Una trama de sorpresas y descubrimientos - LA GACETA Tucumán

Una trama de sorpresas y descubrimientos

La familia, la amistad, la adolescencia y los modelos. Por Elena Victoria Acevedo.

18 Abr 2021
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La vita bugiarda degli adulti, título original de la última novela de Elena Ferrante, está organizada en siete partes. La primera se inicia con una aseveración de la voz narradora: “Dos años antes de irse de casa, mi padre le dijo a mi madre que yo era muy fea.” Además, precisa el contexto y el tiempo en que fue dicha: en el departamento de Nápoles en Rione alto un día de febrero gélido, y explicita también el efecto que provocaron en ella esas palabras: “quedé a la deriva y sigo ahora a la deriva.”

Resulta interesante observar que la mirada de Giovanna, la protagonista, va cambiando a medida que crece, deja atrás la niñez, se asoma a la adolescencia y descubre las hipocresías del mundo adulto. Su padre, al que quiere y admira, ha sentenciado que fealdad y maldad van de la mano como es el caso de su tía Vittoria. La búsqueda identitaria la lleva a querer acercarse a esta misteriosa tía. “El nombre de Vittoria sonaba en mi casa como el de un ser monstruoso que mancha e infecta cuanto toca”.

Lo cierto es que el odio entre Vittoria y Andrea, el padre de Giovanna, es irreversible. Ese odio se hace extensivo a la madre, quien detesta a la cuñada “como se detesta a una lagartija que se te sube por la pierna desnuda.”

Comienzos

Los ferrantófilos no se defraudarán con esta novela que tiene su estilo personalísimo y descarnado. Poco a poco el lector irá conociendo detalles de la vida de Giovanna - nacida el 3 de junio de 1979 e hija de profesores treintañeros- su relación con Ángela e Ida, hijas del matrimonio amigo de sus padres, la relación con Vittoria, con otros jóvenes y, sobre todo, con Roberto.

Las relaciones adúlteras de sus padres que se entrecruzan con la pareja amiga ocupan buena parte del relato y causan gran dolor a la protagonista.

La construcción identitaria de Giovanna quedará determinada por el contexto familiar, tanto que afirma: “Aprendí a mentir a mis padres cada vez más”. En efecto, mentir es para ella acomodar el mundo, es recrearlo a medida que lo conoce. La autopercepción linda con lo anodino, el sentirse insignificante e insustancial.

Vittoria Trada, por otro lado, es todo un enigma a develar: su historia, su amor frustrado, su regalo a la sobrina recién nacida, “su belleza tan insoportable que considerarla fea se convirtió en una necesidad”, al decir de Giovanna.

Encontrar el amor en este contexto de ambigüedades, de resentimientos y desamores no parece posible. Giovanna descubre sentimientos nuevos, el sexo, su propia corporeidad y la de los otros.

La adolescencia aparece bajo la metáfora de una paleta de colores diversos, Giovanna dará los pasos necesarios para arribar a un mundo adulto desconcertante y hostil.

La condición humana

Como en las novelas anteriores de Elena Ferrante, también en esta se advierte en forma marcada la diferencia entre el italiano hipercorrecto y el dialecto: “Todos me hablaron en un dialecto cordial salpicado de italiano y yo me esforcé por hacer lo mismo, o al menos hice un hueco en mi italiano hipercorrecto a un poco de acento napolitano.”

Siguiendo a Umberto Eco en las Confesiones de un joven novelista podemos considerar a los personajes de ficción como objetos absolutamente imaginacionales que cuando están bien construidos “se convierten en ejemplos supremos de la verdadera condición humana.” Los personajes de Elena Ferrante lo son.

Celia Filipetto se ha encargado, también esta vez, de la excelente traducción al castellano y ha reconocido que “el hecho de que Elena Ferrante haya decidido no mostrar su persona ha permitido que todos sus traductores adquiriésemos más protagonismo de lo que es habitual en nuestro oficio” (La Vanguardia).

NOVELA LA VIDA MENTIROSA DE LOS ADULTOS
ELENA FERRANTE (Lumen - Barcelona)

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