EUFÓRICO. De Muner vivió el partido con todo y ni bien Merlos pitó el final salió corriendo a abrazarse con los jugadores.  EUFÓRICO. De Muner vivió el partido con todo y ni bien Merlos pitó el final salió corriendo a abrazarse con los jugadores. LA GACETA / FOTOS DE DIEGO ARÁOZ

Tenía la obligación de ganar y lo hizo, aunque la distancia todavía siga siendo larga y alcanzar el primer puesto ya no dependa de sí mismo. Pero San Martín supo cambiar a tiempo, fue inteligente y, sin brillar, se quedó con la victoria ante Belgrano y recuperó el segundo puesto.

Con el libreto bajo el brazo, el equipo de Pablo De Muner demoró en acomodarse y la pasó mal en los primeros minutos. Pero pudo leer el partido y, poco a poco, comenzó a sacarse esa pesada mochila de salir con las manos vacías de los juegos importantes.

El golazo de Juan Miritello, en la única chance clara, le dio la tranquilidad para comenzar a manejar el resultado. Ahí apareció otra de las virtudes del “Santo” anoche: pudo aguantar al rival, que sin demasiada claridad salió herido en busca del empate.

Con más esfuerzo que con fútbol, San Martín trabajó una victoria que tendría que tener la capacidad curativa de recuperar la confianza en un equipo, que después de 33 fechas se mantiene entre los dos mejores del torneo.

Los ocho puntos de diferencia, cuando quedan 12 en disputa, hacen pensar, incluso a los jugadores, que el premio estará en quedarse con el segundo puesto, ese que ofrece un ascenso en cuatro partidos, con ventaja deportiva y definiendo en casa.

¿Servirán estos tres puntos para hacer borrón y cuenta nueva? El festejo de los jugadores y la euforia del DT dejaron de manifiesto que nadie está dispuesto a tirar la toalla. Pero quedó claro que mantener este tipo de rendimientos es el camino para llegar al objetivo.

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