La otra cara de la moneda

En sólo 18 días de septiembre las cosas se muestran muy diferentes. Se afianza la unidad del oficialismo encolumnados detrás de la vicepresidenta. Se sinceran los roles y eso confunde a la entusiasta oposición. Las encuestas.

En la vida de la Argentina hay un antes y un después del intento de matar a Cristina Fernández de Kirchner.

Según un estudio de Ricardo Rouvier y Asociados ese hecho le provocó indignación a un 54% de los encuestados y le causó miedo a un 21% de los consultados. Entre los restantes, el 15% ni siquiera lo toma en serio al ataque y al otro 7% le resulta absolutamente indiferente.

Estos últimos tal vez sean lo más desinteresados en la vida misma o quizás estén planeando dejar el país porque si algo pasó a raíz del intento de asesinato es que cambió el tablero de la Argentina.

Hasta aquel jueves en el que comenzó este mes era la acusación del fiscal Diego Luciani y la inflación los que se llevaban por delante la realidad de los argentinos. El gobierno era una piltrafa como si le hubieran pasado por arriba los forwards de Sudáfrica y de Los Pumas juntos. Desconcertado y errático se lo llevaban por delante. Fue en ese momento cuando apareció por televisión el arma de Fernando Sabag Montiel.

Ahora, 18 días después la imagen de Cristina ha mejorado respecto de agosto. Sin embargo, el 60% de los entrevistados por la consultora de Ricardo Rouvier la sigue considerando culpable de los hechos de corrupción por los cuales es juzgada. Y, a la gestión de Alberto Fernández de Kirchner le pasa exactamente lo mismo. No logran levantar su imagen aún cuando los datos económicos han frenado el vendaval.

Esa realidad dramática del oficialismo se había convertido en el alimento ideal para las internas. Ellas iban corroyendo el cuerpo del peronismo que no encontraba otro consuelo que aceptar la hipótesis de una derrota el año que viene. En 18 días todo se dio vuelta. Se encolumnaron detrás de Cristina. Alberto reconoció que él no lidera nada. Se dedicó a inaugurar cordones de vereda y dejó que la vicepresidenta lidere todo y Sergio Massa gobierne a gusto.

Y estos movimientos ya empiezan a notarse en el escenario electoral que –según Rouvier- mantiene en la punta a Juntos por el Cambio –con Horacio Rodríguez Larreta a la cabeza entre los postulantes de la oposición- con un 31%. Es el mismo número que tenía la medición anterior de agosto. En cambio Massa, en el oficialismo, crece y alcanza un 22% y el que si retrocedió fue Javier Milei que obtuvo un 19%.

Debate pendiente

El episodio ocurrido a los pies del edificio de Recoleta donde vive la vicepresidenta ha puesto sobre el tapete un tema que ocupa muchísimos años en la vida de la Argentina. Se trata de la relación entre violencia y política. Esta cuestión no tiene claro los límites y los principales actores de la vida pública son tan timoratos que le esquivan al debate. Sin embargo, la realidad siempre les pega algún mandoble. Esta impresentable “Banda de los copitos” los puso contra las cuerdas y en el caso de Tucumán el asesinato al hincha de San Martín también interpela a todos los que tienen voz pública; específicamente a los dos gobernadores, el interino y el licenciado.

Es difícil encontrar un clima inteligente para debatir -¿y erradicar?- el vínculo entre violencia y política. Tanto el gobierno nacional como la oposición no contribuyen en ese sentido porque inevitablemente piensan –y saben- que en muy pocos meses los argentinos estarán frente a las urnas tomando la decisión más importante, cual es delegar el poder que tiene el ciudadano.

Tanto es así que el oficialismo en lugar de analizar y procesar el ataque a Cristina con el microscopio de la historia se muestra preocupado por sobreactuar la victimización.

Por su parte, los opositores han hecho algo parecido al tratar de banalizar el episodio que, les guste o no a los indiferentes e incrédulos, ha cambiado la vida política del país.

En los últimos días le ha devuelto la centralidad perdida a la vicepresidenta que venía si poder levantar cabeza. Después de diferentes tira y afloja el peronismo se ha encolumnado detrás de ella y hasta se ha abierto la posibilidad de un diálogo. Curiosamente ha sido la propia vicepresidente la que ha propiciado esa iniciativa (Alberto lo había intentado, pero ya nada es creíble en su boca) al punto que ella ha dicho con quien debería dialogar. Cristina ha elegido a Mauricio Macri como el interlocutor válido.

