“El doble crimen de los gardelitos”: un sangriento fin de año

“El doble crimen de los gardelitos”: un sangriento fin de año

Ocurrió hace 35 años y tuvo repercusión nacional.

 INCIDENTES. Un joven contiene a una de las mujeres del clan los “Gardelitos” que se acercaron al lugar donde ocurrió el doble homicidio. INCIDENTES. Un joven contiene a una de las mujeres del clan los “Gardelitos” que se acercaron al lugar donde ocurrió el doble homicidio.

El seco sonido de las decenas de disparos que se efectuaron alteró los preparativos para recibir el año nuevo. Hace exactamente 35 años, un 31 de diciembre de 1986, en nuestra ciudad se registraba “El doble crimen de los Gardelitos”, un caso que tuvo repercusión nacional. Un doble homicidio que tuvo su condena, pero no la que todos esperaban por una serie de polémicas resoluciones judiciales. Una causa que dejó al descubierto que en nuestra provincia la dimensión que adquiría el submundo.

“Lucha a muerte en el hampa tucumana”, tituló LA GACETA el viernes 2 de enero de 1987 en la crónica sobre el caso. “Tres individuos que transitaban en un automóvil fueron acribillados a balazos por sujetos que ocupaban una camioneta, con la cual los interceptaron en avenida Roca al 200. Dos de los atacados murieron en el acto y un tercero resultó herido de gravedad. El hecho causó gran conmoción entre los transeúntes que circulaban por la zona, quienes pudieron observar el alevoso ataque, cuyas características hacen presumir a los investigadores que se trata de un ajuste de cuentas entre bandas antagónicas que actúan al margen de la ley”, se pudo leer.

Enrique Soria murió cuando intentaba escapar. Santos Pastor Aguirre, en el interior del auto donde se encontraron armas. Enrique Soria murió cuando intentaba escapar. Santos Pastor Aguirre, en el interior del auto donde se encontraron armas.

Esos fueron los primeros indicios que surgieron esa noche. El doble homicidio se registró en la avenida Roca y pasaje Neuquén. Ese sector de la capital, en más de tres décadas, ha cambiado su fisonomía. Ya no es una zona tranquila, sino que los comercios que se fueron instalando allí le dieron otro ritmo de vida. Lo único que no cambió es el miedo que tienen los pocos vecinos que siguen con vida. “Ese día estaba haciendo la ensalada de frutas con mi marido. Escuchamos unos sonidos secos, pensábamos que eran los chicos de la cuadra que ya estaban molestando con los cohetes, pero no, eran disparos. Él salió a ver qué estaba pasando y cuando yo quise seguirlo, a los empujones me metió en la casa. Sólo me dijo que eran ellos”, dijo Luisa Albornoz. Ellos eran nada menos que los “Gardelitos” y “La Banda del ‘Mono’ Ale”. “Más detalles no le puedo dar porque mi marido nunca me los contó y él ya falleció”, agregó.

Los primeros informes policiales daban cuenta de que en un Ford Sierra había sido encerrado por una camioneta en la que se trasladaban al menos ocho personas que abrieron fuego. En el tiroteo perdieron la vida Santos Pastor Aguirre y Enrique Soria en el acto. Juan Carlos Beduino, que conducía el vehículo, logró bajarse del auto y repeler el ataque a tiro limpio, por lo que recibió tres disparos. Los otros dos ocupantes, cuyos nombres nunca trascendieron, lograron salvarse de milagro. Huyeron del lugar por caminos separados. Ellos fueron los que avisaron a sus familiares lo que había ocurrido. En cuestión de minutos, los miembros del clan que tenían fama nacional por la actividad ilegal que realizaban, se presentaron en el lugar.

ACRIBILLADO. El estado en el que quedó el Ford Sierra después de haber sido baleado en el ataque ocurrido el 31 de diciembre de 1986. ACRIBILLADO. El estado en el que quedó el Ford Sierra después de haber sido baleado en el ataque ocurrido el 31 de diciembre de 1986.

