DATO. Mientras los sachets sean de un litro, sirven los envases de leches o yogures de cualquier marca.
Hace frío; eso se nota al vestirnos, esperar en la parada de un bondi, cuando debemos ir a trabajar o movilizarnos por algún evento. Sí, las bajas temperaturas pueden afligirnos, pero luego tenemos una casa a la cual volver en busca de cobijo.
El problema reside en que, para las personas en situación de calle, dicha sensación “momentánea” nunca acaba.
En busca de soluciones, la organización sin fines de lucro Alas Solidarios lanzó la campaña B.I.T.E: una propuesta que busca confeccionar bolsas impermeables, térmicas y ecológicas (de ahí las siglas) a partir de sachets de leche o yogur reciclados.
Gracias a su composición, la lámina interior de estos envases funciona como un aislante térmico. Además, al colocarlos sobre el suelo, poseen una resistencia a la de cualquier cartón o plástico de botellas.
“La iniciativa fue creada hace un par de años por un proyecto solidario llamado La Sachetera. Cuando nos enteramos, hablamos con los gestores y conseguimos su permiso para implementarla en Tucumán”, explica Lucia Quiroga, miembro del grupo de voluntarios.
El sistema también fue impulsado por diversas ONG en Córdoba, Bariloche, San Juan y Buenos Aires.
Aunque la idea actual consiste en entregar las bolsas de dormir para que la gente sin hogar no sufra tanto frío -una vez avance el calendario- el proyecto seguirá vigente.
“En verano siempre llueve mucho; ergo las calles queden húmedas, hay abnegados y el doble de desplazamientos. La meta es que el producto sirva igualmente para transportar pertenencias o cubrirse del agua”, acota su coordinadora.
Al ampliar la perspectiva, los contenedores lácteos pueden transformarse incluso en camperas, útiles escolares, techos o cortinas para frenar el viento.
Proceso
Una bolsa de dormir equivale a 80 sachets. Cuando estos quedan vacíos, el primer paso es abrirlos por el lado de la costura. Después, debemos limpiarlos (con agua y detergente) para evitar malos olores.
Finalmente, solo resta secarlos y dárselos a los integrantes de Alas Solidarias.
“Algunos colaboradores entregan los envases sin acondicionar. A esos los recibimos igual, no obstante, agradecemos un montón los otros pasos porque nos permiten ahorrarnos algo de trabajo y que directamente sean cosidos”, describe Quiroga.
Para crear las B.I.T.E, cada recipiente se agrupa -unidad por unidad- en filas y, tras armar suficientes estructuras, los sachets son unidos con una máquina selladora. A eso le sigue doblar sus extremos y reforzar las costuras.
Cómo colaborar
Hay un punto de recepción de sachets en Marcos Paz 340 (local comercial), sino es posible coordinar con Alas Solidarias el retiro directamente desde nuestro domicilio.
Para mayor información, comunicarse al celular 381- 5579668 o vía Instagram (@alassolidarias.tucuman).
Humanos, no cifras
La organización realiza rondas nocturnas para ofrecer comida, bebidas, calzado y abrigo a los ciudadanos que viven a la intemperie.
“La experiencia implica mucho más que un plato caliente, esto es un nexo para llegar hacia ellos. No son un número sino que tienen nombres, sueños y un día de cumpleaños. Cuando inicias el voluntariado lo entendés y nos convertimos en amigos; hay abrazos y contención”, reflexionan desde el equipo.
El recorrido comprende cuatro zonas de la ciudad, entre las cuales se registran alrededor de 160 personas en tales condiciones. El 90 % de esa población es masculina.
“Hay quienes los critican diciendo que son vagos, se emborrachan o rechazan salir adelante. Ahora, ¿qué posibilidades les damos? De conseguir un ingreso, ¿qué residencia o medios de contacto indican en una solicitud? Al tiempo de vivir en las calles, el sentido detrás de muchas cosas desaparece”, lamentan.








