Los hermanos Lorenzo y Bautista Daz no necesitan del kart para mantenerse en movimiento

Recorrer el circuito de El Timbó para entrenarse es lo que más les gusta en la vida, pero saben que son tiempos de modificar la rutina.

02 Abr 2020

Pese al aislamiento social preventivo obligatorio, el día a día de los hermanos Daz no se modificó mucho. Sí, la pandemia los tocó donde más les duele. Para ellos se mantiene la mayoría de las actividades: el entrenamiento físico, ir al colegio virtualmente, los juegos con su hermana, Rosario. Cambió un poco el tiempo en que ven a mamá Verónica y a papá Mario. “Sí, extraño”, coinciden Lorenzo y Bautista, ambos animadores de la Rotax Bonaerense, el campeonato de karting pistero que reúne todos los meses a los mejores pilotos del país.

Es escueta la respuesta de los chicos porque les duele: subirse al kart en el circuito de El Timbó para entrenarse es lo que más les gusta en la vida, después de competir. El presente pandémico los puso a muy temprana edad en una situación en la que no hay referencia, como en una pista de carrera, y mucho menos referentes, porque sus padres tampoco vivieron algo parecido.

Tanto Lorenzo, de 13 años, y Bautista, de 10, entienden lo que está pasando; un poco obligados por el covid-19. “Hace unos días mi papá nos dijo que había que ayudar a hacer los barbijos”, contó el mayor. La propuesta fue aceptada. Aunque tiempo a los chicos no les sobra, ya que mantienen varias actividades, igual les alcanza. Además dan una buena mano a su padre, que se dedica al rubro de la venta de elementos de ortopedia y traumatología. Pero también comercializa uno que otro accesorio vinculado a la práctica médica, por lo que los pedidos se multiplicaron desde distintos sectores y toda la familia se puso a disposición para realizar las tareas. Según los cálculos de Daz padre, de responder a una demanda de 300 barbijos anuales, en lo que va de la pandemia llevan fabricados 3.500. “Cuando los terminan de coser, con Lorenzo los doblamos y los acomodamos”, detalló “Bauti” la actividad que les toca en el proceso. “Los separamos, contamos que sean 25 y van a la bolsa”, completa Lorenzo.

Es precisamente él quien empieza a andar por la casa temprano por la mañana. “Me levanto, hago la tarea, almorzamos, hacemos un rato los barbijos, corremos un poco en la cinta y hacemos algo de pesas”, detalló el día a día del aislamiento al que también se suma algo de fútbol en el patio y de ping pong. “Bauti” le pone algo más a la agenda. “Pintamos un poco las maderas de Rosario. Lo que se me ocurra, pinto”, dijo el piloto subcampeón sudamericano de la divisional Micro Max. “Un auto de TC es lo que pinté. A esa categoría quiero llegar”, sostuvo con firmeza el hincha de Ford.

Las percepciones de los pilotos con respecto al freno obligado que tienen sus carreras deportivas son diferentes. “Nadie puede entrenarse en pista, así que en el manejo estamos todos iguales”, analizó el mayor. “Pienso que todo esto nos va a emparejar”, explicó Lorenzo. Los hermanos, a diferencia de la mayoría de los rivales, no entrenan con los karts con los que compiten porque el equipo que los asiste está en Buenos Aires. “Empecé el año más o menos, pero espero volver igual, con el mismo ritmo”, anheló el más chico que, junto a toda la familia, no les pone freno a las actividades.

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