Pensar en la “pandemia nuclear”

Por Carlos Duguech, analista internacional.

07 Agosto 2020

No es una apropiación antojadiza del término que aprendimos a incluir en nuestro vocabulario diario por la profusión que adquirió en todos los medios, en todos, en el planeta. Ya quedó muy atrás aquella “prueba de campo” que necesitaba EEUU para certificar in situ, en el escenario de una Segunda Guerra Mundial que terminaba, su flamante arma de destrucción masiva. Hasta la recién creada Naciones Unidas, que se institucionaliza el 24 de octubre de 1945, omite incluir en el preámbulo de su Carta (firmada el 26 de junio de ese año) la experiencia de Hiroshima y Nagasaki.

El primer párrafo lo dice todo: “Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido (en tiempo pasado lo dice) a la Humanidad sufrimientos indecibles…”.

75 años después, este 6 de agosto podemos decir que se ha hecho tabla rasa con los anhelos de quienes imaginaron y concretaron el nacimiento de la ONU. Nueve países poseen armas nucleares en arsenales y en bases. Y también en circulación expectante (submarinos, aviones, trenes, etc.) ante la eventualidad de que resulte necesaria su utilización. Ellos son Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña Francia, China, Pakistán, Israel, India y Corea del Norte. Y cada uno de ellos tiene gravísima responsabilidad en una probable guerra nuclear. Porque una conflagración de ese tipo no admite treguas.

Hemos vivido estos siete decenios últimos enarbolando como bandera de paz una palabra: disuasión. Palabra sana, en origen, noble, pero vestida de un siniestro ropaje de amenaza: disuasión nuclear. La carrera armamentista nuclear bautizó, además, una sigla, de espantoso significado entre humanos: “MDA” (Mutua Destrucción Asegurada), Una filosofía nefasta de “convivencia”. O los dos vivimos o los dos nos aseguramos matarnos.

La pandemia actual

¿Cuánta preparación efectiva tuvieron los 188 países afectados por el virus de la pandemia?

¿Cuántos establecimientos de salud estatales o privados tenían los suficientes recursos para la atención de los infectados?

¿Cuántos establecimientos de salud estatales o privados disponían de los suficientes recursos humanos de médicos especialistas y de enfermería adiestrados para la atención de los infectados?


Otras preguntas

Si formuláramos las mismas preguntas pero relacionadas esta vez con la “pandemia nuclear” tendríamos estas respuestas:

1) Ninguno de los 188 países afectados por el coronavirus tiene alguna preparación suficiente ante la eventualidad de una guerra nuclear.

2) No hay en el sistema de salud en ningún país del mundo un área preparada adecuadamente para tratar a los sobrevivientes de una guerra nuclear, con quemaduras profundas, expandidas, heridas desgarradas, contaminación por radiación y todo sumado al espanto experimentado por todos. Por las víctimas y por los pocos que quedarán en sus puestos, si estos se mantuvieran funcionales aún.

3) Por más que algunos países con arsenales nucleares -y otros “previsores”, también conocedores de los efectos que esas armas de destrucción masiva producen- han dispuesto refugios “antinucleares”, nadie en su sano juicio - gobernantes o gobernados- podrá afirmar que las personas refugiados en esas construcciones volverán a una vida normal en un ambiente duramente afectado por las consecuencias de explosiones nucleares.

El Tratado sobre la prohibición armas nucleares

Esta es la única repuesta válida, Necesaria. Urgente. El tratado que se firmó en la sede de la ONU en septiembre de 2017 es de una trascendencia que parece de otro mundo, de otro tiempo. Son necesarias 50 ratificaciones de otros tantos países miembros de la ONU para que sea vinculante para todos. Lo resistirán los nueve países que lo boicotearon. La solución no será de la noche a la mañana. Debería programar cada país con armas nucleares un sistema de reconversión industrial, de prepararse para la guerra a prepararse para la paz. Para no resentir, sería injusto, sus economías basadas en los complejos industriales para fines bélicos y sistemas financieros ligados.

No hay otra salida para esta tragedia en la que la Humanidad puede sucumbir por una “pandemia nuclear”: sea que se desate sus fuegos por decisión de “estadistas” impulsivos, por accidente, por error humano o por el terrorismo sin patria ni banderas.

Argentina no firmó ni ratificó ese tratado, aún. Sería un buen signo que lo hiciera e invitara a otros países a hacerlo.

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