Sí, pero… - LA GACETA Tucumán

Sí, pero…

¿Se da cuenta de que podemos ser los mejores o peores del mundo, según cómo amanezcamos? Messi es lo máximo del fútbol planetario, pero no le llega a los tobillos a Maradona.

18 Jul 2021
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SIN EXCEPCIONES. Hasta a Messi le planteamos reparos en el fútbol.

¿Se imagina si Einstein hubiese sido argentino? ¿Si hubiera formulado su Teoría de la Relatividad, viviendo en San Juan y Boedo antiguo o en más allá la inundación? Leeríamos, escucharíamos: “¡La ciencia se saca el sombrero!”, “El mundo aplaude la revelación”, “¡Gran paso de la Humanidad!”, “¡Genio y es argentino!”, “‘Yo le enseñé a sumar y restar’, afirma doña Cló, su vecina”, “Hasta el premio Nobel, no para”, “¡El Beto es lo más grande que hay!” A la semana: “¿Sabías que era muy flojito en Matemáticas? ¡Y en Física ni te cuento!”, “Yo lo tuve de compañero en el Nacional y te aviso que no era ninguna luminaria”, “No daba pie con bola, yo le enseñé a manejar la tabla de logaritmos”, “Seguro que alguien le escribió la Teoría y él solo le estampó la firma…” Al mes: “Alberto habría plagiado su teoría a una colega tucumana”, “El relativismo puede desencadenar en populismo”, “Un crack con el violín desafinado”, “‘Acosador nato, yo lo soporté’, afirma una vecina de Balvanera”, “Tendrá un cerebro privilegiado, pero está lejos de ser un orgullo para nadie, dice la suegra…”

En una buena parte de 2020, udté pensó o tal vez escuchó profusamente o dijo que esta pandemia iba a servir para humanizar la humanidad, desterrando la explotación del débil, que los malos se harían más buenos y que la igualdad dejaría de ser una utopía, que la intolerancia sería expulsada, que la unión y el amor enterrarían la grieta argentina. Quizás llegaron a sus oídos palabras como: “el ser humano está tomando conciencia de que el verdadero enemigo es este virus”, “las políticas del Fondo Monetario no persiguen más ajustes despiadados, ahora piensan más en el bienestar de los pueblos”, “las naciones poderosas están entendiendo que nos salvamos todos o nos vamos al tacho…”

Seguramente, udté estuvo esperanzado en que saliera una vacuna para combatir el coronavirus. La primera noticia favorable le causó una hemorragia de alegría y alivio: “¡Por fin, voy a poder abrazar a los míos sin miedo!”, “¡Bienvenido el avance de la ciencia!” A los pocos días: “¿Si es rusa, será efectiva?”, “Es mejor la británica”, “Una vacuna marxista leninista, bancada por Maduro y Cristina”, “Seguro que hay un negociado con Putin”, “Los efectos adversos son terribles”, “Me van a aplicar un chip para controlarme”, “Me van a inyectar el comunismo”, “Mejor no vacunarse hasta que llegue la Pfizer”, “La china es de lo último”, “¿Y esa nos van a poner?”, “Nos quieren matar a todos…” Poco tiempo después: “la vacuna rusa Sputnik V demostró una efectividad del 95%”, “menos del 1% de los vacunados con la Sputnik V presentó efectos adversos”, “La vacuna china que aplica la Argentina tiene una eficacia del 80%”, “Un laboratorio argentino ya fabricó 21.000 dosis de la vacuna Sputnik V y comenzará en junio la producción masiva”, “Ahora puedo respirar, ya estoy putinizado”, “Me acaban de chin chu li neá de lo lindo”…

¿Se da cuenta de que podemos ser los mejores o peores del mundo, según cómo amanezcamos? Messi es lo máximo del fútbol planetario, pero no le llega a los tobillos a Maradona. “Sos un ladrón, un corrupto”, le dice un amigo. “Sí, pero mi vecino roba más que yo”, le contesta. No interesa que udté sea ladrón, sino que hay otro que roba más y eso lo justifica, ¿que no? Ladrón que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón. “Todos los políticos son corruptos”, pero usted pasa el semáforo en rojo, coimea al inspector municipal o al policía, le pide a un juez conocido que no le labren la multa... Si es un importante funcionario y su hijo menor de edad, borracho o drogado, atropella a alguien con el auto y lo mata, mueve influencias políticas, judiciales, religiosas y celestiales. No le interesa la víctima ni su familia ni lo que hizo, sino salvarle el pellejo al chiquito a como sea. Pero, claro, corruptos son los otros.

La patria es el otro, siempre y cuando este piense como udté, si no qué sería, ¿un apátrida? El fundamentalismo nos zarandea desde tiempos desmemoriados. Nos permite tratar de tonto, estúpido o peloduro al que expresa ideas diferentes. Si la justicia falla a su favor es ejemplar, si lo hace en contra de sus intereses, es corrupta, más allá de que el poder Injudicial está haciendo estragos a todo nivel.

El coronavirus, por cierto, no reconoce fronteras, edades, clases sociales, ideologías… es un vocero de la muerte, bastante democrático hasta ahora. Seguro que escuchó hablar de la aparición de una cepa criolla, en realidad, es viejita, mire si lo será, data de 1816. La idea fuerza desde entonces es que al otro le vaya mal en lo que haga, eso lo pone contento, si yo no soy feliz que el otro y los otros no lo sean. ¿Se da cuenta de cómo viene la mano?

“¿Cuándo inventarán una vacuna contra la corrupción?”, preguntaba mi viejita. Siempre existió: la educación. Sin ella, ni tampoco con una economía digna, iremos muy lejos. Deberíamos haberlo aprendido hace tiempo. Lo que hoy es motivo de elogio, mañana es de crítica, lo sabría el Beto Einstein si hubiese sido argentino. ¿Por qué me mira así? Todos criticamos. Pocos o casi ninguno proponen soluciones.

El abrazo del corazón, la mirada del alma, la mano que se abre, la sonrisa que ilumina, la paz que nos moja en una puesta de sol, el beso de la luna, son gestos para acercarnos, reconocernos, mirarnos por dentro e ir al encuentro del otro. Depende solo de cada uno.

Mientras sigamos entrampados en la “cultura del sí, pero”, será difícil encontrar la unión y la dignidad. Sí, puede ser, pero quién nos quita lo bailado, ¿que no?

© LA GACETA

Roberto Espinosa – Periodista y escritor.

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