Nota breve con referencia a otra epidemia

10 May 2020
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EL AZOTE DEL CÓLERA. Una escena de la cotidianidad del Mercado de Algarrobo durante epidemia de 1887.

Por Lucía Piossek Prebisch

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

No conocí a mis abuelos paternos. Murieron durante la epidemia de cólera que azotó y diezmó a Tucumán en el verano de 1886-1887. Los dos, con breve diferencia de tiempo se fueron, dejando en la orfandad y la pobreza a sus dos hijos, Julio Fernando y Adolfo, este apenas de cinco o seis meses de edad.

Los dos huérfanos Piossek vivieron unos pocos años con la abuela materna, y a la muerte de esta, los recogió un hermanastro mayor, Romirio Ávila, que los llevó a su finca en Famaillá. De él mi padre tenía un muy agradecido recuerdo. Allí, en Famaillá, Adolfo se inició en los grados primarios, en la escuela a la que los dos hermanos llegaban, en mula, tras un buen recorrido.

Adolfo, mi padre, terminó su escuela primaria en San Miguel de Tucumán, y luego sus estudios secundarios en el Colegio Nacional. Con un escaso remanente de la venta de la casa paterna, pudo trasladarse a Buenos Aires, donde se inscribió en la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Luego de aprobar primer año, por duras razones económicas se trasladó a Córdoba, donde prosiguió los estudios universitarios de derecho. Gracias a una circunstancia favorable, pudo concluir su carrera de abogado y recibirse de doctor en jurisprudencia con una tesis sobre “La propiedad civilísima”. La circunstancia favorable fue la siguiente: un conocido juez cordobés había solicitado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba que le dieran el nombre de un estudiante sobresaliente para desempeñarse como secretario en el juzgado a su cargo. Y luego de este trabajo, posiblemente por diligencias del mismo juez, Adolfo fue designado Auditor de Guerra, con el grado de teniente coronel.

Una vez doctorado, Adolfo regresó a Tucumán, renunció a ese cargo de auditor, y se dedicó de lleno a trabajar en su nuevo bufete de abogado, en donde se hizo prontamente de prestigio por su seriedad y eficiencia profesional.

En 1919 se casó con Amalia Prebisch, casualmente ella también hija de un inmigrante alemán, oriundo de un pueblo cercano a Dresden, y de madre argentina.

Del resto de la trayectoria familiar, académica y política de mi padre es posible informarse gracias un excelente texto de la historiadora Elena Perilli y a las notas esporádicas publicadas por Carlos Páez de la Torre (h). Y a la semblanza hecha por su hija Teresa. (1)

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Pero ¿quién fue Adolf Piossek, que muriera en febrero de 1887, a causa de una peste implacable? De Adolf Piossek sabemos que fue alemán, con ascendencia polaca; que fue el menor de tres hermanos: Ferdinand, que se instaló como médico en Alta Silesia, y de Julius, ingeniero en ferrocarriles del estado prusiano. Adolf habría estudiado en un gymnasium técnico en Dresden, y habría participado como combatiente en la guerra franco- prusiana.

De aquí en más, la trayectoria de Adolf Piossek pertenece a la historia de la gran inmigración en la Argentina ocurrida en los tres últimos decenios del siglo XIX. En 1872, con 28 años, se embarcó hacia la Argentina, y fue así uno de esos jóvenes europeos atraídos por el futuro ´promisorio que les ofrecía un joven país.

Su primer trabajo en la Argentina fue posible gracias a estudios en el Gymnasium técnico en Dresden y tal vez motivado por la profesión de ingeniero en ferrocarriles de su hermano Julius. Ese primer trabajo fue el de técnico en el tendido de vías ferroviarias desde Concordia (Entre Ríos) a Monte Caseros (Corrientes).

Es posible que por el mismo tipo de trabajo llegara a Tucumán, donde se casó con Nicéfora Ávila, y tuvieron dos hijos: Julio Fernando y Adolfo.

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En estos días en que padecemos una pandemia, el recuerdo escaso de esta historia me acosa en casi todo momento. Esa epidemia del verano 1886/87 marcó silenciosamente toda la vida de mi padre. No quería hablar nada sobre su niñez ni sobre su adolescencia. Las hijas nunca se lo preguntamos; entendíamos y respetábamos su silencio.

© LA GACETA

Lucía Piossek Prebisch – Profesora emérita de la UNT.

Nota:

1.- Elena Perilli de Colombres Garmendia: “Adolfo Piossek: un hombre con vocación universitaria”, en Bravo, María Celia (Comp.): Docentes, científicos, artistas e intelectuales en la creación de la Universidad Nacional de Tucumán (1910-1960), pp. 237-252, EDUNT, 2011. Piossek Prebisch, Teresa: Retablo tucumano, EDINOR S.R.L. 3ª ed. , Tucumán, 1987.

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