CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa propuso “pensar un salario universal” para los trabajadores de la economía popular. En una carta, caracterizó a los trabajadores de la economía popular como “un ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras” en medio de la pandemia.
“Muchos viven el día a día sin garantías legales que los protejan”, lamentó Francisco en la misiva. Se dirigió a “los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado”.
“Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento ... y las cuarentenas se les hacen insoportables”, les dijo.
Francisco planteó que “tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna humana y cristiana: ningún trabajador sin derechos”.
Invitó a analizar el futuro tras la pandemia. “Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo”, convocó Francisco, que ya instituyó en el Vaticano un grupo dedicado a pensar el día después de la pandemia.
En la misma línea de pensar “el día después”, pidió al mundo una condonación de la deuda a los países pobres y que se relajen las sanciones contra las naciones más afectadas por la pandemia.
Al finalizar una Semana Santa marcada por las restricciones debidas a la pandemia, el pontífice dedicó su bendición “Urbi et Orbi” a los que han sido afectados directamente por el coronavirus.
En una Basílica de San Pedro vacía, rezó para que haya esperanza “a quienes aún están atravesando la prueba, a los ancianos y a las personas que están solas”.
Recordó a quienes viven preocupados por el futuro incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y las consecuencias que la crisis actual trae consigo.
Antes de hacer el tradicional pedido de paz por los conflictos en el mundo, entre ellos Venezuela, Yemen, Siria e Irak, el Papa aprovechó para dirigirse a la comunidad internacional.
Considerando las circunstancias, pidió, que se relajen las sanciones internacionales de los países afectados, “que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten por parte de todos los países las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”. (Télam)







