Cada noche dejaba el celular debajo de la almohada. Así podía enterarse de cualquier notificación de las redes sociales y chequear cada hora si alguien había visto sus historias o si le enviaban mensajes. Tal vez padecía lo que los expertos llaman “fomo”, por las siglas en inglés de “miedo a perderme algo”. A Manuel Salazar ya no le pasa eso. Ahora, cuando se va a acostar, el teléfono queda en la cocina, apagado. Después de varios días de insomnio, cuando se acostumbró, pudo dormir ocho horas seguidas.
Luego, avanzó en otra decisión: los fines de semanas son de desintoxicación tecnológica. Se olvida del celular y la computadora, desde las 5 de la tarde del sábado hasta la noche del domingo.
Reconoce que ha sido un verdadero shock adaptar su cuerpo y su cerebro a estar por unas horas lejos de las nuevas tecnologías. “No me había dado cuenta lo mal que estaba; siempre tenía el celular pegado a mi mano”, admite el licenciado en comercialización, que tiene 32 años. Sus padres fueron los primeros en llamarle la atención. Le reclamaban que vivía mirando la pantalla, que ni siquiera dejaba de hacerlo para charlar un rato durante la cena. Fue un día que casi lo atropellan en la calle cuando decidió que era momento de hacer un “detox” digital. Entonces, se puso a pensar la cantidad de tiempo que perdía por sus problemas de dispersión. “Hacía todo a medias por estar pendiente del celular”, evalúa Manuel, quien no cerró sus cuentas en las redes, pero sí silenció notificaciones.
Que vivimos hiperconectados no es nuevo. Sin embargo, cada vez son más los que reniegan de eso y deciden hacer una desintoxicación digital (también conocida como Digital Detox), que es una desconexión que se hace por las noches o durante un día o dos en redes sociales e, incluso, del celular, la tablet y la computadora. Hay personas que directamente cerraron sus cuentas en las redes y al teléfono lo utilizan, como en los viejos tiempos, para llamadas y mensajes.
Estar off-line
Estar “off-line”, conseguir momentos de desconexión total, se ha vuelto una de las prácticas más recomendadas por psicólogos y psiquiatras, ya que esto ayuda a sus pacientes a dormir mejor y reducir la ansiedad. Además, con esta decisión muchas veces se evitan situaciones de angustia y depresión.
Y también puede ser la práctica perfecta para evitar distracciones. Según Nicholas Carr, autor del libro “Superficiales: lo que Internet está haciendo con nuestras mentes”, cuando tenemos cerca el teléfono, disminuye nuestra capacidad para resolver problemas, concentrarnos e incluso tener conversaciones profundas.
Por otro lado, los médicos también están aconsejando un detox digital debido al aumento de consultas por problemas que nos puede causar la dependencia tecnológica a la vista y dolores de cuello y de espalda prolongados, entre otros
“En la actualidad, la nueva normalidad que vivimos a raíz de la crisis sanitaria por covid--19 nos ha llevado a pasar más tiempo frente a las pantallas. Y de alguna manera también se han incrementado los índices de estrés y ansiedad por esta hiperconexión digital”, sostiene la psicóloga María Florencia Lazarte, del Programa Universitario para el Estudio de las Adicciones (PUNA).
La especialista recomienda dejar que la mente y el cuerpo descansen en ciertos momentos del día o de la semana, ya que el uso excesivo de tecnología puede ocasionar alteraciones tanto en la salud física -por la postura del cuerpo que adoptamos durante su uso- como en los hábitos de alimentación y el sueño. Asimismo, a nivel psicológico, causa ansiedad, irritabilidad y aislamiento social, enumera. “Es muy importante la desintoxicación. Y también actuar preventivamente, poniendo el foco sobre los sujetos, trabajando y fortaleciendo sus áreas vitales personales y vinculares”, remarca.
“La desintoxicación de la tecnología puede resultar en muchos casos muy beneficioso y útil cuando detectamos un consumo problemático, pero es solo abordar una parte del problema, es actuar en las consecuencias y no en las causas, en los aspectos que motivan o que llevan a una persona al exceso”, destacó.
Cuestionario
Lazarte considera que es de suma importancia que podamos interrogarnos acerca de cómo es nuestro vínculo con la tecnología para saber si estamos frente a un exceso y si es necesario hacer un detox urgente.
Estas son las preguntas:
- ¿Si deja de funcionar el wifi, no puedo conectarme o funciona mal internet me desespero, me enojo y busco conexión como sea?
- ¿Estoy más tiempo conectado o jugando que haciendo otras actividades placenteras como deporte, salidas con amigos o tiempo compartido con la familia?
- Cuándo estoy triste o tengo un problema ¿recurro a la tecnología para sentirme mejor en lugar de buscar hablar con un ser querido?
- ¿Lo primero que hago al despertar es chequear el celular y las redes sociales?
- ¿He perdido horas de descanso por estar navegando, jugando o conectado a redes sociales?
- ¿Me conecto más de tres horas seguidas?
- ¿Reviso permanentemente el celular para ver si tengo mensajes?
- Si me olvido el celular en casa ¿me desespero y soy capaz de volverme?
- ¿Me puse un límite en su uso y no puedo cumplirlo?
Consejos
Si la mayoría de las respuestas son positivas es hora de comenzar a plantearnos algunos cambios. Lazarte sugiere tomar estas medidas para arrancar con un detox:
- Apagar el celular durante las horas de descanso.
- No llevar el celular a la mesa mientras comemos, de manera que haya diálogo y comunicación con los integrantes de la mesa.
- Desactivar las notificaciones de las redes sociales.
- Dejar de lado los dispositivos en reuniones familiares o con amigos guardándolo en la cartera o el bolsillo, o en los momentos que realizamos otras actividades.
- Tener en cuenta el tiempo al usar los dispositivos para que este no se prolongue más de lo estrictamente necesario.
- Priorizar hacer actividades saludables y placenteras que sean al aire libre, deportes, arte, música y conversaciones cara a cara, siempre desconectados de la tecnología en esos momentos.
El problema de la mensajería
La licenciada Melisa Mirabet, psicóloga especialista en gestión emocional, sostiene que desde que se popularizó el uso de la mensajería instantánea, la hiperconexión ha desarrollado conductas adictivas en muchos usuarios. “Las personas están pendientes de recibir mensajes; muchas se sienten obligadas a responder de forma automática y se impacientan por tener una respuesta”, sostiene.
“En esta era de interacción digital la comunicación puede llevarnos a un agobio emocional y hay que tener presente que WhatsApp es sólo un medio más para poder estar en contacto, por lo tanto, tenemos que ser responsables con el uso que le damos al mismo. El hecho de contar con una sesión abierta en cada dispositivo que utilizamos, parecería que lleva a un acuerdo social tácito que es “estar siempre disponible”. Tenemos que dejar en claro que esto no es así”, evalúa.
Según la experta, podemos tomar ciertos recaudos para desintoxicarnos de la tecnología:
- Establecer horarios: no exigirnos a responder de inmediato si consideramos que ya no es un horario o día en el cual podemos o deseamos estar conectados. Si somos nosotros quienes deseamos enviar un mensaje, es importante que podamos tenerlo también en cuenta y respetar siempre los momentos de la otra persona.
- Desactivar la confirmación de lectura: ¡deshacerse del “visto” es una excelente forma de no estar pendiente!
- Desactivar la hora de conexión. Si eliminamos esta función, nos sentiremos en libertad de ingresar a la aplicación cuando queremos hacerlo.








