Garantizar la educación es asegurar la conectividad

28 May 2020 Por LA GACETA

Declarada la pandemia, cerradas las escuelas y decretada la cuarentena en la Argentina, las aulas rápidamente se trasladaron al espacio virtual. Rápidas de reflejos, las autoridades de Educación implementaron sistemas para que los estudiantes no perdieran el año lectivo, sin una idea ni siquiera aproximada de cuándo volverían a los establecimientos.

Para los chicos nativos digitales el cambio fue repentino, pero no traumático: buena parte de sus vidas transcurre en la virtualidad, donde las videollamadas, las plataformas digitales y las redes sociales son lo cotidiano. Los docentes, por su lado, se llevaron una grata sorpresa al ver que esas tecnologías que muchos veían lejanas y complejas, no lo eran tanto y que, por el contrario, permitían sostener las actividades del aula, encontrarle una nueva vuelta al sistema educativo y hablar con los estudiantes en su mismo lenguaje.

Fueron varios los docentes que coincidieron, en distintas notas publicadas en nuestro diario, que la experiencia fue -y es- altamente exitosa, que a ellos los empujó a explorar estas herramientas y que, cuando todo esto pase, seguramente habrá quedado el aprendizaje para ellos mismos. De un modo u otro, ya no hay vuelta atrás: la tecnología es y debe ser parte de la actividad docente.

Ahora bien, superada esta brecha generacional y tecnológica entre docentes y estudiantes, la pandemia puso de manifiesto otra profunda grieta de desigualdades, que define dos mundos diametralmente opuestos: el acceso o la falta de acceso a esas tecnologías.

Muchas veces se dice que sólo hace falta una computadora o un teléfono con conexión a internet para tener abierta la ventana al mundo, al conocimiento infinito que nutre la red de redes. Pero en este marco en el que internet se ha vuelto un bien imprescindible, asistimos a la realidad de que no es tan sencillo como enunciarlo: no todos disponen de un teléfono, de una computadora ni de conexión a la web.

Así como para ir a clases se necesitan: ropa, zapatillas, guardapolvo, útiles escolares y medios de transporte, además de salud y alimentación, hoy en día integran esa lista de imprescindibles la conectividad. La conexión a internet incluye o excluye del sistema educativo, con o sin pandemia.

En Tucumán, el 28,7% de los estudiantes no tiene acceso a internet, según los últimos datos de Aprender, el sistema nacional de evaluaciones del universo educativo. Es decir que en estos momentos, tres de cada 10 estudiantes no está accediendo a su derecho a la educación. “No son los alumnos pobres quienes abandonan la escuela, sino que es el modelo social de distribución de bienes (como internet) el que los abandona, los desconecta, los deja sin educación”, sostiene el pedagogo Mariano Narodowski, autor de “El colapso de la educación”.

Se vuelven imperativas entonces las iniciativas como las del Observatorio Argentinos por la Educación que, en conjunto con la Fundación León, elevaron un pedido con las firmas de destacados académicos y dirigentes sociales a las empresas de telefonía, al Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) y al Ministerio de Educación de la Nación para garantizar el acceso a internet.

La consigna es clara: #SinConexiónNoHayEducación. Y el objetivo también: si el Estado debe garantizar el derecho a ser educados, entonces debe asegurar el acceso a internet. De otro modo, la enorme grieta de oportunidades seguirá abierta y sangrando en nuestro país.

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