“Parecía un campo de batalla. El Sierra estaba lleno de impactos de balas. Debió haber recibido más de 30 impactos. Había un joven tirado en el suelo sin vida y otro en el interior, fallecido. El ataque fue brutal; esa gente no tuvo tiempo para hacer nada. Sólo uno se bajó e intentó defenderse. Todavía no entiendo cómo hizo para salvarse. Se lo llevaron grave en un auto particular. Después nos enteramos de que había otros dos que lograron escapar. Si hubo dos muertes, fue de milagro”, recordó Juan José Rodríguez.

Una versión

Con el correr de los días, se fueron conociendo detalles del brutal hecho. Beduino había llegado ese día de Buenos Aires para pasar fin de año con sus parientes. Por la tarde, él y sus cinco parientes decidieron encontrarse con unos amigos para disputar un partido de fútbol. Cerca de las 17, decidieron regresar a su casa. Lo hicieron por Roca hacia el oeste. Al transitar por esa avenida al 200, observaron que su pariente María Ester Nieva les había hecho señas para charlar con ellos. Retornaron en la primera esquina que pudieron y fueron a su encuentro. La mujer estaba con su hija de cuatro años charlando con Ángel “Mono” Ale y su novia.

“En circunstancias en que regresaba a mi domicilio con la alegría propia de estar reunido con los parientes y amigos, el automóvil en el cual viajaba fue interceptado por el querellado Ángel Ale, quien desciende de un vehículo conducido por Nieva y, sin motivos, en forma fría y solapada, con armas de uso prohibido para la población civil, empieza a disparar contra el vehículo y sus acompañantes”, relató en el escrito que presentó Beduino cuando asumió el rol del querellante en la causa.

María Mercedes Soria, esposa de Aguirre, no dudó en señalar a la “Banda del ‘Mono’ Ale como los autores del hecho. María Mercedes Soria, esposa de Aguirre, no dudó en señalar a la “Banda del ‘Mono’ Ale como los autores del hecho.

“Estaban buscando una matanza a la mejor forma de un gángster de la banda de Al Capone. A este ataque se le suma en forma sincronizada un hermano y otros compinches que están totalmente identificados en autos. Un ataque mortífero y con saña, tanto es así que en el hecho pierde la vida un adolescente de pocos años (refiriéndose a Soria) en la plenitud de su vida”, agregó el hombre que recibió los tres disparos.

Los “Gardelitos” siempre dijeron que después de que el “Mono” Ale comenzara a disparar las armas que llevaba en cada una de sus manos, aparecieron al menos entre cinco y seis personas que también atacaron a balazos al Sierra. Entre ellos, lograron identificar a Rubén “La Chancha” Ale y a Jorge “La Bruja” Vázquez. El lujoso vehículo terminó transformándose en una trampa mortal porque tenía tres puertas, lo que dificultó que sus ocupantes salieran rápidamente del vehículo. Soria murió al recibir un disparo en la cabeza cuando intentaba abandonar el auto. Pastor Aguirre, que estaba sentado en el asiento de atrás, no pudo ni siquiera escapar. Al parecer fue el primero en caer por la lluvia de balas.

En el vehículo donde se trasladaban las víctimas se encontraron tres armas de fuego. Según las pericias, ninguna habría sido disparada durante el ataque. Ese fue un indicio de que los “Gardelitos” no estaban preparados para la intercepción o por lo menos no se imaginaron lo que les esperaba. Ese es un dato clave, porque los Ale, después de que decidieran entregarse a las autoridades, contaron otra versión totalmente diferente, una teoría que los ubicaba como víctimas.

La otra cara

A 35 años del hecho, el “Mono” Ale rompió el silencio al hablar por primera vez del caso. “Estaba en un auto con Anita, una mujer y una criatura. Al llegar a la esquina, me miraron, retornaron y me cruzaron el auto. Todos ellos armados. Todo esto lo relató un señor de unos 60 años, vecino de la zona que estaba sentado en la vereda en una perezosa. La justicia no tomó en cuenta en el auto de procesamiento este testimonio que coincide con mi declaración sobre cómo fueron los hechos. Mis defensores (Carlos) Ruiz Núñez y (Pascual) Tarulli me dijeron que si no hubieran leído todo el expediente, este testimonio hubiese quedado en el olvido”, señaló. “En el Mercado de Abasto se corrió la bola que venían buscando matarme a mí, a Rubén, al ‘Sapo’ y a “La Bruja” Vázquez. Y vino un tal ‘Gordo Luis’, Kike’ Galván, Claudio Soria y Beduino”, añadió.

