“Textos de la furia” reúne 13 obras de Pablo Gigena

El teatrista presenta su dramaturgia en Puerto Cultural Libertad con la actividad “Palabras subversivas”, en una convocatoria abierta.

EL AUTOR. Pablo Gigena impulsa un teatro desafiante. EL AUTOR. Pablo Gigena impulsa un teatro desafiante.

Protagonista central de la actividad artística de las últimas décadas, Pablo Gigena reúne los distintos roles de los teatristas independientes en su figura: gestor cultural, administrador de salas (La Gloriosa antes, Puerto Cultural Libertad ahora), productor, director, actor y dramaturgo. Inevitablemente, aunque su libro “Textos de la furia - Dramaturgias gruesas, largas, duras” reúna su producción como escritor, se cuelan en sus páginas toda esa conjunción de experiencias y haceres, desde donde desafía al orden establecido tanto sobre como debajo del escenario.

Su libro será presentado esta noche, desde las 21, en Puerto Cultural Libertad (Las Piedras 1.850), en el marco de la actividad “Palabras subversivas - Alegría de los hermosos furiosos”, para la cual hay una convocatoria abierta a quienes quieran participar en la lectura de algunos fragmentos, “para que así la velada sea participativa y divertida, como debe ser, en una especie de varieté dramatúrgica”, le adelanta a LA GACETA.

“Este libro de la furia, del amor contra el odio, de la verdad contra la mentira, implica una reivindicación de nuestra labor como grupo La Vorágine, y la seguridad de que nuevas generaciones tendrán como acercarse a lo que hicimos. En lo personal, juntar mis obras en un solo volumen es como juntar a la familia, con sus genialidades insobornables y sus quilombos escatológicos, aceptando su diversidad etaria. Quizás sea la única herencia que les deje a mis hijos y eso me emociona. Soy o seré en fin un libro”, afirma Gigena.

- ¿Que implica este libro dentro de la producción personal y grupal?

- Los trabajadores de la cultura independiente estamos atravesando una fea situación. Este libro, a falta de un registro teórico, poético, político y histórico de nuestra actividad, viene a significar el testimonio de la experiencia escénica de más de 30 años como grupo La Vorágine junto a Noé Andrade. Además del aporte escénico, hemos ganado premios en todos los rubros, publicado otro libro, realizado y actuado en numerosos festivales nacionales e internacionales, inaugurado dos salas... Hemos hecho un recorrido frondoso por las artes escénicas de Tucumán y la Argentina, pero para la sociedad parece que siempre recién estamos empezando en la marginalidad, que somos un grupo menor. La burguesía cultural e institucional de esta ciudad colonial nos prefiere siempre invisibilizados.

- ¿Hay algún reconocimiento?

- Se reconoce nuestra labor y el signo que somos para la “cultura”, porque no les queda otra, pero muy mezquinamente. Así que ser libro nos descontamina un poco de todo ese desdén ideológico burgués. Siempre hemos sido una chispa clasista, díscola, ardiente y molesta en los vetustos vestuarios de las gestiones oficialistas y también en la grey artística conservadora. Les gusta nuestro arte, pero les disgusta cómo pensamos y más aún como yo lo expreso en la vida diaria.

- ¿Qué obras contiene?

- Son 13 obras en orden cronológico, escritas desde 1992 hasta 2020. Comienza con “De carne y trapo” y termina con “Canibal dramaticus”. Tengo la suerte inmerecida y lujosa de que Gustavo Geirola, el gran escritor e investigador del teatro latinoamericano, haya aceptado prologar el libro y participar esta noche vía streaming. Y también cuenta con un estudio filosófico de textos a cargo de María Natalia Zavadivker, que también estará presente, fotos de las obras y especiales agradecimientos.

- ¿Las obras tienen algún hilo conductor entre ellas?

- Todo es unívoco y diverso a la vez y mi literatura no podía ser menos. Zavadivker dice que mis textos fluctúan entre lo político y social, y lo filosófico y existencial; y Geirola encuentra como eje mi deseo de subvertir los valores establecidos. Yienen razón, pero creo que la obsesión sobre la diferencia entre ser y parecer, entre lo real y lo ficcional -tanto en el arte como en la vida social- son los temas que se hilan en mis obras. La lucha contra esa mentira establecida que es el mundo siempre me ha desvelado. Si se lee superficialmente se verán obras de corte realista, casi cotidianas; neogrotescas; poéticas; irónicas y hasta perniciosas. Pero si se hila fino se encuentra lo que digo. Evidencio cosas en las obras solo para dar cuenta que hasta lo evidente nos es desconocido e inasible, que lo que creemos íntimamente propio o aquello que pensamos o deseamos con el alma, al fin nos es dictaminado y ordenado desde lo ajeno.

- ¿Somos una mezcla de todo eso?

- Somos el muñeco patético de lo que creemos o soñamos ser. Y ese “ser” ha sido casi siempre construido por un sistema de valores perverso e interesado. Los seres humanos y la realidad misma al fin somos monstruos, caníbales, la historia y la realidad de cada día lo demuestran. Nos complacemos en creer lo absurdo y en ser lo que nos amaestran. El mundo social y simbólico me produce una nausea tan profunda que debo decir las cosas de manera velada: más que dramaturgo soy escritor. La escritura dramática -y ninguna otra- no debería torcerse a las debilidades, ignorancias o falencias humanas individuales o colectivas, ni subestimar la posible inteligencia del público. Me inclino a la idea de estimular, desafiar y exigir al público a esforzarse por extender su mundo de lecturas simbólicas y poéticas.

- ¿Que identifica a tu dramaturgia?

- Como dice el subtítulo, es gruesa, larga y dura, que va del todo a las partes. La escritura de estas obras obedece a un concierto orgánico personal consustanciado con el deseo y la pulsión de vida. Imagino la escritura como una erección de adrenalina literaria, movilizante, inquietante, enérgica y urgente. Mis obras son gruesas por las distintas capas lúdicas que se reproducen y multiplican volumétricamente por sus reverberaciones y reflejos infinitos. Soy barroco y también un espejo frente a otro espejo. Son largas porque no obedecen a métricas caprichosas o legales, sino que viven el tempo de la preocupación de su propio desarrollo. Son duras porque ninguno de mis textos está avenido a ser bueno con los espectadores ni con los personajes y su íntimo drama, ni con esa mala costumbre o domesticación artística llamada corrección política.

- Son obras contracorriente...

- Mis obras no se rebajan a ser secuaces o coincidentes con los parámetros de la taquilla, ni con las ideas, el gusto o las modas de los viejos o nuevos órdenes poéticos de estas generaciones ni de otras. Me niego a ser cómplice de las complacencias y convenciones de mi obligado y autoritario padre-madre: el teatro.

- ¿Cómo son las palabras subversivas que reivindicas?

- He decidido poner ese nombre a la velada porque si bien quizás en mis obras no se haya escrito la palabra subversión ni una sola vez, es el espíritu escondido debajo de todas ellas. La desilusión, la indignación, la rebeldía ante la desigualdad horrorosa e imperdonable de esta realidad me han hecho desear subvertir toda esta mentira que es nuestro mundo social y simbólico. Esa rebeldía y resistencia furiosa contra la mentira me ha movilizado a escribir y a hacer teatro toda mi vida. Es una furia, la única medida digna y bella en respuesta al horror y la maldad humana. Pero las palabras son las palabras y quizás todo lo que digo de mi libro es otro vestuario falseado y mi libro es otra cosa. Deberán leerlo para saberlo.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios