“Para mí, el arte es expresión, historia y juegos”

La artista visual de larga trayectoria se volcó a la vitrofusión, convirtiéndose en una referente en esta técnica. Los maestros. Una incursión en el teatro.

UNA ARTISTA DE TRAYECTORIA. Silvia Castro Méndez comenzó con la escultura, pasó por la cerámica y luego se volcó a la vitrofusión. UNA ARTISTA DE TRAYECTORIA. Silvia Castro Méndez comenzó con la escultura, pasó por la cerámica y luego se volcó a la vitrofusión.

Se rompe. Se dobla. Lastima. Se acaricia. Corta. Suave. Frágil. Maleable. Un soplo de vida lo humaniza. Le da forma. Torsos femeninos provocan el deseo. Cuerpos con piernas yutas impulsan una pelota, tal vez, la del destino. Una pareja y su changuito despiertan la ternura sobre un pedestal de rostros. El vidrio se extravía en los rincones de su sensibilidad y se reencuentra en el alma de sus manos. “Nací en Tucumán, en un hogar donde no faltaba la música ni las interminables charlas, sobre todo los fines de semanas en que nos reuníamos, amigos de mi padre, periodistas, artistas, deportistas, como mi hermano, y chicos alegres. Solía por las tardes pasear con mis amigos en bicicleta, desde la plaza San Martín a la Yrigoyen, porque vivíamos en esa zona. Tuve una infancia feliz, entre música y muchos libros que leía constantemente. Transité mi primaria en la Escuela Normal Alberdi, a la vez me enviaron a estudiar declamación, convirtiéndome en la principal figurita de los actos patrios”, cuenta Silvia Castro Méndez, artista visual de larga trayectoria, discípula del maestro Antonio Pujía. De la escultura pasó a la cerámica y desembocó finalmente en la geografía del vidrio.

EN MOVIMIENTO. Una mujer empuja una esfera con su pierna. EN MOVIMIENTO. Una mujer empuja una esfera con su pierna.

- ¿Su padre le trasmitió la inquietud por el dibujo?

- Sin duda, Enrique Castro Méndez fue periodista y un gran dibujante caricaturista en LA GACETA, como también en Caras y Caretas, Pierrot, revistas de esa época. Tal vez vio en mí una inclinación por el arte e insistió en inscribirme en la Escuela de Bellas Artes. Hasta el momento no visualizaba mi rumbo. Luego con gran placer estudié cerámica, a la vez ingresé en el Teatro Universitario, dirigido por Boyce Díaz Ulloque, y llegué a participar en obras como La casa de Bernarda Alba, La malquerida, siempre con muy buenas críticas. Los fines de semana teníamos doble función, a la salida todo el elenco, cenábamos en la zona del Casino, cerca del teatro San Martín, fueron imágenes y vivencias increíbles un mundo nuevo para mí, que me inspiraron para hacer más adelante una exposición en el museo de la provincia con el título “Gente de la noche”.

 - ¿Qué circunstancia la decidió a inscribirse en la Facultad de Artes?

- Al final, me inscribí en la Facultad. Primero hice el rotativo, como la carrera lo exigía: tres meses de pintura, tres de grabado, pero cuando pisé por primera vez, escultura, no sé qué pasó, pero fue justo allí, donde dije: “aquí me quedo”. La arcilla, los moldes, las estructura, todos tenían cualidades extraordinarias para mí, además conocí a grandes profesores.

- ¿Cómo se planteaba la relación de los alumnos con maestros tan destacados?

- Tuve grandes maestros: Fernández Larrinaga, Lucrecia Rosemberg, Oscar Nobile, Aurelio Salas, Yiyi Aybar, Ezequiel Linares, Lobo de la Vega… fue la época de oro de la Facultad. Tuve la gran suerte de encontrarme con profesores que me proporcionaron generosamente conocimientos para poder desempeñarme con comodidad. Profesores y alumnos compartíamos desde charlas, en el mate cocido de la tarde, hasta trabajar juntos en distintos encargos del Gobierno como “El Alberdi” emplazado en la avenida de los Próceres, obra del escultor Fernández Larrinaga, mientras los alumnos hacíamos los escudos para la Casa Histórica, trabajos que hoy se encuentran en uno de los patios de la Casa Histórica. Un tiempo difícil de nuestra historia política, pero de mucha actividad.

