“Sapo” Díaz le puso música al fútbol con su trompeta

Un personaje que fue admirado por los hinchas de Sportivo y respetado en todos los clubes.

03 Jun 2020 Por Miguel Eduardo Décima
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INSEPARABLES. “Sapo” Díaz lucía los colores rojo y blanco de Sportivo. A mano, la trompeta.

Hay quienes afirman que el eco de su trompeta todavía se escucha en los rincones del estadio de Sportivo Guzmán. Ahí nació, creció y se inmortalizó un personaje que forma parte de los recuerdos inolvidables del fútbol tucumano. Oscar “Sapo” Díaz fue un simpatizante “juliano” que durante muchos años acompañó y alentó al conjunto de Villa 9 de Julio. Pero no fue un hincha más. Era un símbolo. Un tipo querido y respetado por todos, incluyendo a sus rivales deportivos. Algunos clubes tienen ídolos que dejaron sus huellas en el campo de juego. Otros contaron con dirigentes que dejaron marcado su nombre con obras que perduran en el tiempo. En este caso, “Sapo” Díaz es sinónimo de Sportivo.

El 29 de agosto de 1975 el fútbol tucumano perdió a uno de los protagonistas más emblemáticos de su historia. Ese día falleció Oscar Díaz pero en simultáneo nació la leyenda del “Sapo” Díaz. El hincha de Sportivo que acompañó a su querido club en cada escenario donde jugaba, ya sea por los puntos o simplemente un amistoso. La trompeta fue su fiel compañera. Jamás se desprendió de ella hasta el último día de vida. Esa fue su marca registrada.

Ya pasaron casi 45 años de aquella triste jornada que será recordada de manera especial. En homenaje a su ejemplar comportamiento, la Liga Tucumana de Fútbol decidió que se celebre el “Día del hincha tucumano”. El “Sapo”, que había nacido el 23 de agosto de 1921, fue querido por los simpatizantes de la entidad de Villa 9 de Julio, pero al mismo tiempo fue respetado por el resto de los aficionados del fútbol tucumano que disfrutaban con su presencia en las tribunas de los diferentes canchas de la provincia. San Martín y Atlético, que en ese tiempo competían a nivel nacional representando a la provincia, le abrieron las puertas de sus respectivos estadios cada vez que jugaban de local en el viejo campeonato Nacional.

Aquellos que lo conocieron cuando era chico (vivía en avenida Juan B. Justo al 1.200 y luego se mudó a Raúl Colombres al 100), recuerdan que creció en una familia humilde y tuvo que trabajar desde pequeño para ayudar a su madre, Estefanía Díaz. Vendía leche de burra, que en esa época se usaba para alimentar a los chicos ya que decían que prevenía la temible tos convulsa.

El boxeo, disciplina que practicó, también despertó su interés. Pero el fútbol logró atraparlo cuando se ganó la admiración de los hinchas “julianos” al concurrir al estadio de Posse y Juramento luciendo los colores rojo y blanco.

Con el correr de los años, los habitantes de Villa 9 de Julio se acostumbraron a verlo transitar por las calles del barrio luciendo una pintoresca vestimenta con los colores que históricamente identificaron a su querido Sportivo Guzmán, y llevando la trompeta que le había regalado la familia Bellomío.

Humberto Rizza, histórico presidente del club, le regaló la tela para que se confeccionara la primera indumentaria que utilizó. Con el tiempo se convirtió en un emblema personal.

Esas prendas son una verdadera reliquia y ocupan un lugar destacado en las vitrinas que el club tiene en sus oficinas. En ese lugar también está la emblemática trompeta, la que se podía escuchar en los encuentros y que se transformó en un símbolo de la historia de los “Julianos” y del fútbol tucumano.

La vida de Díaz se apagó debido al accidente que sufrió mientras trabajaba. Lo que nunca se apagará será la estampa de un hincha que es recordado por los mayores, pero a quien las nuevas generaciones de simpatizantes “julianos” también admiran, sobre todo por la pasión con la que se habla de él. “Un loco lindo con un corazón de oro”, lo describió José Miranda Villagra, compositor tucumano que a finales de la década del 60 le escribió una canción que luego se convirtió en himno entre los “Julianos”.

“Cuando Sportivo era local, el domingo era diferente a cualquier otro día en el barrio. La fiesta comenzaba temprano. La calle Raúl Colombres se teñía de rojo y blanco. Luego del almuerzo, él salía de su casa con su compañera inseparable: la trompeta. Su presencia en el estadio le daba un toque especial a la previa de los encuentros. Todos cantaban y alentaban al ritmo de su música”, recuerda Roberto “Waly” Medina lo vivido en esos tiempos. “Sapo” Díaz era un líder, pero su imagen era todo lo opuesto a lo que muestran los jefes de las barras en la actualidad.

Medina, fanático del “Juliano” e integrante de un equipo periodístico del programa radial “Sentimiento juliano”, tiene un hermoso recuerdo de “Sapo”. “Era un tipo que disfrutaba de ir a la cancha. Llegaba temprano para presenciar el partido que se jugaba previo a la Primera. Él alentaba con el mismo entusiasmo a las dos categorías. Sólo le importaba Sportivo. Cuando el equipo no la pasaba bien hacía sonar su trompeta para que los muchachos reaccionen. Los partidos sin su presencia en la cabecera eran muy diferentes”, le contó “Waly” a LG Deportiva.

El basquetbol fue otra de sus pasiones. Cada vez que Redes Argentinas y Estudiantes jugaban partidos importantes por el torneo local, los directivos de esos clubes lo invitaban al estadio para alentar a los equipos. Lo hacía vestido con los colores del “Juliano”, el gran amor de su vida. “Fue un personaje que dejó una huella imborrable en el deporte tucumano”, agrega Medina, que está escribiendo un libro para celebrar el centenario de Sportivo Guzmán, que se producirá el 21 de abril de 2021. En sus páginas, “Sapo” Díaz será uno de los protagonistas. Un merecido homenaje.

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