Diputadas tucumanas unidas por el feminismo

Lidia Ascárate, Mabel Carrizo, Gladys Medina y Beatriz Ávila pertenecen a distintos espacios pero coinciden en la lucha por una sociedad igualitaria.

08 Mar 2020
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TRANSVERSAL. Ascárate, Carrizo, Medina y Ávila reconocieron que la lucha contra el machismo y por la igualdad une a todas las mujeres. LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIO

Gladys caminaba por la calle y un tipo que andaba en bicicleta la manoseó. Ella volvió corriendo a su casa, llorando. No le pudo decir a sus padres y por años no usó pollera, como si hubiera tenido alguna culpa. Sentía vergüenza.

Lidia estaba en una clase de la facultad y el docente dijo a viva voz: “no sé qué hacen las mujeres sentadas acá, tienen que estar en la casa, cuidando a los hijos”. Quedó espantada.

Mabel militaba y tenía que hacerle frente a sus propios compañeros de espacio político que decían que ella era simplemente “la mujer de, la compañera de”, cuando compartía la misma experiencia de militancia que los demás. Entre los varones jamás se cuestionaba la trayectoria.

Beatriz tenía terror cuando iba al colegio por una obra en construcción donde había albañiles que le gritaban de todo. En el colectivo también tenía miedo y se fijaba que ningún varón la apoye. Se alejaba de quienes la miraban con esa intención. Una tarde salía de estudiar, anochecía, un hombre que estaba con un piloto abrió su ropa: estaba desnudo. Ella salió corriendo, despavorida, llorando.

Esos relatos de violencia machista, desde verbal hasta casos de acoso y abuso sexual, le ocurren a la mayoría de las mujeres. Éstas historias padecieron Gladys Medina (PJ-Frente de Todos), Lidia Ascárate (UCR-Juntos por el Cambio), Mabel Carrizo (PJ-Frente de Todos) y Beatriz Ávila (PJS-Unidad Federal para el Desarrollo), las cuatro diputadas tucumanas. LA GACETA las reunió para entrevistarlas juntas en conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Se les consultó qué opinaban sobre los desafíos de las mujeres en la política y sobre las deudas que tiene la provincia. Todas se escucharon con atención, cruzaron ideas, se reconocieron valores. Coincidieron en la necesidad de que haya educación sexual integral y que la provincia adhiera a la ley Micaela, que brinda capacitaciones sobre violencia y perspectiva de género en todos los poderes del Estado.


¿Qué situaciones de violencia sufrieron en su militancia o en otros ámbitos?

“Todas hemos sufrido algún tipo de violencia, no hay mujer que transite esta vida sin haber padecido alguna situación, en los distintos niveles de violencia machista”, comentó Carrizo. “Me tocó en mi espacio de militancia, en la pelea con mis propios compañeros que me subestimaban porque soy mujer. Todo esto te lleva a plantarte y a sentar postura. Me tuve que plantar en una mesa en mi organización para poder después sacarles la careta a los que te subestimaban o pensaban que estaba ahí porque era ‘la compañera de’. Con el paso de los años esto cambió, fruto también del movimiento feminista”, agregó.

“He tenido suerte porque en la universidad, donde me he desempeñado, cuando ingresé en la cátedra que conduzco -primero como ayudante estudiantil y luego como jefa de trabajos prácticos, adjunta, asociada, titular- fue por concurso y creo que teníamos la misma oportunidad, se evaluaba el conocimiento. Sí me acuerdo cuando era alumna y había escuchado al profesor en plena clase decirnos ‘no sé qué hacen acá las mujeres, tienen que estar en la casa cuidando los hijos’. Me recibí de contadora. Cuando fui docente, integrando un tribunal examinador, uno de los miembros le dijo a una mujer que estaba siendo evaluada ‘no seas tan mujer, pensá antes de hablar’. Tomé la conducción de la persona que había sido agredida por ser mujer, como burla, y la ayudé a que supere esa situación. Sabía mucho y aprobó”, recordó Ascárate. “Desde ahí hasta acá hay toda una historia. Nos queda tiempo para seguir empujando así las mujeres sí puedan estudiar o conseguir trabajo, aunque carguen con tareas domésticas. Debemos acompañarlas”, continuó.

