La canasta tucumana subió más que la medida por el Indec

El incremento de los alimentos y de los servicios básicos expone a más familias a la pobreza. Qué pasó con la clase media.

LA ACELERACIÓN DE LOS PRECIOS. El costo de los alimentos disparó el Índice de Precios al Consumidor.  LA ACELERACIÓN DE LOS PRECIOS. El costo de los alimentos disparó el Índice de Precios al Consumidor.

Con una diferencia de cinco puntos porcentuales, las canastas básicas tucumanas se incrementaron a un mayor ritmo que las medidas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), aunque en valores nominales son menos costosas.

El costo de la canasta básica alimentaria (CBA) subió 45,3% a lo largo del año pasado, por lo que un grupo familiar tipo conformado una pareja con dos hijos de entre seis y ocho años, necesitó percibir ingresos por $ 32.963,69 en diciembre pasado, para no caer en situación de indigencia, según los cálculos del Indec. En Tucumán, a su vez, la CBA ha sido calculada en $ 31.232 mensuales para un grupo familiar y ha cerrado 2021 con una suba interanual del 50%.

En tanto, el costo de la canasta básica total (CBT) para el Gran Buenos Aires marcó un avance de 40,5% durante el año pasado, con lo cual el mismo grupo familiar necesitó percibir $76.146,13 para poder abonar alimentación y servicios básicos y no caer debajo de la línea de la pobreza. En el caso tucumano, ese matrimonio con dos hijos necesitó $ 68.670,69 mensuales para no caer bajo la línea de pobreza. En un año, esa canasta se encareció en $ 22.683 (49,3% respecto de la evolución de 2020). La disparidad de esos reajustes hace prever que, mientras a nivel nacional puede evidenciarse una reducción de la tasa de pobreza para el segundo semestre del año, en Tucumán, por el contrario, es índice puede llegar a experimentar una suba.

La última medición del Indec, dada a conocer en octubre sobre datos censados durante el primer semestre del año, registró que el 40,6% de los habitantes estaban por debajo de la línea de la pobreza, contra 40,9% de igual período de 2020. Dentro de esta mediación de la pobreza, el 10,7% eran indigentes frente al 10,5% del primer semestre de 2020. Estos niveles registrados en el primer semestre del año estuvieron incluso por debajo del segundo semestre de 2020, cuando el nivel de pobreza alcanzaba a 42% de las personas, aunque el de la indigencia, se mantenía en 10,5 %.

Con una población estimada en 45,8 millones de habitantes, la pobreza estaría afectando a 18,5 millones de habitantes, entre los cuales se encuentran 4,5 millones de personas que estarían en la indigencia.

En el Gran Tucumán-Tafí Viejo, en tanto, la tasa de pobreza de la primera mitad de 2021 ha sido del 46,2% que llevó a que 418.190 personas que habitan en el principal aglomerado urbano de la provincia no pudieron reunir los fondos necesarios para costearse los alimentos y los servicios básicos. La indigencia, a su vez, afectó a unas 105.000 personas, el 11,6% de la población urbana del área metropolitana.

La próxima difusión del índice de la Pobreza por parte del Indec está prevista para el 30 de marzo y sobre datos del segundo semestre del año pasado.

La medición que realiza el organismo que dirige el economista Marco Lavagna sobre la pobreza e indigencia es una comparación de los bienes y servicios requeridos, la CBA o la CBT, contra los ingresos que perciben el sector de la población tomado como muestra.

El último informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) ha mostrado que el índice de pobreza descendió en el país al 43,8% en el tercer trimestre, en comparación con el 44,7% de julio - septiembre de 2020. A su vez, la tasa de indigencia se mantiene debido al aporte que realiza el Estado para subsidiar a los sectores más vulnerables de la sociedad.

“En el actual escenario hacia la pospandemia, el efecto de las ayudas sociales estatales sobre la tasa de indigencia no es tan intenso como en 2020. Sin programas o pensiones no contributivas, la indigencia alcanzaría el 18,8% en 2021”, destaca el diagnóstico del observatorio dirigido por el sociólogo Agustín Salvia.

La clase media

El impacto inflacionario de los últimos años ha deteriorado el poder adquisitivo no sólo de los pobres, sino también de la clase media argentina que, en muchos casos, ha bajado uno o dos escalones al no poder sostener sus niveles de ingresos. “A mediados del siglo pasado, la Argentina tenía estándares de vida muy altos y atípicos respecto a los de la región; fue así hasta entrada la década de 1970. Al contrario de la mayoría de los países vecinos que fueron mejorando, la Argentina -con vaivenes- hizo un proceso inverso. La calidad de vida va en permanente decadencia a lo largo de los últimos 50 años. La pandemia aceleró aún más este deterioro”, evaluó Virginia Giordano, coordinadora del equipo de investigación del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).

Una forma de analizar como disminuyó la calidad de vida de los argentinos es ver qué pasó con la ‘clase media’. En los últimos cinco años la movilidad social fue descendente; el estrato social más grande, con 41% de la población, fue el segmento de ingresos bajos, con casi 12 millones de argentinos considerados pobres. La clase media disminuyó a 41% de la población, puntualiza la economista.

Uno de los principales factores que explica esta movilidad descendente es que la inflación crece por encima de los ingresos de las familias. “La erosión que produce la inflación sobre la remuneración del trabajo informal es el fenómeno social más importante porque esa es la principal fuente de ingresos en los estratos sociales más bajos. A menos que la inflación baje, que no parece lo que fuera a suceder, se espera que esta situación se mantenga o empeore en 2022. Para mejorar la calidad de vida de la gente y volver a recuperar la tradicional clase media argentina es condición necesaria e imprescindible bajar la inflación”, expone Giordano.

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