COLORES INTENSOS. Un trabajo en vidrio de Castro Méndez. COLORES INTENSOS. Un trabajo en vidrio de Castro Méndez.

- ¿Qué enseñanzas le dejaron?

- Mis maestros fueron atentos, generosos, ninguno guardaba sus conocimientos; sin duda sabían que una de las formas de trascender era transmitiendo sus conocimientos para prolongarlos indefinidamente. Una vez completada mi carrera viajé a Buenos Aires para perfeccionarme con el gran maestro escultor Antonio Pujía. Él insistía en que me trasladara a Buenos Aires donde podía tener mejores oportunidades, cosa que por razones familiares no se concretó. De todos mis maestros guardo mis mejores recuerdos y mi eterno agradecimiento.

- ¿Cuándo descubre la vitrofusión?

- En mis primeros pasos por la escultura, trataba más en afianzarme en las distintas técnicas y conocer materiales. La cerámica me ayudó mucho. Hasta que pensé en el vidrio, o el vidrio llegó a mí; como sea, busqué cómo manejarlo sin tener respuesta por ningún lado; en un programa televisivo, mostraban cómo modelarlo con la técnica de la vitrofusión. Así comencé con errores y aciertos un aprendizaje lento, pues solo contaba con un horno para cerámica, donde la temperatura no es pareja, por lo tanto, inadecuada. Igual adelanté mucho. Una vez más recurrí a perfeccionarme con Mila Wertheimer y Carlos Herzberg, más tarde, en vidrio soplado con Guillermo Lastra. A esta altura ya contaba con reconocimientos y premios por mis obras a nivel nacional y provincial; pero eso no quiere decir que hay que dejar de aprender.

- ¿Qué le atrajo de la vitrofusión?

- La vitrofusión es una técnica donde se necesitan vidrios, pigmentos, moldes y hornos. Como un juego de palabras siempre digo: “el vidrio es vidrioso”, reconociendo su fragilidad, brillo, y si bien la decoración está presente en el arte como una cualidad más, en este caso se puede llegar al borde, interpretándose mal. No es fácil mostrar vivencias, sentimientos o un acontecimiento que nos marca por alguna razón con un material utilitario y cotidiano, pero el artista debe adaptarse a su tiempo. Conocer materiales es renovar, actualizar la manera de expresar. El mármol, bronce, hierro, ya los emplearon y muy bien grandes artistas, llegando a un preciosismo movilizante en una sociedad. ¿Por qué entonces con alambres, telas, tejidos, vidrios, etcétera, materiales comunes, no decir lo que vemos en nuestro momento de inspiración y creación? La vitrofusión es una técnica que, por lo general, se emplea para hacer piezas utilitarias, muy finas y decorativas. En un tiempo se puso de moda; llegué a tener numerosas alumnas con las cuales hicimos exposiciones en el Centro Cultural Virla y causamos mucha intriga y admiración. Pero allí no estaba mi interés, por eso empleando la técnica busqué la forma de llevarla a la escultura donde el mandato final lo tiene el horno, logrando formas increíbles en una mezcla de trabajo de investigación con juegos mágicos

 - ¿Sigue trabajando en otras expresiones plásticas?

- Tuve un parate, momentos de mirar y reflexionar, pero no son horas muertas, a veces es necesario ver si estamos en el camino correcto, y comenzar nuevamente trae aire fresco, nuevas ideas y temas actuales. Hasta ahora sigo incluyendo el vidrio, cerámica y el hierro. El trabajo es placentero, nos lleva a nuestro interior extrayendo recuerdos para plasmarlo con un diálogo con la materia. A medida que se avanza surgen ideas naturalmente. Es como una pasión que nos lleva a continuar siempre.

- “El arte deriva de un deseo de la persona para comunicarse con otro”, decía Edvard Munch, ¿qué es para usted?

- Para mí, el arte es expresión, historia y juegos. El artista es un ser particular que como todos, vive, sufre, tiene alegrías, información, que la lleva a su interior procesándola para traerla y plasmarla en forma de arte, de historia. El artista habla de su momento, dando conocimientos precisos de la época que le toca transitar juegos. Después de buscar las soluciones de los problemas que le preocupan: luz, sombra, espacio, formas, comienza a disfrutar a mostrar con seguridad sus expresiones, convirtiendo su trabajo en un juego mágico y creativo.

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