Inundaciones: “es más problemática la planificación de soluciones que su financiamiento”

Las condiciones naturales a veces favorecen el anegamiento, pero se pueden modificar. Política de Estado con mirada ambiental.

19 Ene 2020 Por Claudia Nicolini

No; no estamos condenados s inundarnos. Sí; con matices, todos somos responsables de las inundaciones. No; no es caro solucionar el problema; especialmente si esa solución se plantea como plan maestro de manejo de recursos hídricos, puede conseguirse financiamiento no reembolsable. Y si el plan maestro se hace con seriedad, además, nuestra gran riqueza de recursos hídricos se aprovecharía mucho mejor.

Estas son algunas pinceladas del cuadro tucumano que con voz pausada y serena, y con un profundo conocimiento del tema, pintó para LA GACETA Eduardo Martel, ingeniero civil, vicedecano Facultad de Ciencias Exactas de la UNT y coordinador técnico de la Comisión Especial de Emergencia Hídrica (CEEH), que en septiembre presentó cuatro voluminosos informes sobre el manejo del recurso agua, y la recomendación de que se avance en la concreción de un Plan Hídrico Estratégico.

- ¿Por qué se inunda Tucumán?

- Hay condiciones naturales que generan la tendencia a la inundación, a menos que se intervenga. La Madrid, por ejemplo, está en una especie de hondonada y cerca del piedemonte. El agua de los ríos Marapa y San Francisco viene desde la montaña con cierta velocidad, y La Madrid es como un embudo. Pero además, la pendiente cambia rápido (se hace casi plana) y la velocidad de escurrimiento del agua disminuye de golpe... y se acumula en La Madrid. Esa es la condición natural.

Pero la condición se agrava, por ejemplo, con el manejo desordenado del uso del suelo. Sólo un dato: las malas prácticas de cultivo en la parte superior de la cuenca (que es territorio Catamarqueño) desnudan tierras más erosionables, que son arrastradas por el agua y provocan acumulación de sedimentos en el cauce del río. Estos disminuyen tanto la profundidad como el ancho, y provocan los desbordes. Y no es el único problema.

- ¿Todas las inundaciones de tienen las mismas causas?

- Con sus matices, sí, y hay dos grandes factores. Uno es el cambio climático, que adelantó la época de lluvias y las hizo más intensas. Hasta hace unos años las inundaciones se esperaban para marzo, cuando el piso ya estaba saturado. Y el dique de Escaba estaba preparado para recibir agua en esa época. Mientras tanto, se usaba la del embalse... Pero con el cambio, el dique se llena antes... y ya hubo que abrir las compuertas en 2015 para evitar males mayores...

- El otro factor es...

- La falta de planificación, que es competencia humana, y que permite una elevada alteración de casi el 100% de las cuencas tucumanas. El cambio climático no podemos modificarlo, pero es urgente tomar medidas para paliar sus efectos. Una cosa buena que se hizo fue controlar la deforestación; en Tucumán es mínima. Pero sólo hace 10 años de eso; la situación crítica que se vive depende de lo sucedido antes. Y es cierto que la deforestación disminuyó, pero no se trabajan a fondo la definición de qué usos se les pueden dar a los suelos en cuáles zonas. Volvamos al ejemplo: cerca de La Madrid, en zona calificada como verde (o sea de uso irrestricto) hay sectores de bañados... terrenos semipantanosos con vegetación donde el agua del río se dispersa y frena su velocidad. Pero alguien (y nadie “se dio cuenta”) hizo un canal de ¡10 kilómetros! para desaguar los bañados, y el agua canalizada sale a toda velocidad, rumbo a La Madrid...

- ¿De quién es la responsabilidad cuando hay inundaciones?

- Un poco de todos. De los ciudadanos en primer lugar. Por ejemplo, si no tiráramos basura donde no se debe, esta no llegaría a ríos y canales; no disminuiría su capacidad de transportar agua y sería menos fácil que desbordaran. Pero también está la falta de control de uso del suelo en la construcción: barrios cerrados y countries producen una gran afectación: deforestan e impermeabilizan el terreno, que pierde capacidad de absorber agua. Está reglamentado que se deben conservar los valores de escurrimiento previos a la construcción, pero... Y eso también sería deseable para los terrenos productivos...

CAPITAL. Una de tantas calles anegadas tras el diluvio de hace tres días. la gaceta / foto de franco vera

- ¿Qué pasa en ese ámbito?

Por un lado, inciden las “pequeñas obritas” de los productores rurales chicos para riego y desagüe (por ejemplo, usan para desagüe los canales de riego, que no están previstos para ello). Nadie controla estas acciones irregulares, que se multiplican en los campos. Y están los grandes productores que, “tranqueras adentro”, avanzan todo lo que pueden para ganar terreno productivo y hacen sus propias obras de infraestructura sin cumplir las normas. La cuestión parecer ser sacarse el agua de encima tirándosela a sus vecinos.

- ¿Por qué es eso posible?

- Porque también hay responsabilidad del Estado. Por un lado, fallan los controles; por otro, no son claras las reglamentaciones para obtener el apto del cultivos, por ejemplo. Lo que vivimos es efecto de décadas de falta de planificación. El manejo de los recursos hídricos debe ser tomado como política de Estado, y es un error suponer que el problema es el presupuesto. Por de pronto, ya sabemos que los costos hundidos de la inundación de 2017 La Madrid fueron altísimos (más de 600 millones de pesos). Y sólo para paliar la situación, porque recuperarse, nada se recupera. Es mucho más problemática la planificación que el financiamiento, pero la política parece estar preocupada por otras cosas...

