Habemus visitatio
La anunciada visita de León XIV reactiva recuerdos, ausencias y contrastes. El Papa llegará a una Argentina atravesada por las tensiones entre los logros del experimento libertario, el malestar social y una actividad que necesita despegar. Mientras tanto, oficialismo y oposición apuntan a 2027 desde un escenario amenazado por fragmentaciones.
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La visita que será remite a las que fueron y a la que no fue. La confirmación papal convoca los recuerdos de los viajes de Juan Pablo II. En el último, estuvo menos de dos horas en Tucumán. Pasaron casi 40 años pero dejó una huella profunda en la memoria.
Muchísimos más recuerdan lo que estaban haciendo el miércoles 13 de marzo de 2013, cuando poco después de las cuatro de la tarde, un ignoto cardenal pronunciaba una frase en latín desde una escenografía de reminiscencias medievales: “Georgium Marium… Cardinalem Bergoglio, qui sibi nomen imposuit Franciscum”. “¡Dijo Bergoglio!”, gritó alguien; luego, otro. Y millones se conmovieron a más de 11.000 kilómetros de distancia, en ese fin del mundo al que uno de sus ciudadanos más célebres nunca regresaría.
En noviembre se encontrarán dos leones con genéticas distintas. Uno es carnívoro e irritable ante cualquier perturbación. El otro es un herbívoro empático con su manada. El mensaje de un líder religioso que tomó su nombre papal de León XIII, padre de la doctrina social de la Iglesia, puede chocar fácilmente con el de un dirigente que sostiene que la justicia social es un robo. A su vez, su única encíclica advierte sobre los riesgos de la IA, mientras el presidente argentino promueve sociedades no humanas. El problema no es que las máquinas se parezcan a los humanos sino que estos se asemejen cada vez más a las primeras, advierte el Papa.
Javier Milei, sin embargo, puede capitalizar el desembarco de León XIV en nuestras tierras por el despliegue de emociones que su presencia puede irradiar en la sociedad. Dependerá de su habilidad diplomática y de la evolución del malestar social que registran las encuestas en los últimos meses.
Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, ofreció una suerte de precuela del discurso papal en la misa de San Cayetano. Exigió empatía con los más necesitados pero también con aquellos a los que les cuesta llegar a fin de mes o los que sufren la presión de las deudas. “La libertad económica no puede ser absoluta”, afirmó.
Los morosos
El Gobierno aduce que se trata de una cuestión entre privados en la que no debe meterse. Tanto el oficialismo como quienes lo cuestionan tienen parte de razón. Medidas gubernamentales —y la ausencia de otras—, combinadas con las turbulencias financieras de 2025, generaron las condiciones para la aparición de tasas que terminaron siendo impagables. Eso no exime de responsabilidad a quienes tomaron esos créditos.
En la Argentina coexisten plazos fijos que pagan 20%, una inflación del 30% y créditos que superan el 100%. La coexistencia indica una profunda distorsión. A eso se suma la pérdida de poder adquisitivo, con tarifas y ciertos precios creciendo por encima de los salarios y una actividad que se enfría. También opera un viejo reflejo argentino: endeudarse a tasas que históricamente eran licuadas por la inflación. Esta vez no ocurrió. El resultado es el mayor nivel de morosidad de las últimas dos décadas.
Los tarados
Al ministro de Economía se le escapó una calificación desafortunada. Llamó tarados a quienes critican los efectos del programa económico en el sector industrial. “Club de devaluadores” era menos hiriente. Los insultos refuerzan la imagen de un funcionariado que ha perdido reflejos para empatizar en un contexto de dificultades acumuladas.
“No estamos pidiendo privilegios ni devaluaciones; pedimos mayor competitividad e igualdad de condiciones”, replicó Martín Rappalini, presidente de la Unión Industrial.
“Todos los boludos como nosotros pagamos las cosas dos, tres o cinco veces lo que valía”, ejemplificó Luis Caputo.
Los dos tienen razón. El consumidor paga el sobreprecio de un proteccionismo inveterado, pero la combinación de apertura y desregulación abruptas con atraso cambiario, altas tasas de interés y una postergada reforma tributaria no ofrecen tiempo ni condiciones para una reconversión. La destrucción creativa schumpeteriana avanza dislocada. Se estima que 3.000 empresas industriales y 100.000 empleos se perderán este año.
Los temerosos
La suerte del experimento libertario puede cifrarse en el nivel de la pulsión dolarizadora de los argentinos. Ricardo Arriazu cree que habrá corrida pero que será tardía, lo que daría al Gobierno un tiempo valioso para enfrentarla con reservas, que según él ya son suficientes para compensar una demanda que estima puede ser inferior a la de 2025. Los argentinos siguen comprando unos 2.000 millones de dólares mensuales. El economista tucumano siempre señala la relevancia de esta variable y la necesidad de que el Gobierno gane la pulseada. “Si se escapa el dólar, chau Milei”, solía repetir.
