Entrevista a Mónica Müller: “Los seres humanos tenemos una horrible tendencia a destruir todo lo que tocamos”

Escuchar y leer a la médica y escritora Mónica Müller es un soplo de aire fresco en medio de la pandemia por coronavirus. Acaba de reeditarse Pandemia - Virus y miedo, publicado en 2010 y recientemente actualizado. En sus páginas cuenta la influencia de los virus en el mundo. La semana pasada el libro fue presentado en LA GACETA Play. En esta entrevista profundizamos algunos de los temas que allí se tocaron y abordamos nuevas cuestiones.

10 May 2020
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Por Alejandro Duchini

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

El libro al que vamos a referirnos fue actualizado ayer. Ayer nomás, hace escasos meses -hasta semanas, podría decirse-, cuando el mundo era otro, el verano se terminaba y andábamos por las calles como si nada y no teníamos miedos, aunque algún temor asomaba. Los barbijos, cuando fue actualizado Pandemia - Virus y miedo, el libro de la doctora y escritora Mónica Müller publicado inicialmente en 2010, no asomaban ni en fotos. La Semana Santa se planeaba como un fin de semana largo de rutas y esparcimiento. ¿Se acuerdan? Todavía nos abrazábamos con amigos y compartíamos el mate. Hasta que llegó el coronavirus. Arrasó en Europa, primero, y en América, después. Los occidentales culpamos a los orientales. Conocimos que hay algo que es la sopa de murciélagos. Y nos resignamos al encierro y las videoconferencias. Pero más allá de fronteras, quedamos inmersos en la incertidumbre.

- Hace nada, el mundo era otro mundo.

- Cuando empezó esta pandemia, ya anunciada, actualicé el libro. Es impresionante ahora leer la introducción original porque dice cuán poco duran las verdades en medicina. La medicina evoluciona muy rápido. En epidemiología las verdades duran un día. Es impresionante cómo todo cambia. En Buenos Aires había preocupación pero nadie usaba barbijo. Un mes después se usa barbijo. El Presidente dice que se puede salir y los gobernadores dicen que no. Pero no son cuestiones locas, sino decisiones que obedecen a lo que se va viendo. Uno no se protege solo a sí mismo, sino al otro también. Ahora se sabe, se pudo estudiar, cuánto puede volar el virus con las partículas. Semana a semana la realidad es otra. Entonces, si el Presidente dice “pueden salir”, porque así lo aconsejan los expertos, que son los mejores de nuestra ciencia, y los gobernadores se echan atrás, es porque también tienen sus razones. Entre ellas, que tengan mucha gente en sus ciudades a la que no podrán controlar. Como pasó en Italia, donde por las salidas abruptas que hicieron a las calles volvieron al punto partida de la epidemia y probablemente haya una nueva ola.

- Si bien Pandemia es un libro científico, ¿en qué se parece a una ficción?

- No es una ficción, pero los virus sí son tema de ficción. Hay mucha literatura de ficción sobre la base de los virus. No hay nada más aterrador que el enemigo invisible, porque provoca ansiedad, aunque no siempre temor. En todo caso un temor difuso, porque no sabés dónde está. Un paciente mío puso la alfombra sobre la rejilla del baño por temor a que entre el virus por ahí, por ejemplo. Entonces, no hablamos de ficción, pero podría serlo.

- ¿El marco es similar al de la gripe aviar, en 2009?

- Con la gripe de 2009, ya desde 2003 la ciencia anunciaba que se venía algo así. Granjas en que criaban animales de manera monstruosa, que eran fuentes de creación de virus. Con los estudios permanentes uno puede esperar que pasen estas cosas y que hasta pueda haber segundas olas. Los virus se mueven de manera muy estratégica. Bill Gates dijo en 2015 que se venía algo como lo que padecemos ahora. Hoy, mucha gente interpreta eso como un indicador de que lo inventó él. Como si fuese una confabulación mundial de gente que fabrica virus para enriquecerse. No descarto eso ni digo que sea ridícula la idea, pero lo primero que pienso es que los virus mutan para conseguir eso que vemos hoy. Se mueven a mucha velocidad. Me parece que no es necesario que nadie cree los virus porque se crean solos. ¿Si esas personas tienen esos planes diabólicos no se hubiesen preparado para resguardarse de la pandemia? Por otro lado, lo concreto es que hay datos de la OMS que anuncian la llegada de algo así desde hace años.

- Cuando usted habla de las granjas, ¿refiere a la mano del hombre para crear las condiciones para nuevos virus?

