Por qué es difícil ser vegano

Los argentinos que no consumen carne son cada vez más, pero no les resulta sencillo. Poca oferta a la hora de hacer las compras, escasas opciones en restoranes y sobreprecios son las dificultades más frecuentes.

Por qué es difícil ser vegano

Ya sea por respetar los derechos de los animales, por los beneficios que aporta a la salud, por la preocupación por el impacto ambiental, o incluso hasta por moda, como enumera Manuel Martí, cofundador y presidente de la Unión Vegana Argentina (UVA), lo cierto es que la tendencia parece ser imparable. Y la UVA lo muestra con cifras a partir de una investigación de base que se llevó a cabo en 2020: crece en nuestro país la cantidad de gente que decide no consumir carne; ya son cinco millones (el 12%) los argentinos veganos o vegetarianos, y hay otro 12 de flexitarianos (sólo en ocasiones comen carne y derivados).

Las cifras implicaban un aumento del 3% respecto del año anterior, y mostraban además que la cuarta parte de los 5 millones de argentinos vegetarianos y veganos se sumó a la comunidad “no carne” sólo entre 2019 y 2020.

“Somos una minoría que crece de forma exponencial y tenemos derecho a ser tratados como tal; necesitamos que se instrumenten las políticas públicas necesarias para atender la demanda de nuestra comunidad en educación, salud y justicia”, señaló en ese momento  Martí. Porque la realidad es que se sienten discriminados.

Tendencia que crece

Hace unos días se hicieron públicos los resultados de una encuesta que -sobre la base de esta investigación- buscó saber cómo evolucionó la tendencia. La llevó adelante Gelt, una app especialista en consumo que trabaja con la modalidad cashback (recompensa económica a las personas que la usan); obtuvo respuestas de 3.80 de sus usuarios y confirmó datos: casi un 25 % de los usuarios se considera vegetariano, sumando estrictos y los flexibles. Pero además analizó como evoluciona este cambio de paradigma.

“Porque de eso se trata: un modo diferente de pensar la alimentación natural y saludable -dice a LA GACETA el tucu/salteño (estudió en nuestra provincia) Guillermo Omar, nutricionista, psicólogo y cocinero; vegetariano, claro-. Por eso carece de sentido seguir utilizando el léxico de la lógica del consumo de carne, palabras como chorizo, milanesas... No; son otras comidas, porque son otras formas de vivir”.

Omar (que desde hace un año y medio vive en México) es testigo activo de que la tendencia crece: como no estuvo, puede comparar en el tiempo; lo nota, y no sólo en las grandes ciudades. Es originario de un pueblo chico salteño y -cuenta- “incluso allí ya se consiguen preparaciones con legumbres”.

“Volví porque acabo de casarme; hicimos una fiesta pequeña, y al prepararla descubrimos que el 10 % de los invitados son vegetarianos”, agrega divertido.

Accesibilidad

Omar reconoce, sin embargo, que sigue sin ser sencillo conseguir opciones veganas, especialmente en variedad, lo que coincide con otro de los datos de la encuesta: el 30,3% de las respuestas indica que eso es lo más difícil de ser vegetariano, o vegano.

Y el siguiente gran problema (25,8% de los casos), poder comer fuera de casa, sobre todo en bares y restaurantes.

Las voces tucumanas los confirman. “Me hice vegana a mediados de 2018, cuando las opciones eran más limitadas y con suerte había algunas opciones en Shitake y otras más variadas en Fon -cuenta Valentina Rodríguez-. Y aunque ahora hay muchas más opciones, todavía se complica el acceso en restoranes o bares; aún son contados los que tienen opciones; y a veces las tienen, pero les ponen sobreprecio”.

Del “otro lado del mostrador (literalmente) describen un horizonte parecido.

“En el restó tenemos muchas opciones vegetarianas, pero tienen quesos y/o huevo, y/o materia grasa animal. En cambio, sólo tenemos un plato estrictamente vegano: las papas bravas. En términos de logística, costos y demanda no nos resultó viable hasta ahora”, dice Andrés Battig, del Check Restó & Pintas, del hotel Howard Johnson, en Yerba Buena; pero se ve que las cosas van cambiando, pues agrega: “no descartamos adaptar algunas de nuestras opciones vegetarianas y tener en el corto plazo al menos tres o cuatro veganas”.

Y estos no son datos intrascendentes, pues el mismo estudio mostró que el 83% de los que respondieron no ser vegetarianos dijo que consumiría más productos que reemplacen los de origen animal. Y que la razón para no hacerlo, además de la poca oferta, es el precio: el 39% sostiene que los productos veggies son más caros.

“El futuro es vegano”

Martí y los ya más de cinco millones de argentinos que se subieron a esta ola están convencidos de que esta es la salida.

“En 2022 van a hacer 48 años que no como carne. En 2000 fundamos la UVA y me hice vegano. Es impresionante cómo crece el movimiento en Argentina”, cuenta a nuestro diario. “El veganismo es mucho más que una forma de comer; es una posición ética, una filosofía y estilo de vida que rechaza el uso y la explotación de animales para cualquier fin”, describe

Pero además, afirma, el futuro tiene que ser vegano porque “está en juego la habitabilidad del planeta”. “Si no en este momento, va a terminar siéndolo: éramos el 25 % ya hace dos años los que no consumimos carne, y sigue creciendo, porque cada vez más personas se enteran de que la industria de la carne es la que más gases de efecto invernadero lanza a la atmósfera, y es decisiva en el calentamiento global”, advierte. A ello se suma -prosigue- el uso de antibióticos, agroquímicos y hormonas, que también son nocivos. Por eso, un doble reclamo de políticas de Estado: que se implementen medidas para ir cambiando el modelo agroproductivo y -como ya resaltaba hace dos años- que se garantice a la comunidad vegana el acceso a sus derechos (de alimentación, salud, educación) sin discriminación.

Y que comer veggie sea más inaccesible y más caro, claramente atenta contra esos derechos...

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