Carlos Duguech
Columnista invitado
Homo homini lupus, desde el latín, cristalizaba una condena de la conducta humana. Cuando nuestro Juan Bautista Alberdi enfatizaba su crítica a la guerra como instrumento de dominación o cambio entre naciones, insistía (desde el título de su libro) en “El crimen de la guerra”. Todo crimen sintetiza la degradación de la víctima. El Hombre (con esa mayúscula que pretendía ennoblecer la especie humana) cae en precipicios de crueldad por los ominosos recursos de los que se vale contra el hombre. Sólo retrocedamos hasta las primeras décadas del Siglo XIX. En los años de la Primera Guerra Mundial, Alemania desarrolló un programa de guerra biológica. En Finlandia se llegó a utilizar ampollas de ántrax que se dejaban subrepticiamente en los establos rusos. Cuando se suscribió (1917) el Protocolo de Ginebra sobre la prohibición del uso en la guerra de gases tóxicos, asfixiantes o similares y de medios bacteriológicos no se tenía adecuada preparación para elaborar un sistema de prohibiciones como éste. En consecuencia se dejaba la puerta abierta para la producción, el almacenamiento y hasta la transferencia de tales armas. Sólo se prohibía el uso. Con las nuevas normas tales como la Convección sobre Armas Biológicas (1972) y la Convención sobre Amas Químicas (1992) fue superada esa omisión en el Protocolo de 1917.
Guerra bacteriológica
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el Ejército Imperial Japonés llevó adelante experimentos con prisioneros rusos, chinos y estadounidenses, además de utilizar en campañas militares armas biológicas en prisioneros militares y civiles chinos. En territorio japonés casi 400.000 chinos fueron víctimas fatales de estos métodos de guerra y de exterminio. Una famosa estructura militar japonesa llamada Unidad 731 se caracterizó por actuar disimuladamente en la elaboración de armas biológicas. En una muy cruenta batalla entre japoneses y chinos en Changde (1941) operadores de la Unidad 731 arrojaron desde el aire ¡pulgas contaminadas con peste bubónica! Una “tecnología” original, perversa, increíblemente “humana”.
Como una manera de arrimarse al potencial japonés de armas biológicas, EEUU, Gran Bretaña y Canadá encararon el desarrollo de armas biológicas en 194-Para infectar con tularemia, brucelosis, ántrax y otras. En la guerra de Corea EEUU utilizó armas biológicas (con brucelosis) y esparcidas con las bombas racimo.
Los experimentos y la acumulación de trabajos de campo de lo que se denominada Unidad 731 en Japón, luego de ser derrotado en la IIGM, se repartieron entre los aliados. También algunos investigadores y técnicos fueron absorbidos para trabajos de desarrollo de armas biológicas.
Noam Chomsky y el coronavirus
Desde hace unas horas se difunde por diversos medios, muchos en verdad, a los que se puede acceder, opiniones realmente tremendas del prestigioso intelectual estadounidense Noam Chomsky, radicado ahora en Arizona. Habla de la naturaleza del corona virus, los estragos que viene produciendo y lo que más sobresalta es su análisis sobre el origen de la pandemia: virus elaborado en EEUU. Y desparramados en Wuhan (China) en 2019. Los detalles pueden leerse accediendo a casi cualquier medio de prensa internacional. Es de tanta gravedad su análisis que bien podría ser motivo de sanción penal por el gobierno de los EEUU. No es extraño, al menos para este columnista, que Trump se esfuerce en explicitar que el virus es “extranjero”· ¿Era necesario decirlo? Donald Trump sabrá bien por qué.
Sería bueno para la Humanidad toda que Chomsky esté equivocado. Mal informado.
Y sería importantísimo para la Humanidad saber que Chomsky estuviera en lo cierto. Les veríamos el rostro, finalmente, de los que pretenden ejercer el gobierno mundial total y absoluto desde el miedo, desde la amenaza, desde la guerra. La biológica, la química o la nuclear.