Eso ha sacudido el desorden de la oposición que tiene a Facundo Manes con un 11% neto en su imagen (39,9% de positiva y 28,8%, negativa) mientras que Rodríguez Larreta apenas consigue un 7,8 (52,9%, positiva y 45%, negativa). Macri, en cambio presenta una imagen neta negativa. Llega a -28,6 (34,8% de positiva y 63,4%, de negativa).

Otra grieta

En esta rara argentina en la que se ha abierto un nuevo capítulo en el que pareciera que es posible un debate, la Justicia se convierte en un valor central. Zamarreada y devaluada por el poder de turno afronta ahora un nuevo desafío para fortalecer su independencia.

Sin quererlo el fiscal Diego Luciani se ha convertido en un referente de esa Justicia. En ese marco en la última encuesta que realizó Jorge Giacobbe se le pidió a los consultados que definieran espontáneamente con una palabra al fiscal. La mayoría coincidió en un adjetivo que no es propio de la Justicia: Valiente. En segundo término están los que lo definieron como Honesto, en tercer lugar los que lo definieron como un héroe y en cuarto, los que lo catalogaron de corrupto.

Al ser la misma consulta sobre Cristina hubo dos respuestas espontáneas que se impusieron fuertemente sobre las otras: Chorra y corrupta, fueron las palabras. En tercer lugar quedó el vocablo líder.

La Justicia juega una carta muy importante en la investigación de la poco decorosa y prestigiosa Banda de los Copitos. En esta investigación ha venido demostrando un trabajo prolijo que contribuye a recuperar aquella imagen perdida por la Justicia cuando empezó a bailar, ya en tiempos menemistas, al compás de los poderes de turno.

Cuestiones pendientes

En el oficialismo tucumano pareciera haberse cerrado la discusión por la candidatura a gobernador. A medida que los meses avanzan se va afianzando la figura del gobernador interino a quien cada vez discuten menos los manzuristas más obsesivos.

No obstante, después de la encarnizada batalla de los comicios anteriores va a ser muy difícil que todas las heridas lleguen cicatrizadas a las elecciones del año que viene. En términos de negociación está claro que aún están pendientes algunos términos del acuerdo que por otra parte ellos dos conocen.

En ese intríngulis se anota la hipotética candidatura a intendenta de la capital de la actual diputada nacional Rossana Chahla. Tampoco se ha definido quién se quedaría con la presidencia subrogante de la Cámara. Siguiendo la casi segura idea de que Juan Manzur integrará al fórmula e iría como candidato a vicegobernador y por lo tanto sería el amo y señor de la Legislatura. Esa tarea la conoce bien el actual jefe de Gabinete ya que fue la catapulta que utilizó en tiempos en que gobernaba José Alperovich y Manzur era el “sijosesista” número 1.

Todo esto si es que el plan B del gobernador en uso de licencia no termina resultando efectivo. Pese a que ha sufrido más devaluaciones que el peso, Manzur sigue confiando en que puede llegar a integrar una fórmula presidencial.

Siguiendo los supuestos de que el oficialismo triunfará, Manzur no quisiera resignar el control de la Legislatura y de su caja ya que siempre ha sido muy importante para el manejo político. Si terminara de nuevo en Buenos Aires, esa posibilidad no quiere dejarle a Jaldo. Ya sería mucho. Por eso el tercer lugar de la línea sucesoria es algo que está en juego a pesar de que falte tanto.

En síntesis, no quiere que le pase dos veces lo mismo. Por si acaso se diera que el peronismo ganara y él jugara un rol nacional necesita garantizarse el control de aquella jugosa caja legislativa y para eso debe asegurarse que el presidente subrogante sea un hombre suyo. Y, si así fuera, es posible que el senador Pablo Yedlin tenga que ser notificado que deba encabezar un acople por la Capital. Quizás lo mismo pudiera sucederle al diputado Mario Leito. El desdoblamiento electoral (primero se votaría en Tucumán y luego en la Nacional) permite estos artilugios electorales que no hacen otra cosa que seguir deformando la necesaria valoración de las instituciones y no subordinarlas a los caprichos personales de los dirigentes.

Pero no todo es color de rosa para los oficialistas ni las cosas salen a pedir de boca. Cuando se miden las agrupaciones políticas, Juntos por el Cambio sigue primero con el 32%, pero el Frente de Todos se acerca al 30%. Los libertarios pierden fuerza y están terceros con el 20% y luego aparece el Frente de Izquierda que crece y se acerca al 5%. Eso dice el monitoreo sistemático de opinión pública de Rouvier realizado entre el 4 y el 14 de septiembre con 1.200 entrevistas telefónicas. Sobre el escritorio del gobernador interino también hay mediciones. No dicen que el peronismo esté abajo, pero la diferencia de unos 10 puntos con la oposición es una preocupación latente.

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