Ecoansiedad: un problema de los jóvenes

El miedo, la ira, angustia e impotencia frente al cambio climático hace que las nuevas generaciones sufran de ansiedad ecológica. ¿Cómo se manifiesta? Jóvenes ambientalistas cuentan qué sensaciones genera.

Ecoansiedad: un problema de los jóvenes

Las nuevas generaciones ya no son indiferentes a lo que pasa en el mundo; son conscientes y se hacen responsables de las consecuencias de la acción del hombre en el planeta. Los cambios que suceden en los ecosistemas, la desaparición de especies, los incendios, la capa de ozono... tooodo eso les duele, y mucho. Y les genera ansiedad. Ecoansiedad.

Un estudio de la Universidad Británica de Bath encuestó a 10.000 jóvenes sobre la ansiedad ambiental. Los datos son alarmantes: seis de cada 10 chicos admitieron sentirse afectados por esta ansiedad relacionada con la crisis planetaria. Con el trabajo, financiado por la ONG Avaaz, se detectó que el cambio climático está causando ira, angustia y muchas otras emociones negativas en los jóvenes del mundo. Por ejemplo: el 75% de los entrevistados afirmó tener temor al futuro y un 45% dijo que sus sentimientos sobre el cambio climático afectaron su vida diaria.

En primera persona

“No conozco gente que no la haya pasado mal, amargándose o incluso llorando al adentrarse en este mundo. Lo que más te genera impotencia es sentir que por ahí hacés cosas y al final parecen ser en vano”, explica Agustina Tarcaya, de la agrupación ambientalista tucumana Salvarnos Salvando (SS). “Cuando uno empieza a informarse sobre el cambio climático, la crisis ecológica y todo lo que sucede, todo eso te genera bastante angustia, miedo e impotencia -dice-; a mi me hizo muy mal todo el tema ambiental. Sentía que lo que hacía no alcanzaba y me empecé a meter en más y más organizaciones y proyectos, incluso fuera de la provincia y del país. Sentía que no alcanzaba, me frustraba y me daba impotencia, y tuve que trabajarlo en terapia”, resumió en dialogo con LA GACETA.

No es la única. Nahimé Acevedo, de SS y de Jóvenes por el Clima Tucumán, pasó algo similar. “Involucrarte más te lleva a conocer la complejidad de la situación ambiental, y eso te genera ecoansiedad -cuenta-; las angustias, los miedos, el susto y la impotencia son sentimientos muy presentes en el activismo. Y sí,la sentí a la ansiedad, fui a terapia por ese tema; me hacía sentir mucho miedo ver noticias sobre situaciones más allá de nuestro alcance, y ver poca acción o cambios”.

A María Agostina Torti, de Agenda Ambiental Tucumán, la ecoansiedad le produjo mucha desesperanza. “Sobre todo con las acciones que uno realiza. Al día siguiente vas a hacer seguimientos de, por ejemplo árboles, y ves cómo los destruyen, o querés evitar basureros a cielo abierto, pero la gente sigue tirando residuos. Empezás a pensar y replantearte todo”, dice.

“A mí el sentimiento que más me genera es angustia, porque es una problemática que está presente y, sin embargo, mucha gente desconoce el tema, o son indiferentes; También tuve esa ecoansiedad cuando empezaba a ser activista; pero el miedo fue movilizador, me impulsó a querer hablarlo con otras personas y hacer algo para, al menos, cambiar un poco mi entorno”, asegura Octavio Carabajal, de SS.

El impulso suficiente

A pesar de reconocer la ecoansiedad y lo negativo que es para el desarrollo de la vida diaria, los entrevistados coinciden en que la gravedad de la situación ambiental y los sentimientos generados por la ansiedad ecológica los mueven a hacer más cosas. “Interiorizarme en la cuestión ambiental me motivó a hacer cosas, a decir ‘bueno, n quiero quedarme sentada en mi casa esperando que todo se venga encima. Prefiero hacer algo y sentir que, por lo menos, fui útil; yo disfruto mi vida haciendo algo, me encantaría tener hijos y que ellos no tengan que sufrir cosas peores que las que yo sufro -dice Agustina-; tiene que haber un cambio y yo quiero ser parte de eso”.

“Creo que la gran organización juvenil se generó a partir de los informes de la ONU en 2018, que eran catastróficos. Ese miedo a decir ‘bueno, se va a terminar todo’ nos motivó a organizarnos, más allá de nuestra edad y clases sociales. Nos hizo creernos capaces de accionar porque es ahora o nunca”, explica Nahimé.

¿Una nueva ansiedad?

María José Acuña es psicóloga cognitivo conductual y especialista en trastornos de ansiedad. Comenta que no se trata de una “nueva” ansiedad, sino que el disparador que la activa es distinto. “Lo que cambia es el factor ansiógeno. Todos los síntomas psicológicos y físicos se dan en función de ese factor que potencia o desencadena el cuadro, pero el trastorno de ansiedad es siempre el mismo”, explica. El mundo va perdiendo fuerza y eso es lo que las nuevas generaciones ven, porque son más sensibles; se concientizan y se preocupan por eso -considera-; pero se preocupan excesivamente, y ahí es dónde viene el trastorno. No sólo en la preocupación, sino en la falta de recursos y herramientas para afrontar el problema”, advierte.

La experta, miembro de la comisión de psicología clínica del Colegio de Psicólogos de Tucumán, admite que durante los últimos años se tratan cada vez más jóvenes con este trastorno. “Sienten que hay mucha desidia por parte de las otras generaciones y de los gobiernos. Muchas veces se cree que tenemos que dejar que el gobierno de solución a todo, y no, podemos avanzar por nosotros mismos. Y esa es una de las herramientas para luchar con esta ansiedad: hacer algo nosotros”

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