A Medina el episodio de su infancia, cuando un hombre la manoseó en la calle, la afectó. “Volví a mi casa después de eso y me sentí mal, sucia. No quería que nadie sepa ni sufra lo que yo. Me lo guardé y tuve vergüenza. De eso no se hablaba en la casa, estaba prohibido. Fue muy feo, no usé pollera sino hasta que fui adulta. Siempre sentí también esa sensación cuando hay hombres y te miran, te sentís mal. Cuando salió la ley contra el acoso callejero la apoyé en todo el proceso. Es horrible pasar por estas cosas. Le enseñé a mi hijo que nunca hiciera eso”, contó la bandeña. “En la política siempre se escucha a gente diciendo que porque una es mujer no es capaz. No debemos permitir que eso nos afecte, siempre tenemos que sentirnos capaces”, afirmó sosteniendo la mirada.

“Uff, me acuerdo de un montón de cosas”, empezó su relato Ávila. “Cuando una vez me hicieron un test laboral me preguntaban con un nivel de rigurosidad sobre mi vida sexual, mi último periodo, en qué situación estaba... Pensaba qué tiene que ver esto con lo que voy a hacer cuando trabaje. ¿A los hombres le dirán lo mismo? En ese momento, que fue espantoso, no sabía por qué era, pero me sentía mal. Me pasó tener miedo cuando iba al colegio, en los colectivos, caminar por la calle. Las jóvenes de hoy tienen otras herramientas frente al acoso, saben qué hacer, a dónde ir y hasta se animan a filmarlos con el celular”, contó la diputada. En la faceta política, recordó cuando era legisladora provincial: “se estaba tratando la ley antitabaco en Tucumán, la 7.575, muchos de mis pares que fumaban me decían ‘dedicate a otra cosa, anda a la cocina, ponete con otro tema. Por qué te tenes que meter con esto’. El tabaco mata, al que fuma, al que está a la vuelta. Y yo era presidenta de la comisión de Salud. Me costó mucho, muchísimo romper con eso, que dejen de subestimarme. Tuve después la satisfacción de se aprobó esa ley”.

“No tengo dudas de que las mujeres de mi generación tienen más derechos que nuestras madres y abuelas, y tampoco dudo que nuestras hijas y nietas tendrán más derechos que nosotros”, dijo Ávila en el cierre. Medina, Ascárate y Carrizo asintieron.

Todas coincidieron que el feminismo es la vía para lograr una ciudad más igualitaria.

Cinco preguntas

1) ¿Qué significa hoy ser mujer en la política?

2) ¿Notan algún cambio desde que comenzaron a militar? ¿Hay menos machismo?

3) ¿Cómo analizan el movimiento feminista durante los últimos años?

4) ¿Qué deudas tiene la provincia con las mujeres?

5) ¿Qué le diría a las mujeres jóvenes que comienzan a militar?


Lidia Ascárate

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Es un desafío permanente. Tomaré las palabras de Florentina Gómez Miranda, una legisladora radical de los 80, que dijo puntualmente que cuando una mujer entra en la política la mujer cambia. Pero cuando muchas mujeres entramos en la política, es la política la que cambia. Eso es lo que tenemos que lograr.


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Hubo cambios, el machismo es una herencia de nuestra historia autoritaria, un problema cultural y cuesta erradicarlo. Se ha avanzado con el protocolo de violencia de genero en distintos ámbitos, los bancos rojos en las plazas para recordar a las mujeres asesinadas en femicidios. Todo proceso cultural va a llevar un tiempo, ese tiempo lo debemos dar.


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El movimiento feminista ha recolectado muchos frutos, falta mucho aun, pero sí podemos decir que al fin vemos liderazgos con mujeres, hay presidentas, rectoras, gobernadoras, intendentes, concejales, legisladoras. Pero todavía en la provincia, por la ley de cupo y normas electorales, sobre 184 concejales, tenemos

sólo 49 mujeres. Eso no está bien. Llega a un 26%, ni siquiera al 30%. Nos está faltando representación parlamentaria y debemos lograrlo modificando las reglas de juego.


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Creo que la provincia nos debe la ley Micaela, nos debe protocolos de violencia de género y nos debe la aplicación efectiva de la educación sexual integral en todos los niveles. Los niñas y niños tienen que estar informados.


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Soy una defensora ferviente de los ideales, y diría -para todos los jóvenes- que persigan las utopías. No existe sociedad sin

sueños que se terminan transformando en realidad. Voy aprendiendo de mis hijos, de mis nietos, y voy dejando viejos mandatos y esquemas y comprendo que se debían dejar.


Mabel Carrizo

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Es un desafío constante, debemos promover políticas con perspectiva de género en la búsqueda de una sociedad más igualitaria. Estamos en una sociedad donde el patriarcado nos ha pasado por encima, tenemos que luchar contra todas estas barreras.