- Así es. Hay que tener en cuenta la situación de violación del planeta que creamos. Estamos aniquilando especies animales. En Estados Unidos son astutos y crean buenos slogans. Que los chinos comen cosas raras, por ejemplo. Pero los occidentales también comemos cosas raras. La sopa de murciélago crea el horror, el asco, y eso hace que la xenofobia se extienda muy rápido. Entonces se crea que el coronavirus se inventó en Wuhan, China. Y no podemos olvidarnos de que la epidemia de 2009 comenzó en una granja o criadero mexicano, sucursal de una empresa norteamericana, con cerdos hacinados con antibióticos desde que nacían. Eran cerdos en una situación inmunitaria aberrante, con trabajadores migrantes que no tenían medidas de seguridad y eran explotados Eso también nos pone en riesgo. Lo de la sopa de murciélagos puede ser. Pero también hablemos de lo que tenemos en casa.

- Y de eso casi que no se habla...

- Desde el HIV en adelante, las epidemias fueron producidas por virus animales. El HIV, a partir de monos. Después el H1N1, gripe porcina. El de las SARS, o “vaca loca”. Antes eso no ocurría. Y en los últimos 30 o 35 años, sí. Se está deforestando el planeta, se liquidan bosques, los animales se mudan más a las ciudades, los monos se acercan a las urbes y vemos que algunos tienen fiebre amarilla. Eso lo estamos generando nosotros. Entonces, culpar a un país o a una etnia es una irresponsabilidad xenofóbica.

- ¿Qué opina del papel de los medios de comunicación en cuanto a su responsabilidad de informar y formar?

- Los medios de comunicación tienen responsabilidad. Es fundamental que existan, porque para trabajar en la epidemia es central la información, que la gente sepa qué pasa. Lo que ocurre es que en la Argentina no hay periodistas científicos. Entonces, los periodistas escuchan y repiten. O hacen entrevistas y desgraban y ponen cualquier cosa. Porque además hay apuro. Está esa necesidad de llegar primero. Muchas veces se bajan informaciones confusas que pueden ser contradictorias y negativas. La sangre atrae. Cuando muere una persona lo primero que hacen es contar sobre su último cumpleaños, por ejemplo.

- ¿Cómo podrían ayudar los medios de comunicación o los periodistas?

- Deberían entrevistar a personas que sepan del tema. Armarse de información verificada. Pero no todos hacen eso. Una vez fui a un programa de televisión en el que un neumonólogo podría hacer dicho cosas muy interesantes pero sólo le preguntaban qué iba a pasar. Y eso es imposible saberlo.

- ¿Cuánta importancia tiene la comunicación entre la gente, la lectura y hasta la escritura en estos días?

- En lo personal, soy muy lectora. Leo y escribo. Es mi manera de comunicarme con el mundo. El otro día leía una entrevista a Boris Cyrulnik (neurólogo), especialista en resiliencia. Hablaba sobre esta epidemia y decía que lo que salva es tener la posibilidad de manejar un lenguaje y tener a quién comunicarlo. Los chicos no pueden verbalizar: no van al colegio, no ven a los abuelos, y para ellos esos son problemas profundos. Por eso el rol de los padres es tan importante y por eso es necesario tener con quién hablar. Algunos tenemos el privilegio de tener con quién conversar o contar. En mi caso, además escribo. Escribir es terapéutico. Igual que la lectura.

- Tengo entendido que usted es una gran lectora ¿Qué libros la acompañan en la cuarentena?

- Tenía una pila de veinte libros en lista de espera, que por distintos motivos no podía leer, y ahora que me puse a leerlos me quedan cuatro. Estuve leyendo a Witold Gombrowicz, Lucía Berlin, Lorrie Moore y Emmanuel Carrere.

- ¿Qué cambios sociales imagina para cuando esto pase?

- Soy muy escéptica. No creo que vaya a cambiar nada. Los seres humanos tenemos una horrible tendencia a destruir todo lo que tocamos. Los poderosos quieren acaparar cada vez más, ambicionan cada vez más. Son incapaces de bajarse de ese deseo enfermizo de apoderarse y tener más y más. Las personas se mueren de a millones y esas muertes parecen los números de los supermercados calculados como pérdidas por robos. Las muertes de personas por malaria o cólera ya están calculadas. Eso no va a cambiar. Lo primero que debería cambiar es que no falte el agua potable. Hablamos de la importancia del lavado de manos y no hay agua potable. Eso es lo que tiene que cambiar. Hay países que no sabemos ni que existen. Hasta que no cambien esas cosas, no cambiará nada. Eso me da pena y me da bronca. Sin agua, sin cloacas, ahora nos vamos a ocupar de la vacuna. Está bien. Pero también hay que ocuparse de lo otro.

© LA GACETA

Perfil

Novelista y médica, Mónica Müller actualizó Pandemia - Virus y miedo (Editorial Planeta), un libro publicado en 2010. Cuenta cómo padeció el mundo los virus desde la gripe española, en 1918, hasta hoy, con el coronavirus. Entre sus títulos editoriales están El gato en la sartén, Secuelas y Mi papá alemán.

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