Las testigos del dolor protagonizan “Nosotras también estuvimos” - LA GACETA Tucumán

Las testigos del dolor protagonizan “Nosotras también estuvimos”

Se estrena el documental de Federico Strifezzo centrado en las enfermeras que atendieron a los heridos evacuados de las islas.

01 Abr 2021 Por Fabio Ladetto
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FOTO HISTÓRICA. Las tres enfermeras que cuentan su experiencia en el documental junto a otras dos colegas.

El registro de toda guerra se orienta más hacia lo que pasa en el frente de combate, con las acciones militares en primera línea, que en la retaguardia, donde el dolor y la pesadumbre agobian a los heridos. Hoy a las 22, en la señal Cine.Ar TV, se estrenará “Nosotras también estuvimos”, en el que Federico Strifezzo aborda la historia de las enfermeras que trabajaron en el hospital de Comodoro Rivadavia asistiendo a los combatientes evacuados.

En el filme brindan su testimonio Alicia Reynoso, Stella Maris Morales y Ana Masitto, jóvenes enfermeras de la Fuerza Aérea trasladadas al sector continental de la zona de operaciones. Sus voces resumen las experiencias propias y de otras 11 colegas en igual situación, para quienes la muerte era algo cotidiano.

“No hay un solo tiro en el documental. No se ve una sola arma. Lo que se escuchan son experiencias, voces de mujeres que quedaron marcadas de por vida por esa guerra. El documental es una crítica a la guerra, y aunque estoy en contra de ellas los hombres y las mujeres que la pasaron realmente mal merecen nuestro mayor respeto”, le dice el director a LA GACETA.

- Naciste luego del conflicto, no lo viviste. ¿Qué despierta Malvinas en tu generación?

- Por diversas razones, es una herida que tenemos gran parte de los argentinos, sobre todo quienes habitan y habitaron el sur del país. No estoy seguro de que para mi generación tenga una significación especial. Nacimos durante la guerra o poco después de finalizada, y en general resulta algo lejano, tanto espacial como temporalmente. El hecho de que durante muchos años se haya silenciado y ocultado debe haber contribuido a generar un gran desconocimiento. No recuerdo que me hayan enseñado gran cosa sobre la guerra. Lo poco que sabía tenía que ver con mi tío, que fue voluntario y fue movilizado pero nunca llegó a las islas. Había escuchado hablar del frío, del hambre y de todo lo que comió al regresar y reencontrarse con su familia. Por películas, sabía más de Vietnam que de Malvinas.

- Pero te involucraste...

- Empezar la investigación para el documental me abrió un mundo, no solo el de las mujeres sino el de la guerra en sí. Malvinas tiene una tasa de mortalidad más alta que la de la Segunda Guerra Mundial; casi no hubo un sólo día sin bombardeos. El terreno y el clima de las islas son muy adversos, y eso dificultó mucho la evacuación de heridos, lo cual se tradujo en un mayor sufrimiento.

- Tus protagonistas abordaron el dolor en directo.

- Fueron enfermeras, es decir que se enfrentaron con la peor cara de la guerra: la de los heridos y los muertos. Por eso creo que su testimonio es doblemente valioso: no solo por haber sido silenciadas como mujeres sino también porque lo que vieron, a pesar de ser duro, debe ser contado.

- Tu llegada a ellas fue casual.

- La primero que vi de ellas fue una foto de cinco mujeres en uniforme, que caminaban junto a dos o tres ambulancias. Mi reacción fue de sorpresa, de extrañamiento. Llegué a pensar que era el poster de una película, o una publicidad. Pero había un breve texto en el que se hablaba de las enfermeras de Malvinas. Poco tiempo después me reuní con Alicia, que me habló de oscurecimientos, trincheras, frío, cartas, rezos, heridos. El proceso llevó cuatro años y esa foto terminó siendo el afiche del documental.

- ¿Cuántas historias desconocidas quedan todavía, a casi 40 años de la guerra, y por qué?

- Seguramente muchísimas, y las causas deben tener que ver con el largo tiempo de silencio que hubo en torno a Malvinas. El tiempo acomoda las cosas muchas veces, y en los últimos años salieron algunos documentales muy valiosos, como “Teatro de guerra”, de Lola Arias, y “La forma exacta de las islas”, de Julieta Vitullo (disponible en la plataforma Contar). De a poco se van conociendo nuevas historias y nuevos enfoques. Las guerras seguramente son el más profundo de los dramas humanos, y en ese sentido, una fuente inagotable de historias. Ojalá se sigan descubriendo nuevas voces para poder comprender lo terrible de esa experiencia, y la necesidad de no volver a repetirla.

- En toda guerra, la presencia femenina es invisibilizada. ¿Hubo algún agravante en Malvinas?

- El hecho de que fueran enfermeras, y por lo tanto testigos de la peor cara de la guerra, debe haber contribuido. Se conoce el hecho de que los soldados fueron mal alimentados, pasaron frío, sufrieron abandono... Debieron firmar un documento en el que se los obligaba a callar. La derrota y los abusos de los militares generaron un gran tabú. Las enfermeras pudieron haber contado muchas cosas en ese momento; la fuerte presión que recibieron, las amenazas, las llevó a enterrar sus vivencias, a callar. Algunas no les contaron nada a sus maridos ni a sus hijos. Así de profundo fue su sufrimiento.

- ¿Cómo cambiaste vos?

Ahora creo tener una mejor idea de lo que allí ocurrió, y me parece importante que todos los argentinos lo sepamos. Una guerra es la peor expresión de nuestra raza, un hecho cargado de muerte, dolor, sufrimiento, heridas, traumas. Hubo más suicidios de exsoldados que muertos en combate; debe ser una experiencia muy difícil de imaginar para quienes no la vivimos.

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