Ambicioso plan para brindar herramientas y asistencia a personas con discapacidad motriz

Trabajan en el proyecto, de forma conjunta, la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT y otros organismos.

PRESENTACIÓN. En la foto, representantes de los diferentes actores (universidad, estado, organizaciones y cooperativas) que formarán parte del proyecto. PRESENTACIÓN. En la foto, representantes de los diferentes actores (universidad, estado, organizaciones y cooperativas) que formarán parte del proyecto.

Inclusión laboral, igualdad de posibilidades y autonomía para las personas con discapacidades motrices. Eso es lo que busca el proyecto “Tecnologías e Innovación para la Inclusión”, puesto en marcha por la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (Facet) de la Universidad Nacional de Tucumán. La idea es simple -pero ambiciosa, dicen los responsables-: formar a personas con estas discapacidades en el desarrollo e innovación de tecnologías asistivas.

El plan se llevará a cabo con una subvención de la Unión Europea y tiene tres ejes esenciales: 1) la creación de un laboratorio interdisciplinario de Biomecánica para la Inclusión (LaBIOS) -el primero de su tipo en el noroeste-, 2) la creación de un observatorio de discapacidad y 3) promoción de políticas públicas. “Lo más importante es la formación de recursos humanos, que va a ser acompañada por docentes de educación física, de medicina y psicología, entre otras ciencias. La idea es hacer un abordaje de la discapacidad de manera integral -explica a LA GACETA Miguel Ángel Cabrera, decano de la Facet-; buscamos que la universidad genere conocimientos que sean aprovechados por estas personas”

Resolver un problema

El proyecto ya comenzó. Las clases se inician en agosto y todo el plan se extenderá hasta 2024: el objetivo principal es mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad. “Todos los becarios van a llevarse varios tipos de conocimiento, no solamente aprenderán a diseñar algo que tenga que ver con su discapacidad, sino que van a aprender de otros oficios. Va a haber una escuela de capacitación, puntualmente, porque muchos jóvenes discapacitados no han podido acceder a la educación superior, e incluso ni siquiera a la secundaria. Son personas no incluidas en el sistema”

Con la creación de LaBIOS, los alumnos realizaran prácticas, recibirán formación técnica y podrán crear diferentes tecnologías asistivas. “Buscamos que todos reciban capacitación, participen de los proyectos y adquieran herramientas, habilidades, capacidades y competencias para insertarse en el mercado laboral a través de microemprendimientos o como empleados”, destaca Eduardo Martel, vicedecano de la Facet y encargado de la coordinación técnica del proyecto. En el laboratorio -que adelantan tendrá tecnología de última generación- podrán realizarse todo tipo de artefactos. “Van a haber desde soluciones simples, con una gran intervención de la parte mecánica, como para el desarrollo de sillas que le permitan a las personas con discapacidad ponerse de pie o prótesis, ortesis, valvas, y hasta algunos proyectos con una alta carga de electrónica y de bioingeniería”, adelanta.

Autonomía

Martel asegura que el propósito es lograr que estas personas puedan vivir con mayor independencia en sus casas y en todos sus desplazamientos. En esto también coincide Santiago Salinas, de la Fundación Prana. Él tiene una discapacidad desde hace 22 años y participará también como docente en el proyecto. Además, fue el artífice de la idea original, que luego desencadenó este plan. “La inclusión no es sólo en rampas o en un edificio adaptado, si no también en el transporte -resalta-; y por eso salió la idea. Yo sé lo que cuesta trasladarme... y uno puede desarrollar todos los prototipos de implementos que sean necesarios para mejorar la calidad de vida de los discapacitados”.

Salinas usa el transporte para poner un ejemplo, pero asegura que la inclusión es algo mucho más amplio -que toca a la salud y a otros aspectos de la vida cotidiana-. Por eso hacen falta más posibilidades, como las que brindará a sus egresados este proyecto. “En los cursos de capacitación las personas van a aprender a manejarse y a poder trabajar en ciertas cosas, no solo a ir a un lugar a cumplir un horario. Un discapacitado puede hacer muchas cosas; yo, por ejemplo, hago soldaduras y me tiro abajo de un auto... Y eso es importante: que el discapacitado se de cuenta que puede desempeñarse solo. Y la universidad es el mejor lugar para aprender”

Trabajo conjunto

Para llevar a cabo el programa, también hizo falta la participación de otros actores. Según comenta Cabrera, el trabajo se realizará de manera orquestada con el Gobierno de la Provincia, con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicet), con la Fundación Prana, la Fundación Inculcando Ciencia y Tecnología (Incitec), la Fundación Cultura para Todos y la cooperativa Generar. “Es importante decir que el proyecto dura tres años, pero deja la capacidad instalada en la Universidad y en la provincia. Además, se van a hacer cursos itinerantes (en modalidad talleres en zonas rurales) -remarca Graciela Salazar, de la cooperativa Generar-; y por eso es muy importante que se tejan estas redes de colaboración entre distintos actores, para que el proyecto funcione. Estos talleres, además de generar habilidades para el mundo del trabajo, tienden a que estos chicos en el futuro puedan tener una inserción laboral autogestiva o en empresas, para fabricar elementos asistivos”.

Salazar destaca que con todo este trabajo conjunto, se podrán generar políticas públicas prácticas y lograr que el proyecto trascienda.

Un gran paso

Como representante de las personas con discapacidad, Salinas dice que este proyecto significa un gran paso y una gran oportunidad para la provincia. “Puede ser ejemplo la universidad o cualquier organismo, teniendo esta posibilidad de trabajar por la discapacidad, que al final es trabajar por el prójimo. Esta es una gran oportunidad para poder desarrollarnos”, reflexiona.

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