- ¿Cómo se soluciona?

- Si las políticas ponen el foco en los aspectos ambientales, el resultado natural es la regulación eficiente de los recursos hídricos. Y si desde esa base se logra llamar la atención de Naciones Unidas y de organismos de crédito internacionales, enmarcando la problemática tucumana en los procesos de sequía-inundación, bajo el paraguas del cambio climático, se puede conseguir financiación no reintegrable; de hecho, ya hay algún proyecto parcial presentado en el Banco Interamericano de Desarrollo. Para lograr el financiamiento hay que demostrar capacidad de elaboración de proyectos (que Tucumán tiene y mucha) y un plan maestro para el manejo y la gestión de los recursos hídricos de toda la provincia, no obras sueltas.

EDUARDO MARTEL. “El manejo de los recursos hídricos debe ser tomado como política de Estado”, afirma.

Mirada global

“Hoy la gestión del agua está en manos de dos ministerios -agrega Martel-; la Dirección Provincial del Agua depende del de Economía (al que le preocupan que las cuentas cierren) y la de Recursos Hídricos, del de Producción. No hay un Ministerio de Obras y Servicios Públicos. Eso dice mucho (Ver: “Dos grandes áreas”).

Si el punto de vista y el hilo conductor de las políticas fueran ambientales, se tendrían en cuenta otras variables que son claves, como la salud (y no sólo la física; mucho sufrimiento emocional causan las inundaciones), y lo social y comunitario. Pero, además, dejarían de degradarse las cuencas... se lograría un círculo virtuoso y podría revertirse esta situación (y no sólo poner parches). Una gestión ambiental y eficiente del recurso significaría menos perjuicios y más productividad (porque con el sistema actual, la productividad “intensiva” y no respetuosa del ámbito, es sólo temporaria).

- ¿Y cuál es la realidad?

- Una gran dispersión: de normas, de proyectos aislados, de organismos, de gestión de obras... Es un problema que requiere soluciones interdisciplinarias, interjurisdiccionales (las cuencas no saben de límites provinciales) e insterinsitucionales. En 2018, con la CEEH, logramos, después de dos años de trabajo conjunto no oficial, un convenio marco con Catamarca para abordar el problema de la cuenca Marapa-San Francisco en forma conjunta. Era el primer paso, pero el convenio sigue sin firmar. Es importante y urgente que las altas esferas políticas tomen conciencia... y tomen medias.

- ¿Qué se puede hacer ya?

- Pequeñas cosas , como cerrar el canal de los bañados cercanos a La Madrid, y controlar las canalizaciones irregulares recuperar la sección de escurrimiento de ríos y canales. Pero también hacen falta obras grandes de infraestructura. En ese sentido, el Gran San Miguel de Tucumán es el caso más crítico, porque el grado de alteración del terreno es altísimo. El canal Norte y el canal Sur no dan abasto; ni siquiera mantenidos en condiciones.

LA MADRID. Abril de 2004: la gente vuelve a casa. Historia repetida la gaceta / foto de osvaldo ripoll (archivo)

PERFIL

José Eduardo Martel

Es ingeniero civil, egresado de la UNT, y magíster en Ingeniería Estructural. Sus especialidades son la estabilidad y la resistencia de los materiales, y el análisis computacional de las estructuras. Es profesor adjunto y vice decano en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNT.

Dos grandes áreas

Son necesarias acciones estructurales y no estructurales

“Hacen falta grandes obras, sin duda; obras en las que deben intervenir geólogos, ingenieros, técnicos... Hace falta  mantener las presas (evitar que se colmaten); limpiar los canales y las alcantarillas que hay, y construir nuevos; diseñar adecuadamente puentes y rutas para que no generen ‘efecto dique’- advirtió el ingeniero Martel-. Pero también se requieren acciones no estructurales: lograr un sistema normativo integral y coordinado, y revertir la gran dispersión de los organismos del Estado”.

Algunos costos

Se sabe cuánta plata hace falta para proteger La Madrid y sus alrededores

Entre los informes técnicos que la Comisión de emergencia Hídrica presentó el año pasado, está el del estudio de costos para solucionar la condición de inundabilidad de la zona sur de la provincia, que perdió el 40 % de sus bosques. El trabajo de los técnicos mostró (en noviembre del año pasado)  que con  12,5 millones  de dólares se puede encauzar el San Francisco y construir un sistema de defensa para La Madrid y otras zonas, como La Invernada, que sufren el hecho de estar en terrenos deprimidos.

Los cursos de agua

Hay que respetar el espacio público de las riberas de los ríos y los canales

“Así como junto a los caminos están las banquinas y otro espacio mucho mayor (hasta donde pueden llegar los alambrados), espacio cubierto de vegetación autóctona que fija el terreno, junto a los cursos de agua deben respetarse, con idéntica vegetación, los espacios de ribera”, advierte Martel. Esos espacios que ayudan a amortiguar eventuales desbordes y a absorber agua. Si están erosionados no se cumple la función. “Y ni hablar de los asentamientos informales junto a los canales. Eso es como jugar a la ruleta rusa”, añade.

Comentarios