EN NAVIDAD. Policías clausuran una fiesta que se llevaba a cabo en la madrugada del viernes navideño, en una casa con más de 40 personas.
En un año atípico, que quedará marcado por la Covid-19, la prohibición de fiestas y reuniones sociales con un gran número de participantes están entre las medidas más duras que se tomaron para evitar la propagación del virus. Tanto que aún hoy siguen vigentes. Si bien hubo cada vez más flexibilizaciones -volvieron bares y se permitieron reuniones con un número reducido de personas-, las autoridades de Seguridad estuvieron encargadas de desactivar los eventos que se hicieron en la clandestinidad a lo largo del año.
“Nos hemos manejado con las denuncias que se hacen a través de las redes y el número de WhatsApp que tenemos, además de todos los operativos que planeamos semana a semana”, dijo Samuel Semrik, interventor del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA).
Mediante estos operativos, el IPLA clausuró este año cerca de 145 eventos clandestinos, entre fiestas y reuniones que no cumplían con los protocolos establecidos. “Los eventos aumentaron en el último mes a partir de los dos fines de semana largos. Además, muchas denuncias son falsas y esto nos hace perder tiempo en buscar fiestas que no son reales”, continuó. Pese a los incrementos de intervenciones del IPLA en diciembre, Semrik aclaró que esperaban mucho más movimiento en Navidad, noche en la que se detectaron cuatro fiestas clandestinas. “Una en Yerba Buena, otra en Barrio Policial, una al sur de la provincia, y la última en Barrio Sur”, especificó.
Semrik dijo que no hubo grandes inconvenientes a la hora de desalojar las fiestas, sino que quienes las organizaban “sabían que estaban fuera de las normativas legales”. Sin embargo, el principal problema del IPLA estuvo en sus limitaciones para actuar. “No es lo mismo una fiesta con venta de entradas y de alcohol, que una reunión entre mucha gente en una casa en la que no se venda nada. Las dos están prohibidas, pero en la segunda no tenemos posibilidad de actuar, a menos que tengamos una orden judicial que nos avale”.
En este sentido, Carlos Carrillo, jefe del Departamento de Operaciones Policiales, destacó que es importante diferenciar los tipos de eventos, algo que dificulta la tarea de los operativos policiales. “Cuando uno va, varios empresarios dicen ‘no, yo tengo un bar’, pero entre los bares y los bailes hay una línea muy delgada. Ahora todos los bares tienen DJ...”.
A medida que pasaron los meses las exigencias se fueron atenuando y hoy, en primer lugar, se opta por el diálogo para instar a que se cumplan los protocolos de sanidad.
“En un principio, cuando las disposiciones eran estrictas, se clausuraba y desalojaba. Ahora, con las flexibilizaciones, siempre se apela a hablar para que se cumpla y, si se ordena la situación, no es necesario suspender todo”, dijo Luis Ibáñez, secretario de Seguridad, en una charla telefónica con LA GACETA.
Casos llamativos
“Lo que más llama la atención es como en un lugar inhóspito y abandonado arman toda una fiesta. Por ejemplo la última fue en la calle Maipú, en Tafí Viejo, en un depósito, un galpón que los asistentes empezaron a utilizar y alarmó a los vecinos porque es un lugar tranquilo, que fueron los que denunciaron”, expresó Ibáñez.
Otro caso llamativo se registró en el Timbó, en un descampado en el que se llevaba a cabo una fiesta de 250 personas. “Había grupos electrógenos, carpas de gran tamaño, se vendían muchas bebidas… La verdad que fue una de las más grandes de las últimas semanas”, resaltó Semrik.
El 14 de diciembre pasado se desarrollaba un after en avenida Roca al 200, y cuando fue la policía a desactivar la fiesta, los dueños de casa apagaron las luces, se encerraron y se negaron a dialogar. Mientras, varios participantes del evento escapaban por los techos de las casas vecinas.
Ya en noviembre, se realizaba una fiesta con 100 personas en Yerba Buena, que llamó la atención porque cuando el dueño de casa se presentó ante los agentes del IPLA, se dio a conocer que era un joven médico. Dos semanas antes de ese evento, en el Cadillal también se detuvo a 28 personas en una fiesta clandestina y se secuestraron seis autos.
“Pretender que no haya esparcimiento por un año es utópico”
A pesar de los esfuerzos hechos durante estos meses, las fiestas clandestinas nunca dejaron de existir. “Pasa porque no se puede tapar el Sol con un dedo. Tienen a la gente imposibilitada de una actividad fundamental para el ser humano como es el esparcimiento. Creo que la sociedad puede superar las restricciones uno o dos meses, pero pretender que la gente no vaya a buscar opciones de esparcimiento por un año es una utopía”, dijo Eduardo, un hombre que está en el rubro de la organización de eventos desde hace 18 años.
Además, él es miembro de la Industria del Entretenimiento Argentino (Idear), con filial en Tucumán, y la organización envió una carta al presidente Alberto Fernández y a los gobernadores de todas las provincias en la que manifiestan su “profunda preocupación por la creciente clandestinidad que surge a partir de la prohibición del entretenimiento formal”. Y solicitan que se autoricen eventos para “ofrecer un entretenimiento seguro, con protocolos, bajo un esquema de burbujas sociales y con horarios extendidos para evitar que la gente continúe los festejos al terminar la fiesta”.








