dos cuestiones que siguen pendientes para la economía argentina. En el país ya hay más 15 cotizaciones del dólar. Este engendro de tipos de cambio múltiples va en contra de la ley del precio único, apunta el economista Nery Persichini. En este sentido, no se permite que los precios funcionen eficientemente dando señales para ordenar la oferta y la demanda. Este esquema armado “sobre la marcha”, en función de la disponibilidad y necesidad de divisas, no hace más que desordenar a la economía para quienes necesitan un horizonte de planificación más extenso, indica en el reporte semanal de GMA Capital. Según ese diagnóstico privado, el FMI sabe todo esto, pero hace la “vista gorda” (en el documento del staff del Fondo remarca su oposición a los tipos de cambio múltiples, pero aun así avaló el “dólar soja”) quizás por lo comprometido que el organismo está con el préstamo a Argentina y la necesidad de no perder influencia en la región. Mientras tanto, la gestión del presidente Alberto Fernández sigue buscando mecanismos para evitar una mayor sangría de las reservas del Banco Central y, de ser posible, captar más divisas y evitar, paralelamente, una devaluación brusca del peso. Sin embargo, la aceleración del crawling peg por encima del 100% anualizado es una devaluación silenciosa, pero que se hace notar. Además, el aumento impositivo aplicable a los consumos en moneda extranjera es una forma de convalidar las expectativas de deterioro del peso con la que el mercado opera, mientras se mantiene el dólar oficial pisado en términos reales, señala GMA.
Cóctel recesivo
En el mercado se preguntan si el Gobierno se animará a alinear definitivamente la tasa de devaluación con el ritmo de suba del Índice de Precios al Consumidor (IPC), convalidando un piso creciente de la inflación, y a seguir endureciendo la tasa de interés. “El cóctel es recesivo, un plato que casi nunca está en el menú de la política. Por eso, probablemente la decisión oficial enfile hacia otra dirección”, indica Persichini. Por caso, se habla que, a partir de noviembre, podría implementarse una suerte de “plan de estabilización”. Abarcaría un acuerdo de precios, salarios y tipo de cambio para abatir la inflación por cuatro meses. De ser solo eso, se trataría de solo otra anémica receta heterodoxa, sin una plataforma de apoyo político amplio, ni racionalidad fiscal, monetaria y cambiaria, ni reformas, que probablemente agrave los desequilibrios y requiera de cirugía mayor en el futuro, según GMA.
“El Gobierno lo que busca es ir a la estabilización preservando el poder adquisitivo del salario. No es fácil, pero es el camino. Por eso se convocó a las paritarias, al Consejo del Salario, ahí habrá que discutir sector por sector, nada mejor que una paritaria para conocer lo que pasa”, afirmó José Ignacio de Mendiguren, secretario de Industria y Desarrollo Productivo. Así, fijó una diferencia con los programas que decían que “primero había que ajustar y después se iba a crecer”. “Ya conocimos la experiencia, el famoso equilibrio fiscal que buscaban nunca lo encontraban”, indicó, para finalizar advirtiendo que “siempre un ajuste económico es un ajuste social, y un mal ajuste económico es un desastre social”, planteó el funcionario.
Durante su participación en el Coloquio de IDEA en Mar del Plata, el economista Martín Redrado, expuso que la “Argentina necesita un programa de estabilización, pero también de crecimiento”. Para eso, es condición indispensable que “haya mecanismos de desindexación de las cuentas públicas”. En ese sentido, el ex titular del Banco Central afirmó que la política debe predicar con el ejemplo en materia de ajuste fiscal. “Argentina necesita no más de ocho ministerios por eso hay que reducir y eficientizar la ingeniería del sector público. Y a nivel provincial hay que ir a legislaturas unicamerales”, detalló.
Planteos de Massa a organismos externos
El ministro de Economía, Sergio Massa, advirtió sobre la “absurda contradicción” entre los organismos de desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a la hora de mirar las cuentas públicas, ya que señaló que “unos consideran a los desembolsos como inversión y los otros, déficit fiscal”. En el cierre de su nuevo viaje a Estados Unidos, el líder del Frente Renovador expuso en redes sociales algunos de los puntos que planteó a autoridades del FMI, el Banco Mundial y el G20.
“La guerra viene teniendo un costo muy alto para los países del hemisferio sur: a la Argentina ya le costó U$S 5.000 millones y no hay ámbito global donde se esté discutiendo este tema”, dijo. “Alertamos sobre la necesidad de revisar el rol de los organismos de desarrollo en el contexto de la crisis alimentaria y energética, en particular, sobre las energías de transición como el gas”, señaló a través de Twitter.








