Su lógica es corroborada por los especialistas: existe una causa-efecto entre las emergencias sanitarias y el deterioro medioambiental en que se ve -desde hace décadas- envuelto el planeta.
“La relación es directa: nosotros planteamos que a mayor degradación medioambiental, mayor será el avance real de nuevas pandemias. Acá repercuten las actividades humanas en términos de calentamiento global, la pérdida de la biodiversidad y el uso del suelo y la hipermovilidad”, aseguró Bruno Giambelluca, técnico en Medioambiente, a la agencia de noticias Télam.
Además, hay científicos que advierten sobre un “efecto rebote” en las emisiones de dióxido de carbono. “Las enfermedades infecciosas se ven favorecidas por el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad. Esto determinará que, por ejemplo, algunos vectores (como los mosquitos) extiendan sus territorios y, por lo tanto, el área de transmisión de enfermedades”, agregó Giambelluca, miembro de las campañas de Greenpeace Argentina.
“No dejan de impresionarse ciertos discursos en los cuales se evita adjudicar las causas a cuestiones como la destrucción de la naturaleza, el deterioro de los cuerpos, la mercantilización de la salud y la ineficiencia institucional”, apuntó el biólogo Guillermo Folguera.
Desde su perspectiva, este investigador del Conicet vinculó a la pandemia con el cóctel que representa “la degradación ambiental que, a su vez, genera la migración de diferentes tipos de patógenos a nuestros cuerpos. Sumado a la situación de zonas con hacinamiento urbano y de bajas condiciones sanitarias”.
En un artículo reciente publicado en la revista “The Conversation”, los científicos franceses Rodolphe Gozlan y Sousshieta Jagadesh van más allá en la asociación. “A pesar de que más del 70% de los agentes infecciosos emergentes son zoonosis, la frecuencia de enfermedades asociadas tiende a aumentar con la pérdida de biodiversidad. El motivo es que la existencia de esa variedad de especies actúa como huésped y limita su transmisión”, detallaron los autores del artículo.
¿Y qué nos aguarda en el futuro? La ONG Greenpeace alertó sobre las consecuencias negativas de eventuales políticas de reactivación económica que incluyan “nuevas desregulaciones” y una flexibilización de los “estándares ambientales”. Destino que ya ocurrió luego de la crisis financiera de 2008.
Folguera, en tanto, planteó que la pandemia obliga a “repensar el vínculo entre territorio, salud y ambiente”, sin el cual “estaremos condenados a repetir escenarios y simplemente trabajar sobre las consecuencias”.