“No tuvimos ninguna protección. Se había corrido la bola de que ellos habían arreglado ese día con el jefe de zona de la Policía. Pusieron autos, joyas y plata para matarme. Por eso, cuando nos presentamos lo hacemos con Canal 10 para tener protección y no nos maten”, destacó Ale. “Todos los abogados que tuve anteriormente se negaban a que exponga la verdad de los hechos en los medios, que no conteste, que lo deje ahí. Ahora, el doctor Ricardo Fanlo me dijo que salga de una vez y diga la verdad para que se acaben de tergiversar las cosas y cuente todo. Mis hijos saben todo porque su madre estuvo en el hecho y les contó a ellos la realidad de todo. Aparte, hoy tengo dos nietas que son mis ojos y quiero que el día de mañana ellas sepan la verdad de todo lo ocurrido”, explicó.

Reacciones

La avenida Roca al 200 se transformó en una caldera a punto de estallar. Los “Gardelitos” concurrieron en masa para ver qué había ocurrido con sus familiares. En medio, más de medio centenar de curiosos pugnaron para conocer todos los detalles de lo que había sucedido. “Fue la banda del ‘Mono’ Ale”, gritaban las mujeres, que lloraban desconsoladamente. “La Policía los protege”, agregaron mientras buscaban agredir a los uniformados. Los hombres del clan, con caras de muy pocos amigos, las frenaron una y otra vez. “No somos hampones; la Policía sabe lo que es mi familia. Además, no hubo ningún tiroteo, sino que ellos venían de jugar a la pelota y le cruzaron una camioneta y los atacaron”, sostuvo María Mercedes Soria, esposa de Aguirre y tía de la otra víctima. “Ellos tienen ya la costumbre de pegar a la gente y nadie les hace nada, y si los detienen, los liberan al otro día. No digo que son los Ale, pero toda la gente los conoce. Las personas que estuvieron ahí dijeron que eran ellos y eran un grupo de 10 o 15”, añadió en una entrevista publicada por LA GACETA el 3 de enero de 1987.

La mujer también habló de las tres armas que se encontraron en el Sierra en el que se desplazaban sus parientes. “Los policías tienen que darse cuenta de que si ellos hubieran traído esas pistolas, se habrían defendido, pero no sé de qué manera aparecieron”, razonó. “Además ellos (por los Ale) quieren ser más que nosotros, desplazarnos y ser los únicos que van a estar en la provincia, pero mi familia no es de patoteros. Mis hermanos son bien mirados en el barrio”, indicó.

El juez Eduardo Bichara sólo ordenó la aprehensión de Beduino, que estaba internado en el hospital Padilla por los balazos que había recibido en el rostro, otro en el pecho y un tercero en la región lumbar. Durante varios días, su vida corrió peligro. En ese momento, los familiares de las víctimas prometieron vengarse. “Esto será vida por vida”, gritaron las “Gardelitos”. Y esa misma noche se activó el plan de venganza. Desconocidos balearon la casa de Nieva, integrante del clan, que en esos momentos se encontraba con el “Mono” Ale, lo que fue visto como una grave traición para la familia. Después se produjeron varios enfrentamientos en diferentes sectores de la ciudad, entre ellos, la casa de los familiares de los Ale que nada tenían que ver. A los mencionados en el hecho se los había tragado la tierra. En los dos primeros días de 1987, los parientes de las víctimas arribaron a la provincia para despedirlas. Según publicó nuestro diario, varios de ellos viajaron en avión y se los observó luciendo ropa y joyas costosas. Otros salieron a la casa de los sospechosos. La justicia recién ordenó la captura de los hermanos Ale, “La Bruja” Vázquez y Nieva el 6 de enero, una semana después de que se registrara el doble homicidio que quedó grabado fuego en la historia de la provincia

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