También considera que la Argentina afronta una de las mayores oportunidades de su historia, después de haber desperdiciado muchas. La salida del laberinto, cree, es agrandar el PBI con orden macroeconómico, estímulo a la inversión, instituciones y la generación de la convicción de que esta vez quien apueste al país no será estafado.
Jardín de la República que se bifurca
Tucumán tuvo visitantes destacados, pero más terrenales, en estos días. Jorge Brito había pasado por la provincia la semana pasada, sin confirmar su candidatura presidencial pero tampoco descartándola completamente. Este miércoles Hernán Lacunza, el más flamante de quienes expusieron aspiraciones presidenciales, circulaba por los pasillos del Sheraton. Como Carlos Melconián, otro pretendiente a ocupar el sillón de Rivadavia, es un economista que busca encarnar continuidad con cambio: equilibrio macro con mirada productivista. Patricia Bullrich ya sacó número para 2031, pero eso -y el hecho de que encabece rankings de imagen- la coloca en algunas cabezas como plan B en 2027.
El amarillismo, como vemos, no solo es un problema del periodismo sino también del gobierno nacional.
Francamente
Sería un buen título para una versión violeta de Sinceramente. El autor natural sería Guillermo Francos, un ultradialoguista -especie escasa en la fauna libertaria- que transmite confianza, empatía y claridad a sus interlocutores. Este jueves se levantó a las seis de la mañana para dirigirse hacia el aeropuerto porteño donde tomaría un vuelo a Tucumán. Buenos Aires era asediada por una tormenta eléctrica que impedía los despegues. Al mismo tiempo, el aeropuerto tucumano estaba cubierto por una espesa niebla, como aquella que alguna vez frustró oportunamente un vuelo presidencial hacia la Casa Histórica. Esa mañana, el columnista Carlos Pagni señalaba en La Nación que muchos en el oficialismo invocaban un regreso del ex jefe de Gabinete para inyectar equilibrio y muñeca en un contexto delicado. Después de tres horas de espera, Francos se subió a su avión pero, antes de despegar, un pasajero entró en pánico, pidió que lo bajaran y la partida se demoró aún más. “Este tipo tendrá alguna información que yo no tengo”, conjeturó Francos. Una metáfora de las recurrentes tormentas argentinas, de las que muchos quieren bajarse. Extenuado, Francos llegó al hotel Hilton para participar de un almuerzo con empresarios organizado por Federalismo y Libertad. Repasó las dificultades y los aciertos del Gobierno, manifestó su convicción de que LLA llegará entera a las elecciones y respaldó a Lisandro Catalán como candidato natural del mileísmo en Tucumán.
Disquisiciones bonaerenses
Un fantasma recorre la provincia de Buenos Aires. Un divisionismo derivado de un Edipo irresuelto de Axel Kicillof con su madre política. Los gobernadores peronistas miran sus propios juegos distritales ante las por ahora menguantes esperanzas de unificación. Sergio Uñac, compañero de nostalgia de Juan Manzur por sueños de reelección frustrados y ex hombre fuerte de la provincia en la que el tucumano es el rey de los olivares, también sueña con Olivos. Finalmente Sergio Massa, perpetuo boy scout, está siempre listo. Si el Gobierno logra suspender las PASO dañará gravemente las posibilidades de revertir el fraccionamiento.
Fragmentado o aglutinado, el peronismo no encuentra canciones nuevas. “Es que nunca comprenderás / a un pobre pibe” canta Axel, a coro con David Lebón y Pedro Aznar, que ensayan para el concierto de esta noche en el Movistar Arena porteño. ¿Debería Kicillof subirse a un escenario para competir con el “Panic show” presidencial? Otro ministro de Economía de Cristina lo hizo más de una vez con La mancha de Rolando. Y ardió la ciudad.
Quien tire la primera piedra
Las encuestas coinciden en marcar una caída progresiva de la imagen presidencial pero también reflejan a una mayoría que no quiere volver atrás. El Gobierno peca de mal timing al lanzar un proyecto que termina rotulado como “ley de extranjerización” cuando no termina de bajar la desazón por la “ola antiargentina” postmundial. Paralelamente, las piedras que volaron sobre el Congreso durante el tratamiento legislativo remitieron a las 14 toneladas de cascotes de 2017. Un recuerdo lapidario para las utopías retrospectivas.
Cuando León XIV llegue, encontrará un país que sigue discutiendo, varias décadas después de la última visita de Juan Pablo II, cómo conciliar libertad, crecimiento, equidad y convivencia.