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Creo que el colectivo feminista plantó bandera visibilizando todo tipo de violencia, desde el acoso callejero hasta la violencia verbal que sufre cualquier mujer en el transitar. Una mujer no se va de la vida sin haber pasado por una situación de acoso. El machismo está presente para todas. La que rompió, para mí, estas barreras fue cuando Cristina fue presidenta.


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El movimiento feminista creció significativamente en los últimos años desde que empezamos a pedir por “Ni una Menos” cansadas de despertar todos los días con la noticia de que mataron a una mujer, hasta el paro de mujeres que hoy adherimos en honor a nuestra lucha. El feminismo es democracia, no solo exige cada vez más derechos sino que a su vez ayuda a muchas que sufren distintos tipos de violencia puedan denunciar. El movimiento incluye también a las compañeras travesti-trans que luchan por el cupo laboral.


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Es fundamental la adhesión de la ley Micaela. Una deuda gravísima es la efectiva aplicación de la educación sexual integral, porque ahí es donde visibilizamos los abusos desde la niñez. De otra manera queda invisibilizada, naturalizada. Nosotras como mujeres en lugares institucionales debemos exigir la adhesión a leyes nacionales.


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Les diría que salgan a luchar por todas, que se involucren en cualquier tema. El mensaje para las nuevas generaciones, para mis hijos varones y mujeres: salgan y luchen por lo que consideran que vale la pena.


Gladys Medina

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Tenemos un gran desafío de seguir luchando junto a todas las compañeras, dirigentes y un movimiento. Hemos avanzado pero nos queda un largo camino por recorrer, por nuestras hijas, nietas y otras mujeres para recuperar los derechos: pedimos igualdad.


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Sí, lo veníamos hablando todas. Con respecto al porcentaje de mujeres concejales en la provincia y como veíamos la comparación. Hoy tenemos mayor representación en las bancas. Se ha visto un cambio, aunque hay muchas cosas pendientes, queremos simplemente igualdad, una sociedad sin distingos. Las mujeres por siglos han estado relegadas de derechos, de la historia, de lugares de poder y las mujeres dijeron basta: queremos igualdad. Queda un camino larguísimo, pero lo estamos caminando.


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El movimiento feminista ha venido desarrollándose, ha crecido en el país en masividad en los últimos años. Muchas mujeres se han movilizado porque cada vez que muere por femicidio una de nosotras todas nos defendemos. No nos podemos permitir divisiones. Es un movimiento heterogéneo, con muchas ideas, ideales, posturas.


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Las mujeres necesitan mas apertura en cargos de conducción, de autoridades, secretarías, gerencias... por ejemplo, no entiendo por qué no hay mujeres al frente de Secretarías o Direcciones de Tránsito en los municipios. Como si no hubiera mujeres capacitadas para el cargo.


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Las invitamos a las mujeres a que se sumen, que trabajemos juntas por el bien común, la sociedad lo necesita. Y soy peronista, el movimiento es amplio, las invitamos pero pueden sumarse a cualquier espacio. Como decía Beatriz, también estamos aprendiendo día a día.


Beatriz Ávila

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Representamos a un poquito más que la mitad de la población de la provincia, como mujeres, y ocupar una banca cuando tenés en cuenta que hace 70 años la mujer no podía votar ni participar en la política... le debemos esto a muchas mujeres. Quedan muchos desafíos, muchas brechas para seguir luchando por la igualdad entre géneros.


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Fue cambiando con el correr de los años. No sólo en la política, también en la educación, la justicia, colegios profesionales, sindicatos... trabajé como periodista en LA GACETA y en una época la sección política no tenia mujeres. Este cambio ha ocurrido en todos los ámbitos porque tiene que ver con una cuestión cultural, histórica. El quiebre lo veo con el movimiento feminista, con siglos de trabajo, pero noto un punto de inflexión en el Ni una menos en 2015, que no surgió de la política sino de periodistas.


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Estamos viviendo un momento histórico, el feminismo no es nuevo, tiene impacto en todos los continentes. Ha logrado visibilizar lo que nos estaba pasando a las mujeres después de siglos de lucha por igualdad de oportunidades.


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Tenemos que desterrar una barrera cultural machista. Hay que modificar la ley electoral para emular a la Nación con el cupo de paridad. Hay que avanzar en todos los ámbitos, hay sólo dos ministras en el gabinete de Manzur. No estamos adheridos a la ley Micaela ni a la ley de Salud Sexual y Procreación Responsable.


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Que las jóvenes continúen con esa fuerza, esa visión crítica. Humildemente, soy yo la que aprende con la juventud. Con mis hijas adolescentes he aprendido a hablar de cosas que siempre fueron tabú. Empecé a usar dos palabras, sororidad y empoderarse.

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